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| 12/21/2013 1:00:00 AM

Novela judicial

El penalista alemán Ferdinand von Schirach, reconocido autor de ‘Crímenes’ y ‘Culpa’, publica su primera novela: ‘El caso Collini’. Es una aguda reflexión sobre las leyes y la justicia privada.

El caso Collini

Ferdinand von Schirach
Salamandra, 2013
159 páginas

Confieso que tenía cierto miedo de leer este libro. Miedo a decepcionarme, por supuesto: Ferdinand von Schirach es el autor de Crímenes y de Culpa, dos grandes libros nacidos de su ejercicio profesional como abogado penalista en Alemania. Por lo tanto, obras de no ficción o, mejor, literatura de no ficción porque con ellas demostró tener un talento extraordinario para escribir. Eficaz, sintético y con una visión profunda sobre la condición humana. Entonces, ¿para qué cambiar de género?

El caso Collini viene anunciada por sus editores como “la primera novela de Ferdinand von Schirach”. La novela, por supuesto, tiene más lectores, más ventas, que las historias cortas y eso eran sus trabajos anteriores. Y los editores, ahora, quieren graduar de novelista a los periodistas, a los cuentistas, a los poetas, a los ensayistas: a cualquiera que escriba y haya tenido un relativo éxito.

“¿No tiene por ahí una novela?”, preguntan. ¿Se habría dejado seducir el admirado Von Schirach con los cantos de sirena de un editor? Doy un parte de tranquilidad a sus lectores: El caso Collini es una muy buen novela, el autor de Crímenes y de Culpa no nos decepciona al cambiar de género.

Novela negra, con un arranque poderoso: Fabrizio Collini, de origen italiano, operario jubilado de la Mercedes-Benz asesina brutalmente al señor Meyer, un importante empresario. Un hombre sesentón, tranquilo y pacífico, sin antecedentes, asesina a otro de 90 años, sin aparente justificación. Él mismo da aviso a la Policía y se entrega; reconoce su crimen, no quiere que lo defiendan. No está satisfecho ni arrepentido: con ese acto simplemente ha hecho algo que tenía que hacer. 

Es lo que supone Caspar Leinen, el joven abogado de oficio, luego de visitar a Collini en su celda: este tampoco quiere hablar con su defensor. Un caso perdido y sin ninguna colaboración del acusado: Leinen quisiera abandonarlo, más aún cuando se entera de que la persona asesinada era el abuelo de su amigo de infancia, el viejo amable con el cual jugaba ajedrez y conversaba.

No he contado nada que no esté en las primeras páginas de la novela. El planteamiento es atractivo e invita a continuar la lectura. Sabemos de entrada quién es el asesino pero el móvil del crimen no aparece por ninguna parte. Y el encargado de develarlo tiene un dilema ético y existencial: el reto profesional versus la lealtad a la hermana de su amigo. También lo inquieta el temor a enlodar sus recuerdos más felices. Hay puertas que no deben abrirse.

En una buena novela negra, la trama es importante, pero no lo es todo. Disfrutamos igualmente de los personajes, los detalles y los diálogos reveladores: “–Hans Meyer era un hombre de lo más decente. No sé por qué nadie querría matarlo. –Con que un hombre decente. –Mattinger desvió la mirada–. De esos no hay muchos. Tengo 64 años y en toda mi vida solo he reconocido a dos hombres decentes: uno murió hace diez años y el otro es monje en un monasterio francés. Créame, Leinen, las personas no son blancas o negras… Son grises. –Suena a cita de calendario. Mattinger se echó a reír. –Cuando uno se hace mayor, la citas de calendario son cada vez más ciertas”.

He hablado de novela negra pero quizá Ferdinand von Schirach nos propone algo distinto, una novela judicial. Por más que invente, se ve que ha vivido y conoce demasiado ese mundo de cárceles, asesinos, abogados, jueces y fiscales. Parece tener una pequeña ventaja de información sobre otros escritores de literatura policial: “Todo el que entra por primera vez en una sala de autopsias se topa con su propia muerte. El hombre moderno ya no ve cadáveres, estos han desaparecido por completo del mundo normal”. 

Y no solo se trata del ámbito jurídico, él ha encontrado una estructura narrativa en el proceso judicial: el fiscal cuenta una narración sobre la cual el abogado defensor debe encontrar fisuras, inconsistencias, para oponerle otra narración, acaso más verdadera y más conmovedora –por los detalles personales–: la del criminal.
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