Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1985/02/25 00:00

CUANDO RIOS SUENA, PIEDRAS LLEVA

En medio de controversia, J.G. Ríos se convierte en el fenómeno de los noticieros

CUANDO RIOS SUENA, PIEDRAS LLEVA

Durante más de 20 años los televidentes colombianos estuvieron acostumbrados a escuchar a las 7 y media en punto de la noche, el mensaje del padre Rafael García Herreros, que concluía con las palabras: "Señor, en tus manos colocamos este día que ya pasó y la noche que llega". Hoy la homilía que escuchan a esa misma hora es "Amor paz y buen genio", pero en lugar de provenir de un sacerdote, viene de los labios de un periodista antioqueño de 36 años, que se ha convertido en la figura más controvertida del periodismo de televisión en la actualidad: Juan Guillermo Ríos.
El estilo de Ríos, cuyo tono de confesionario no es más que uno de sus elementos, ha generado un fenómeno periodístico objeto de toda suerte de comentarios desde que entró en vigencia la última licitación. De Juan Guillermo Ríos se puede hablar muy bien o muy mal, pero la última encuesta de Nielsen parece indicar que todo el mundo lo está viendo. Los datos revelados la semana pasada demuestran que al cumplirse un año de la adjudicación, el Noticiero de las 7 ha pasado a ser el espacio noticioso que ocupa el primer lugar en cuanto al número de televidentes y el segundo en cuanto a televisores prendidos.
En esta última escala le gana Noticias 1, el informativo de medio día de Intervisión.
La aceptación de Ríos por parte de la teleaudiencia estuvo lejos de ser instantánea. Cuando el noticiero salió al aire, muy pocos le auguraron éxito.
En cierta forma, parecia que Ríos hubiera arrancado con la pierna izquierda. Oxidado después de tres años de ausencia en el medio, las primeras semanas de emisión fueron una comedia de errores o por lo menos de excesos. Inicialmente aparecía demasiado en la pantalla, dando más la impresión de un programa de radio que de televisión. Los chistes y las despedidas llegaron a rayar en lo ridiculo. Alguna vez llegó a recomendarle a los televidentes que se metieran debajo de las cobijas "con buena compañía" ofendiendo a muchas amas de casa e indignando a no pocos costeños, que en su vida habían visto una cobija.
Acariciaba palomas, muñequitos de E.T.s, pedía hacerle el amor a la vida, besaba rosas y posteriormente las lanzaba contra la cámara. A todas éstas, el rating no despegaba y durante los dos primeros meses fue el colero, con una sintonía de sólo 12%, frente a su competidor de franja Mauricio Gómez que se acercaba a 45% con su noticiero "24 Horas".
"El abominable hombre de las siete" llegaron a llamarlo y "narcinoticiero" fue el apodo para el espacio.
En esos días, el noticiero estaba dando pérdidas y algunos de los socios de la programadora comenzaron a preocuparse. El experimento del anchorman colombiano parecía haber fracasado y se comenzaba a hablar de la necesidad de ponerle una pareja femenina en pantalla para que el informativo sobreviviera. Tan poca demanda había por Juan Guillermo Ríos en aquellos días, que un segundo programa suyo, el domingo a medio día, "El club de la prensa", una mesa redonda que mezclaba políticos y farándula, tuvo que ser sacado del aire y reemplazado por "El Chavo".
Poco a poco las cosas comenzaron a cambiar. De último en el rating, había pasado a los seis meses a ser el quinto entre 8 competidores. No muy honroso aún, pero al menos dejaba atrás la humillación de los primeros días. "24 Horas", sin embargo, le seguía ganando dos a uno y esta relación daba la impresión de que iba a perpetuarse. En septiembre, en forma sorprendente, despegó. Lo que en un principio parecia un enfrentamiento entre el más serio periodista de televisión, Mauricio Gómez, y un payaso, comenzaba a convertirse en un duelo entre contendientes de igual calibre.
Si Mauricio Gómez era "El Viti" de la pantalla chica, Ríos se estaba perfilando como una especie de "Cordobés". Era el estilo clásico contra el tremendismo y si bien los puristas preferían el primero, las barras en "sol" se enloquecían con el segundo.
En octubre, por primera vez, Ríos pasó a Mauricio Gómez, quedando sin embargo a 12 puntos del noticiero "TV Hoy", de Andrés Pastrana, que durante todo el año había barrido con todo el mundo. En diciembre, finalmente, Ríos y Pastrana se cruzaron, quedando el primero por encima del segundo. La hazaña no es de poca monta si se tiene en cuenta que el canal 2 tiene menos cubrimiento que el canal 1 y que las 9 y 30 de la noche tiene más audiencia que las siete.
