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| 2/25/1985 12:00:00 AM

CRITICO CON AURA

Juan Gustavo Cobo, realiza una implacable disección crítica de Garcia Márquez .

"Todos los poetas son santos e irán al cielo" (Poesía) Juan Gustavo Cobo-Borda. Editorial El Imaginero. 76 páginas. Buenos Aires 1984.
"Usos de la imaginación" J.G: Cobo-Borda. J.M. De Ruschi Crespo. Ricardo H. Herrera. (Ensayos) Editorial El Imaginero. 173 págs. Buenos Aires 1984.
Desde sus años de joven poeta, que aglutinó y dio nombre a una generación de poetas colombianos --la generación sin nombre--y luego de convertirse en el enfant terrible de nuestras letras, Juan Gustavo Cobo-Borda surge, más adelante, como un inquieto hombre de letras, terriblemente precoz, que ha ido devorando y asimilando una increíble cantidad de lecturas y que por los años 70 irrumpe definitiva mente en el panorama intelectual colombiano con una persistente, apasionada y a veces temida, labor crítica. Su prosa, diáfana, implacablemente lúcida y esclarecedora, que comienza a sacar al país, con sus alarmas e impugnaciones, de un letargo intelectual que ya dura años enteros, lo lleva posteriormente a una verdadera revisión de nuestras letras. Sus poemas, entretanto, tienen una vida un poco más secreta. No es raro. Menos afirmativo que el ensayista de las primeras opiniones contundentes, él, "poeta joven" como el mismo CoboBorda lo describe "es alguien destinado a renegar de sí mismo" y en esta denegación virtual está el toque fogozo de ir hacia adelante: cada poema es el necesario desplazamiento del anterior respecto al que vendrá. Así se suceden y se entrecruzan prosa y poesía, contaminándose mutuamente, lo que acabará por presentar un hecho que ya es fácil para todos reconocer: el mejor poeta de su generación es también el mejor ensayista del país.
A los ensayos "La alegría de leer" (Ig76), "La tradición de la pobreza" (1980), y "La otra literatura colombiana" (1982), se suma una colección de poemas en los cuales se puede percibir, a lo largo de los años, un cambio en la entonación poética, a la vez que se observa cómo reorienta su expresión hacia ámbitos más íntimos de su ser. Si en los poemas iniciales hay un ánimo descriptivo y una tentación iconoclasta--muy sugerente por cierto--, hacia 1980 surge una nueva voz que encuentra su aquilatada a monía entre el amor y el desapego, entre el gozo y la soledad, alcanzando una especial intuición poética entre los placeres fugitivos y la luz que ilumina su experiencia, evocando así le dur desir de durer, más allá del momento efímero.
En el último libro de poemas de Juan Gustavo Cobo-Borda, "Todo los poetas son santos e irán al cielo" una antología que recoge lo más representativo de su labor poética, resuenan los temas predilectos de autor: el amor y el erotismo abordado con elípticos goces: "Es de nuevo paraiso". O con la lírica gravedad de un momento: "responsabilidad por tanto júbilo" "edificantes proverbio, de la risa". La evocación de autores tan admirados como Henry James André Breton, Cavafis, Pessoa Lezama Lima, etc, son poemas, como lo deben ser, pulidos dominios de un destino literario. Y bien, los otro temas, inabordables desde una clausura temática, discretos homenajes a otros dominios, que cada poema mantiene en suspenso, abiertos a la conjetura, o cuidadosamente cerrados con el motivo mismo, un poco a la manera epigramática que le da la fuerza de una conclusión certera. Y algunos otros, impregnados de las horas cotidianamente vividas, en donde la fugacidad lírica sólo aparece recobrada en el tiempo que las repitt --No se trata de hallar, sino de perderse--, son poemas que se tejen alrededor leve y claro de lo cotidiano, pero sin ser lo cotidiano su materia; el más bien su poesía iluminando a lo cotidiano lo que da un sentido privilegiado a lo que revela la razón poética.
Impugnador de la retórica--tanto desde el interior de su poesía como desde su prosa--, con un humorismo tan desusado como inteligente, CoboBorda se atrevió--en un tiempo--a señalar lo opaco, lo estéril, lo reaccionario, de una ideología que se había anquilosado en la forma de un intercambio intelectual (Antonio Caballero sobre este periodo tiene esplendidas y urticantes páginas en su novela "Sin Remedio"). Pero la impugnación de Cobo-Borda no fue una reacción: él inició la más contundente revisión de nuestra literatura, mientras los académicos seguían durmiendo, y el país, abúlico, con terquedad rumiaba el pienso que se desgranaba de la ya impugnada "tradición de la pobreza".
Dentro de la línea que conduce del pasado al presente, y viceversa, Cobo-Borda se ha movido con extraña versatilidad y destreza, pero ahora es necesario destacar la vitalidad con que ha hecho de esa linea un amplio círculo crítico con su último ensayo, publicado en Buenos Aires, en un volumen colectivo: "Usos de la imaginación". Este ensayo,"Vueltas en redondo en torno a Garcia Márquez", es un análisis temperado bajo la mirada critica, ahora mucho más rigurosa que nunca, donde la unidad de la identidad del novelista y el forjador de ficciones, está sometida a un análisis iluminador y a una ruptura momentánea. Por primera vez los rasgos de la fabulación están identificados v disociados bajo un doble registró: en el de las tradiciones literarias de las que García Márquez es portador, y en el de los elementos propiamente autobiográficos transformados en materia literaria. Con esta doble linea se hace un vértice sugerente: ¿ha llegado Garcia Márquez a un límite con la ficción, a un fin, "Allende el cual espera el silencio" (E VGIkening)? O como dice el propio Cobo: ¿ha llegado Garcia Márquez al punto de "la biografía explícita y ya no fragmentariamenle deslizada dentro de la ficción"? ¿Es ese límite en donde más allá no queda más que las memorias? Tiempo de la ficción y tiempo de la memoria separándose en el inquietante pináculo de la fama, así nos muestra Cobo-Borda a García Márquez en un ensayo que tiene toda la audacia de volver sobre el tema bajo otros aspectos y bajo otros registros; en efecto: vueltas en redondo en torno a García Márquez.
Si la delicada, pero implacable, disección critica ha llevado a Cobo-Borda a realizar la labor del contraalquimista, al separar y desdoblar lo elementos elementos de que está hecha la obra de Gabriel García Márquez, también ha alumbrado su propia labor de ensayista con la alquimia de quien al recrear un mundo--el del novelista, cuentista, periodista y hombre público que es G.G.M.--, no sin sus asedios, sus suspicacias y sus reservas, ha logrado trascender la nota crítica ocasional o referencial, al hacerse en buena medida cómplice jubiloso del narrador, pero también al imponer el uso sistemático de su especial disposición hacia la socarronenia y tomar distancia en su camino crítico con sus ocurrencias de ironía y sus tretas de humor. Que entre el mundo de las fabulaciones de García Márquez y las posiciones políticas del Nobel se abre un abismo, es un hecho evidente, pero que estaba sin embargo aún sin razonar suficientemente. Cobo-Borda ha realizado muy inteligentemente esta labor. Ha tendido un puente firme entre esas dos orillas. Pero también ha fijado su apasionada posición en medio de tan cambiantes horizontes; y es aquí en donde perdura la verdad de su vocación: la literaria, y la certeza de su compromiso: aquel que comienza con el arte y que también se resuelve en los dominios del arte. -
Enrique Pulecio Mariño
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