Jueves, 18 de diciembre de 2014

| 2013/05/11 01:00

Crónicas menores de Indias

Este libro, escrito por Grassa Toro e ilustrado por Pep Carrió, reúne una selección de anécdotas de la Conquista.

Pep Carrió y Grassa Toro, ambos españoles, trabajaron juntos en este proyecto que está orientado hacia los lectores jóvenes.

Conquistadores en el nuevo mundo

Grassa Toro y Pep Carrió

Tragaluz editores, 2013

53 páginas

Una de las novedades que presentó la siempre impecable editorial Tragaluz en la pasada Feria del Libro de Bogotá fue Conquistadores en el Nuevo Mundo, una obra del escritor Grassa Toro y del ilustrador Pep Carrió, ambos españoles. Este libro es una selección de anécdotas de los conquistadores acompañadas con unas bellas y sugestivas ilustraciones: los rostros de los personajes de estas historias esculpidos con troncos arrojados por el mar.

Las historias que aquí nos cuentan no son las de los grandes capitanes sino las de personajes menores, no por eso menos fascinantes: Juan Serrano, un soldado de Gonzalo Jiménez de Quesada, al que comió un tigre que, luego de acechar a la tropa que descansaba a orillas del río Grande de la Magdalena, regresó por él. Juan Lorenzo, soldado de Pedro Núñez de Cabrera quien, en la selva, construyó un puente sobre un río de caimanes;  Juan Fernández, miembro de la expedición de Pedro de Silva, vencido por el hambre y abandonado por sus compañeros, a quien una india rescató cargándolo en su chinchorro; Benito Rosal, que se salvó del terremoto de 1599 en La Grita, Mérida; Gonzalo Guerrero, náufrago que llegó a Yucatán antes que Hernán Cortes y aprendió la lengua de los indios, se casó con una de ellos y tuvo tres “hijos hermosos”. 

Tentado por Cortés para ponerse al servicio de los españoles, a lo cual sí accedió Aguilar, su compañero de naufragio, prefirió morir combatiendo contra ellos, con “la cara tatuada y agujeros en las orejas de los que les colgaban adornos”. Y así otros 16 relatos más. 

Como es sabido, las Crónicas de Indias suman miles y miles de páginas. Y cada uno de los cronistas tiene un enfoque distinto, según nos lo recuerda Grassa Toro: “Cristobal Colón y Sarmiento de Gamboa escribían el mismo día en el que sucedían las cosas, como si se tratara de urgente periodismo. Otros, como Bernal Díaz del Castillo, fray Diego de Landa, aunque vivieron los acontecimientos que relatan, prefirieron contarlos con algo de distancia. Fray Ramón Pané escribió un texto muy breve, fray Pedro Simón redactó miles de páginas.

Algunas crónicas, las de Bartolomé Álvarez, Joseph de Acosta, fray Diego Durán, fray Bernardino de Sahagún, abundan en las descripción de la naturaleza y de la vida y costumbres de los indios; otros, fray Bartolomé de las Casas, Bernal Díaz del Castillo, fray Pedro Simón o Álvar Nuñez Cabeza de Vaca se centran en los hechos, no en lo que se vio, sino en lo que se vivió, son épicos”. 

Por lo anterior me parece admirable esta síntesis que consigue Grassa Toro, darnos en pocas palabras y en pocas historias la esencia de la Conquista, que no fue otra cosa que un desencuentro. Muy pronto, la utopía se convirtió en tragedia. En su codicia insaciable, el conquistador destruía a su paso la promesa del Nuevo Mundo. 

No fue capaz de ver al otro, de entenderlo. Los indígenas eran unos animales atrasados a los que había que salvar convirtiéndolos a la religión católica; la naturaleza era un paisaje idealizado que sin embargo los aniquilaba. Si hubo alguna épica, fue una vacilante, que ponía en duda su propia hazaña, como dijera Carlos Fuentes en Valiente mundo nuevo.  Una tragedia, desde luego, tiene su personaje trágico: el conquistador. Aquel que lo tuvo todo –riqueza, mujeres, poder– y lo perdió todo. 

Pero Grassa Toro no nos habla de los personajes que tuvieron el mundo en sus manos ni fundaron ciudades, sino de aquellos soldados que escasamente tuvieron un puñado de sueños antes de entrar en el olvido. Tragedias mínimas, hechos menores, pero relevantes, que fueron también la Conquista: “Resistían desabrigados y hambrientos, sin alimento ni esperanza de conseguirlo, se comieron unos a otros: el quinto sobrevivió porque no había nadie para comerlo”.

Por su formato y diseño, Conquistadores es un libro para jóvenes; en realidad es para todos o para el que le interese una buena introducción a esas obras fundacionales e inagotables de la literatura latinoamericana: las Crónicas de Indias. 

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