Aún cuando todas las críticas o elogios del noticiero tienden a recaer personalmente sobre su director, lo cierto es que éste es el resultado de un trabajo de equipo del cual Ríos no es más que la cabeza visible. El segundo hombre clave es un costeño de 33 años, Heriberto Fiorillo, cuya voz y nombre son conocidos por los televidentes pero cuyo rostro nunca ha aparecido en pantalla. Fiorillo, un hombre extraordinariamente talentoso, quien había trajinado en periodismo escrito y en cine, no había trabajado un solo día en televisión hasta el momento en que se posesionó como subdirector del noticiero. En poco tiempo "nadaba como pez en el agua" y en la actualidad forma con Ríos el "dúo dinámico" del noticiero. Fiorillo está al frente del cañón todo el día organizando las noticias que posteriormente pasa al director para su aprobación y toque personal. Apoyándolos está un equipo de media docena de periodistas "camelladores", quienes son los colombianos que menos han visto el famoso buen genio que Ríos tanto pregona en televisión, ya que como jefe es estricto y muchas veces malgeniado.
¿COMO SE EXPLICA?
"¿Qué será lo que tiene Ríos?", preguntaba el editorial de la revista Elenco la semana pasada, tratando de resolver un interrogante que tiene desconcertados a muchos observadores de los medios de comunicación.
La respuesta no es fácil. Sin duda alguna son muchos los elementos que integran el éxito del noticiero. Según Yamit Amad, su jefe y colega en la radio, "Belisario demostró que el populismo funciona en política y Juan Guillermo que funciona en el periodismo". No hay duda de que este aspecto, que para sus criticos es simplemente demagogia, constituye un factor clave en los ratings de sintonía. Ríos se ubica como un hombre que representa los intereses populares y de la comunidad. Algo así como el Carlos Pinzón de los noticieros. Denuncia huecos en las calles, indolencia en los funcionarios públicos, fallas de seguridad en las industrias, perros perdidos, etc. El televidente raso que ya no cree mucho en los políticos se siente identificado con Ríos y con su imagen de "hombre del pueblo" .
Para Julio Sánchez Cristo, el joven cerebro de la programadora JES, el espacio no debería llamarse "El noticiero de las 7" sino "El show de Juan Guillermo Ríos". A este sentido del espectáculo le atribuye Sánchez la acogida que tiene en la audiencia. Algo de show sin duda sí tiene. En diciembre hubo concurso de pesebres, niños presentando las noticias, concurso sobre la noticia del año, esto sin tener en cuenta los elementos folclóricos tradicionales como el cierre musical, las notas curiosas y los dichos y chistes con los cuales encadena las informaciones. Ríos es probablemente el único presentador de noticieros en Colombia que no se ciñe estrictamente a un libreto ni utiliza "telepronter", una pantalla en la cual los locutores leen las noticias sin que se note que lo están haciendo. De ahí que su estilo resulte singularmente espontáneo, dándole una connotación cálida tanto al presentador como a la noticia y haciendo que el televidente sienta que comparte con Ríos un secreto.
Esta improvisación no está exenta de riesgos y no son pocas las ocasiones en las que se ha dejado llevar por su lengua y su imaginación y se ha "descachado" .
Todas estas explicaciones, sin embargo, no tienen en cuenta el aspecto central de cualquier noticiero: las noticias. Y es ahí donde está la ventaja comparativa de Ríos. Este, al igual que sus colegas de radio Yamit Amat y Juan Gossaín, es un hombre que lleva la noticia en la sangre y vive las 2 horas del día en función de ella. Se despierta a las 5 de la mañana y un hora después está en Caracol, alternando en 6 am 9 am, regresando, las 12 a conducir el noticiero del medio día. El resto del día es una serie de conversaciones telefónicas y reuniones con un grupo de personas que constituyen su infraestructura de fuentes informativas. En esta lista juegan papel prominente el ex presidente López Michelsen, el Procurador Jiménez Gómez, el ministro de Gobierno Jaime Castro, el ministro de Desarrollo Iván Duque, los comisionados de paz John Agudelo Ríos Antonio Duque Alvarez, así como uno que otro representante de la guerrilla, empezando por Alvaro Fa yad. Hasta hace poco estaban incluídos personajes tan diversos como el general Matamoros, el ex embajador americano Lewis Tambs y Bernardo Ramírez, actual embajador en Londres. Según Gabriel García Márquez un antijuanguillermista en el pasado y un admirador del noticiero hoy en día, "Ríos es el hombre que tiene más información en este país. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de los periodistas colombianos, no se deja arrastrar por el síndrome de la chiva, sino que utiliza esas informaciones como elementos de interpretación más que como noticias que hay que soltar al aire antes que los demás".

