Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 1/19/2008 12:00:00 AM

Cronista de aventuras

Jon Lee Anderson, uno de los reporteros más respetados, hablará sobre la literatura de viajes en el Hay Festival que arranca esta semana. Dice que los viajes fueron su cátedra para aprender periodismo.

A Jon Lee Anderson le gusta el Caribe. Ama el norte de Colombia, Cuba y la Panamá de las casonas viejas, aunque viva en un pueblo en el Reino Unido, a tres horas de Londres, entre la bruma y la lluvia, en lo que él llama la "contradicción" de su vida. A sus 50 años, este cronista que se inició en el periodismo en Perú y escribe ahora en The New Yorker, no sólo es el autor de algunos de los mejores perfiles de todos los tiempos, sino que ha entrevistado a los personajes del momento y ha viajado por el mundo para encontrar sus mejores notas. Precisamente de eso hablará Anderson en Cartagena: le rendirá, durante el Hay Festival, un homenaje al maestro del género de la literatura de viajes, Ryszard Kapuscinski, y contará su experiencia como cronista de viajes. De eso habló con SEMANA.

SEMANA: ¿Qué tan vital es viajar para un cronista?
Jon Lee Anderson: Es fundamental. Por alumnos de cátedras que he conocido sé que el periodismo sí se puede aprender en un aula, pero mi escuela ha sido la vida. Yo no sabía que iba a ser periodista, pero tenía un espíritu de aventurero desde niño que me llevó a pensar que había nacido en el siglo equivocado. Quería ser explorador. Así que mi cátedra para aprender periodismo ha sido viajar. Comencé con una mano adelante y otra atrás, en la adolescencia, casi escapado de casa, y estuve solo en África durante meses. No tenía temor, sino gran interés y fascinación. A los 17 años me encontré viajando por lugares agrestes y dispuesto a cualquier cosa. Esas experiencias me han sazonado, han cuajado mi forma de ser.

SEMANA: ¿ Los viajes han cambiado su percepción del oficio?
J.L.A.: Tengo la cruz de haber nacido gringo, y eso, a veces, ha sido un lujo, y en otras ocasiones, una maldición. No puedo cambiar el color de mi piel ni el de mis ojos. Pero más allá, haber vivido y viajado me ha ayudado a percibir el mundo no a través de mi piel ni de mi nacionalidad, ni de mi privilegio social o económico, sino a través de los otros. Ahora comprendo que el mundo es uno solo. Si mañana me envían a Mongolia, que no conozco, no repararé en lo más mínimo. Puedo hacerlo porque me entusiasma aprender de la gente, no importa su nivel social o económico. Algunas de las personas más memorables para mí no han ido a la escuela, pero me abrieron los ojos sobre lo importante de la vida. Muy pocas lecturas me hablaron de lo que yo quería saber, salvo, quizá, Kapuscinski, que conocí cuando ya había hecho mi camino.

SEMANA: ¿En qué debe concentrarse un cronista?
J.L.A.: He comprendido, en los últimos 10 años, haciendo crónicas para The New Yorker, que aunque vaya a países distintos como Angola, Panamá o Liberia, exploro todo como si fuera la primera vez. Sigo siendo un explorador, con un afán de vivir todo sensorialmente para trasladar esa realidad a los lectores. De mis primeras sensaciones nace siempre mi juicio sobre la sociedad que visito.

SEMANA: ¿Dónde se ha sentido en casa?
J.L.A.: Los lugares que me atraen están dispersos y muchas veces son sociedades orales. Como Cuba, Panamá, Colombia y el Caribe en general. Me fascinan más que los lugares andinos o los del Cono Sur, más europeos y melancólicos. En África, me encanta Liberia. Allá me la paso riendo a carcajadas. Quién no puede querer un país así y a su gente. Y Afganistán, porque allá es como estar en un momento pasado de la historia. Es una sociedad compuesta de culturas, tercamente distinta y digna, que inspira pasión.

SEMANA: ¿Cuál ha sido su mayor descubrimiento?
J.L.A.: Debía explorar para realizarme como persona y me lancé a todas las experiencias, buenas o malas, para curtirme, sin prejuicios. Me sentí tan admirador de un minero de carbón como podía serlo de un profesor de Oxford. Asimilarlo todo, esa ha sido mi vida y mi descubrimiento. Y siento que todavía hay mucho por aprender. Además, los viajes me han enseñado a vivir sin prejuicios ni impresiones de antemano.

SEMANA: ¿Qué tan cercanos están literatura y periodismo en la crónica de viajes?
J.L.A.: En el mejor de los casos se borran las fronteras. Hay un género llamado literatura de viajes. Pero en esa literatura muy poco se vuelve a leer. La prosa de Lawrence Durrell me atrajo por su nitidez casi poética cuando apenas tenía 12 años. Me tocó la forma como describía un árbol o un momento. Iluminaba la vida con lo que decía.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1829

PORTADA

Gran encuesta presidencial

Vargas Lleras arranca fuerte, Petro está estancado, Fajardo tiene cómo crecer y los partidos tradicionales andan rezagados. Entre los uribistas, Ramos se ve fuerte. Y Santos tiene 35 por ciento de aceptación. Gran encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA.