Viernes, 31 de octubre de 2014

| 1990/03/26 00:00

COSECHA DE ODIO

Una película sobre el apartheid marca el regreso a las pantallas de Marlon Brando.

COSECHA DE ODIO


Los personajes, acontecimientos, lugares y circunstancias contenidos en esta película son verídicos. A diferencia de lo que se advierte al final de todas las películas, en esta cualquier parecido con la realidad no es una coincidencia. La reciente liberación de Nelson Mandela convierte esta historia en un testimonio estremecedor que tiene como escenario una auténtica caldera del infierno, Soweto, donde una calurosa mañana de verano de 1976 un grupo de estudiantes se enfrenta a las tropas blancas para protestar contra el sistema educativo sudafricano. En medio de las nubes de gas y las balas, un muchacho llamado Jonatahan muere después de presenciar el asesinato de una niña y ser arrestado por la policía.

Jonatahan es hijo de un jardinero, Gordon, quien trabaja en la casa de una familia blanca, compuesta por un maestro, Ben du Toit, su mujer y sus dos hijos. Los blancos en esta casa tratan bien a lo negros pero ignoran o pretenden ignorar todo cuanto está ocurriendo en las barriadas negras.

Ben du Toit (interpretado por Donald Shuterland) es sensible, ha inculcado a sus hijos la tolerancia hacia los negros, enseña a sus alumnos la historia sudafricana con un asoma de dignidad y por eso queda desconcertado cuando el jardinero, quien no quería contárselo para no perturbar su tranquilidad, le informa sobre el arresto y desaparición del muchacho. A partir de ese momento la vida de esta familia blanca se transforma y el paraiso en que transcurrían sus días plácidos se amarga porque cada vez se verá más involucrada en una serie de motines, torturas, manifestaciones, cacerías humanas y delaciones mientras el maestro, al recorrer Soweto y otras zonas donde los negros se hacinan, descubre con horror que estuvo ciego durante todos los años anteriores.

La responsable de esta película valiente que ha sido aplaudida en numerosos festivales y encuentros es una joven nacida en Jamaica, agresiva y hermosa, llamada Euzhan Palcy.

Convenció a la Metro para que le financiara un proyecto que resultó ser una película con pocos recursos, pero con una dosis de rabia, desesperación y rebeldía que la han convertido en el simbolo de la situación de ese país, especialmente en las actuales circunstancias. Durante tres meses, Palcy estuvo en Sudáfrica entrevistando testigos de las matanzas, recorriendo los escenarios descritos en la novela "Una árida estación blanca", escrita por André Brink y la cual le sirve de núcleo temático, y descubrió que debía convertir a los negros en protagonistas de su historia.

Entonces, con todo ese material recogido y con un primer borrador de guión, buscó a quien es considerado el actor más grande que ha dado el cine, Marlon Brando. Le contó de su proyecto y le ofreció un papel muy breve pero significativo, el de un abogado blanco que trabaja en Johannesburgo, enfrentado al gobierno de minoría blanca, Ian Mckenzie. Será este abogado quien represente al jardinero y su hijo, por petición del maestro, en un tribunal público. Será este rebelde quien se atreva a denunciar los horrores cometidos contra las manifestaciones estudiantiles y la aplicación de toda clase de torturas en las instalaciones del ominoso cuartel de policía. Los resultados de ese juicio forman parte de la leyenda política y periodística de Sudáfrica.

Brando se entusiasmó con la idea y aceptó un papel, el más breve de su fecunda carrera y que ponia fin a ocho años de inactividad. Cobró el sueldo mínimo exigido por los sindicatos de actores, 8 mil dólares, y su sola aparición en la película, si esta no tuviera otros méritos, justifica su notoriedad. Brando llena la pantalla con su corpulencia, con su sonrisa tierna y cínica, con su ropa holgada, con su pelo blanco y las palabras que masculla ante un jefe de policía cada vez más acorralado.

El universo tranquilo y amable del maestro blanco queda desmoronado, las calles de Soweto llenas de heridos y muertos, los cuarteles inundados de sangre y lágrimas y el fantasma de Mandela revolotea en el escenario.-

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