SACRILEGO
La interpretación que Ríos le da a las noticias no siempre es del agrado de todo el mundo. Para comenzar hay muchos que consideran que las noticias en T.V. no deben ser interpretadas. Juan Manuel Santos, subdirector de El Tiempo, además de riticarle "excesos de demagogia y su estilo teatral y melodramático", considera que éste "comete un sacrilegio como presentador al tomar partido en la información".
De que toma partido no hay la meor duda. La información con frecuencia va acompañada de elogios y críticas. Ríos, impenitente, se defiende alegando que no cree en la objetividad de la noticia y que es más honesto opinar abiertamente que veladamente. Su toma de partido ha llegado a casos curiosos como el reciente en que hizo una campaña para que fuera dejado en libertad Henio García, un publicista del Valle del Cauca secuestrado, amigo de él, cuya liberación se obtuvo, según el propio secuestrado, por la presión de su campaña en el noticiero. "Yo creo que no hay que confundir las cosas, afirma Ríos, lo que ha desaparecido es el periodismo partidista del pasado. La opinión públicaya no tolera información liberal o conservadora como existfa hace poco tiempo, pero una noticia interpretada con criterio independiente, aun cuando subjetiva, es una contribución a la comprensión del televidente".
Este principio puede ser debatible, pero lo que es un hecho es que elementos de la "escuela de Ríos", están en todo caso siendo imitados por algunos de sus competidores. El cierre musical, una invención de él, se ve hoy en día en varios noticieros. William Restrepo, quien ha sido contratado por "24 Horas" para enfrentarlo, ha comenzado a utilizar dichos y frases informales que nunca se le oyeron en su primera etapa en el Noticiero Nacional. Por su parte, Mauricio Gómez, ha comenzado a ceder un poco en la rigidez noticiosa de "24 Horas" y ha experimentado con algo del toque de espectáculo de su rival. Se han visto emisiones desde El Campín, tandas de goles, más notas frívolas, e inclusive al mismo Gómez en pantalla como anchorman en algunas oportunidades.
El aumento de sintonía no ha apaciguado, sin embargo, a sus implacables críticos quienes no dejan de rechazar ni su estilo periodístico ni su personalidad. Ríos anuncia con tal intensidad y frecuencia en televisión sus éxitos personales que aun sus admira dores consideran que es un exceso de autopromoción. "Juan Guillermo cree que la modestia es una virtua sobrevaluada", afirma un colega que lo conoce desde hace mucho tiempo.
El, con una dosis de arrogancia, descarta estos comentarios manifestando que toda su carrera la ha "hecho al margen del círculo de los cocteles sociales, donde solamente se reflejan los valores de un grupo muy reducido de personas". Una encuesta Invamer Gallup parece darle la razón. En respuesta a la pregunta: ¿Le gusta o no le gusta el Noticiero de las 7?, solamente un 6.5% manifestó que no.
Por el contrario, entre quienes apro baban se registraba un mayor entusiasmo que el que existe normalmente frente a espacios noticiosos de televisión.
Independientemente de la opinión que de él se tenga, en el negocio de la televisión la ultima palabra la tiene en la actualidad, para bien o para mal, el rating. Bajo este criterio Juan Guillermo Ríos, al igual que Belisario Betancur marcó un hito en la forma de hacer política, ha marcado un hito en el manejo de la información en televisión.-
"COMENCE PIDIENDO LIMOSNA"
Juan Guillermo Ríos afirma que a la edad de 8 años se vio obligado a pedir limosna en las calles de Medellín para ayudar a sus padres, pero aclara que nunca fue gamín. "Era una forma de conseguir dinero cuando mi papá no encontraba contratos como pintor de brocha gorda, que era su oficio", dice. Vivía en La Toma, un barrio en las laderas de la quebrada Santa Helena, permanentemente asediado por las inundaciones producidas por el desbordamiento de la quebrada, en una casa con dos piezas en las que se acomodaba con sus diez hermanos y sus padres. Posteriormente vivieron en el barrio Villahermosa gracias a la ayuda de unas familias de la Acción Católica, que se dedicaban a la caridad y que le habían cogido cierto aprecio a doña Cecilia Rendón, la madre de Juan Guillermo. "Allí vivimos durante 14 años en medio de cantinas, música vieja y tangos al lado del terminal de buses", cuenta. Una de las familias que acostumbraban a llevar mercados y ropa usada a la casa de los Ríos Rendón, la familia Sanin Bernal, se hizo cargo de los estudios de Juan Guillermo y de otro de sus hermanos. Así pudo hacer hasta cuarto de bachillerato en la Pontificia Universidad Bolivariana. "La ministra de Comunicaciones, Nohemí Sanín, nunca supo que ese día que llegó a la casa de su tío José Sanín, quien estaba ayudando a pintar la casa, en pantalón corto y tenis, era yo colaborándole a mi papá" dice Juan Guillermo Ríos haciendo remembranza de aquella época.
