Título original: The Hobbit: The Desolation of Smaug
País: Estados Unidos
Año: 2013
Director: Peter Jackson
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, Guillermo del Toro, basados en la novela de J.R. Tolkien
Actores: Ian McKellen, Martin Freeman, Richard Armitage
Duración: 161 minutos
En 1995, mucho antes de ser director de películas taquilleras, repletas de persecuciones y efectos especiales, Peter Jackson rodó Forgotten Silver, un falso documental sobre Colin McKenzie, un pionero olvidado del cine mudo en Nueva Zelanda. Uno de los proyectos de McKenzie, contaba el documental, era una epopeya sobre Salomé de más de cuatro horas, “con miles de figurantes, un monumento espectacular”.
La historia del precursor inexistente del cine neozelandés me vino a la mente viendo esta, la segunda parte de la trilogía que Jackson adaptó a partir de El hobbit –un libro de apenas 300 páginas que ha pasado a la pantalla sin dejar detalle por fuera para poder extenderse a tres películas de más de dos horas cada una– porque tiene los miles de figurantes con los que soñaba McKenzie y es, a su manera, un monumento espectacular.
La diferencia es que nadie encontrará restos de estos escenarios espectaculares a medio devorar por la selva, porque a las creaciones por computador les queda imposible tener esa vida posterior.
Este episodio sigue los hilos narrativos que comenzaron en el primero y que seguirán en el tercero. De un lado está Bilbo Bolson, el hobbit del título, reclutado por su talento para robar por el mago Gandalf. También está un grupo de enanos que deben ir a la montaña de sus ancestros, de la que se apropió un dragón, para recuperar su tesoro y su patria.
Es, en cierto sentido, una película de carretera. No hay autos ni un disfrute del paisaje pero sí muchos enemigos que obligan a este grupo de seres pequeños y barbudos a correr cada 20 minutos, en secuencias dinámicas y movidas. Es un tour apurado por varios reinos de esta tierra que se imaginó J.R.R Tolkien con un guía que parece sentir cariño tanto por esos paisajes de bosques y montañas como por los enredos levemente medievales de tribus con amistades y enemistades heredadas.
En su camino, nos hace un recorrido por la tierra de los elfos, por una ciudad de humanos y por la montaña ancestral de los enanos donde reside el dragón Smaug del título.
Es un recorrido veloz y entretenido que termina en punta, dejando todo en suspenso para la última entrega que llegará a finales del próximo año. Así, todas las historias quedan interrumpidas: la lucha de los enanos, la seducción del anillo para Bilbo, el enfrentamiento entre Gandalf y una fuerza oscura o el romance entre especies.