Cuando murió su papá, tuvo que abandonar el colegio y dedicarse a trabajar como lleva-tintos en el almacen de materiales "El Constructor", en donde a los 6 meses lo ascendieron a mensajero, mientras estudiaba en el nocturno de la Universidad de Antioquia. Como las consignaciones bancarias tenía que hacerlas en el Banco Popular, hizo contactos y en poco tiempo estuvo trabajando como patinador (mensajero interno) de esa institucion. Chequeras y listados de cuentas corrientes fueron la rutina de su trabajo hasta cuando decidió dedicarse a la actividad sindical, influido por las ideas de izquierda de la universidad. "Hicimos la huelga más famosa de la Universidad de Antioquia y una de las principales huelgas del Banco Popular en esa ocasión ", dice, mientras recuerda sus épocas de presidente del sindicato y de director de "Asalto", un panfleto con el que agitaron la huelga de la universidad.
Sus actividades como empleado bancario y como estudiante de bachillerato, las alternaba con la música. Era el baterista de un conjunto Ye-Ye que él había formado con algunos vecinos de su barrio Villahermosa. "Los Speedys del Twist" que encarnaban la mejor representación de la fiebre por la musica de Elvis Presley, los Beatles y los Rolling Stone en Medellín.
Esta faceta, su vocación por la música, fue la que inicialmente lo llevó a la radio. En un concierto de Enrique Guzmán conoció a Alfonso Lizarazo, quien dirigía por ese entonces Radio 15, y le pidió que hiciera un programa en la capital antioqueña, que se llamaba "Debates de la Juventud".
"Ese programa no duró más de dos meses porque enfrenté en el debate al jefe de la Policía de Medellín con Gonzalo Arango, que era el jefe de los nadaístas en toda Colombia. Por supuesto lo cerraron" afirma el director del Noticiero de las 7, haciendo un gesto característico para los televidentes.
Terminado el bachillerato, se matriculó en la escuela de periodismo de la Universidad de Antioquia que dirigía Alfonso Lopera y sus profesores fueron entre otros Abelardo Londoño y Darío Arizmendi, actual director del periódico El Mundo. Cuando llevaba el segundo año, Miguel Zapata Restrepo, el más famoso periodista de El Clarín (noticiero de Caracol en Medellín), le dijo que se "metiera al barro" y a los dos días había renunciado al Banco en donde ganaba $ 1.200 mensuales, y estaba "cubriendo judiciales" en El Clarín con un sueldo de $ 2.400. "Después de un año de levantarme a las 4 de la mañana y recorrer las comisarías, me llamó para trabajar en Bogotá, Timoleón Gómez Pachón, entonces director del Noticiero Caracol", recuerda Ríos.
Sin maleta de viaje, con dos mudas de ropa en una bolsa plástica llegó directo a las oficinas de Caracol, después de haberse despedido de su familia en Medellín, llorando, como si no fuera a volver nunca y con la felicidad de montar por primera vez en avión.
En Bogotá, como redactor político, le tocó cubrir la campaña presidencial de Alfonso López Michelsen con quien entabló una gran amistad. Una vez elegido Presidente, López lo envió con un cargo diplomático a Bélgica, en donde aprovechó para estudiar en la Universidad Libre, Técnicas Modernas de la Comunicación y Propaganda Política. De regreso a Bogotá fue encargado de la Secretaría de Información y Prensa de la presidencia y posteriormente de la dirección del controvertido noticiero oficial. Después en Caracol Televisión estuvo al frente del programa "Reportaje", en donde hizo un informe sobre la guerra centroamericana que le hiciera merecedor al premio de periodismo Simón Bolívar. La siguiente licitación le abrió nuevamente las puertas en la televisión y esta vez fue Pedro Olarte quien le pidió que dirigiera el noticiero que le habían adjudicado. Allí, a las 7 de la mañana, en un horario de escaso rating, Juan Guillermo Ríos logró introducir una modalidad de entrevista al calor de un desayuno que le granjeó una considerable sintonía en un horario que nadie había podido colonizar.
Todo marchaba sobre ruedas hasta que se presentó un incidente con el Gobierno del entonces Presidente Julio César Turbay. Cuando se dio la orden de suspender las entrevistas en directo que venían siendo objeto de controversia, Juan Guillermo Ríos decidió protestar poniéndose una mordaza en la boca en el momento en que se emitía el noticiero. Era más de lo que el gobierno podía tolerar y Pedro Olarte, entendiendo esto, lo destituyó. Desde ese momento se volvió un antiturbayista furibundo hasta la reconciliación en Roma que se produjo hace cerca de dos años. Con su retiro desapareció para siempre la sintonía de las 7 de la mañana.
Una vez en el asfalto, comenzó a vivir los cambios que sufre un periodista cuando es despojado de su medio.
Personas que hasta ese momento le lagarteaban llegaron a no pasarle al teléfono. Su popularidad social se desvanecía de la noche a la mañana.
Esto llegó a impactarlo tanto que decidió publicar un artículo en la revista Al Día titulado "Por qué se suicida un periodista", haciendo referencia a un caso reciente que había sucedido en Francia, donde una periodista francesa se había suicidado por haber perdido su medio.

Acostumbrado a altos ingresos y en penuria económica por primera vez en mucho tiempo, comenzó a planear científicamente su regreso a la televisión. Si alguna lección había aprendido del episodio de TV Mundo era que para tener independencia era necesario no ser empleado, lo que le hacía pensar que fuera como fuera tenía que ser adjudicatario de un noticiero.
Cuando López fue elegido candidato se vinculó a la campaña, conociendo la tradición de que ser jefe de prensa de un candidato, nunca es malo si éste gana. La derrota de López lo dejó nuevamente en el aire con el agravante de que su prestigio como periodista había sufrido considerablemente por su lopismo durante la campaña. No obstante este percance, su tenacidad en la búsqueda de un noticiero no se vio mermada. No cedió ni siquiera a las ofertas tan atractivas como la que le hiciera Carlos Ardila Lule, 1 millón de pesos mensuales para dirigir el noticiero de RCN.
No todo era mala suerte sin embargo.
El nuevo ministro de Comunicaciones Bernardo Ramírez, resultó ser un fan de Ríos desde las épocas de TV Mundo, a tal punto que cuando fue sacado de la televisión le organizó un almuerzo de desagravio en el cual estuvieron presentes Belisario Betancur, Alfonso López e Ivonne Nicholls, entre otros. Ramírez, quien al llegar al ministerio parecía haber suspendido todas sus anteriores amistades, intensificó la que tenía con Ríos que era apenas pasajera. El hombre fuerte del régimen, inaccesible para todo el mundo, hablaba todos los días con Rios, quien en ese momento trabajaba en radio en 6 am. 9 am. Para el Ministro era valiosa la información que éste le suministraba de lo que acontencia en la calle y éste a su vez contaba con la fuente más privilegiada que tenía el gobierno en ese momento.
La suerte le sonrió en la licitación, no obstante que su aspiración era ni más ni menos que la del espacio de 9 y 30 p.m. por la cadena 1. Desde ese momento su vida se vio cambiada para siempre. Hoy recibe 200 cartas diarias en que llegan hasta a ofrocerle matrimonio, y a la salida de su despacho, como en la de cualquier jefe político, hay colas de gente pidiéndole recomendaciones, becas, casas y haciéndolo el confidente de sus desdichas. Sumando los trabajos en los diferentes medios, sus ingresos superan el millón de pesos mensuales, pero afirma que la totalidad de éstos se le va en pago de intereses para amortizar la deuda del dinero que invirtió en la programadora, de la cual es socio con un 25.5%.
En todo este proceso no han faltado los sinsabores. Para comenzar le costó el matrimonio. Desde su separación se le ha visto con frecuencia con la virreina de belleza Angela Patricia Janiot, además se le ha blanqueado más el pelo y se le han desarrollado dos úlceras gastricas.
Con todo, no es éste un mal resultado para una persona que comenzó la vida pidiendo limosna en el parque de Berrio en Medellín.

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