Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/03/14 00:00

CUBA, QUE LINDA ES CUBA

"Las iniciales de la tierra", una novela que va más allá de la revolución.

CUBA, QUE LINDA ES CUBA


Carlos Pérez Cifredo se encuentra en la cocina de su casa, en La Habana, inclinado ante una planilla y tratando de reconstruir sus 31 años de vida. Dentro de algunas horas tendrá que enfrentarse al interrogatorio de una asamblea de obreros que decidirá si lo escogen este año como "trabajador más destacado". Es lo que los cubanos llaman en su jeringonza el "cuéntametuvida", la confesión, la expiación de lo malo, la justificación de lo bueno, como si fuera un Tribunal. Carlos es joven pero, por vivir en Cuba, ha sido testigo de acontecimientos salvajes y sorprendentes .

A través de la memoria de este hombre, a través de sus dudas, resquemores, vacilaciones y ofensas, a través de las mujeres que amó y poseyó, los amigos que perdió, los muertos que le pesan, los héroes que sigue idolatrando, los distintos trabajos que ha realizado, las frustraciones superadas, las heridas y los dolores, a través de las 404 páginas de su novela "Las iniciales de la tierra", el escritor cubano Jesús Díaz, en edición de Alfaguara, cuenta lo más importante, lo más ridículo, lo más violento, lo más sublime y también lo más revolucionario que puede ocurrirle a un hombre o sea, a un país entero que se parece mucho a Carlos Pérez Cifredo. No es simple casualidad que ésta haya sido la novela más vendida en Cuba, España y otros países, durante los últimos meses: la carga feroz de autocrítica, la sinceridad que lastima y la honestidad de las dudas expuestas con tanta exactitud son tan profundas, que la novela ha partido en dos la historia literaria de ese país.

Arranca con la infancia de este anti-héroe: las tiras cómicas, el cine de aventuras, los juegos, la memoria del abuelo desaparecido, las supersticiones de los negros, el descubrimiento de la miseria de los campesinos, el lenguaje particular--que es también la jeringonza del terror en la oscuridad--, la ambivalencia de lo bueno y lo maligno en la vida doméstica cubana, el éxodo a la ciudad, el descubrimiento de la televisión en la zona de El Bedado, los rituales negros en los templos, el Bembé, los tambores, el descubrimiento de la otra miseria--la de los ghetos negros--, la furnia que es destruida por los blancos y la necesidad de guardar esa infancia, aparentemente, para pasar después a la juventud del protagonista. Una juventud marcada por su participación en manifestaciones callejeras que son disueltas por los esbirros de Batista a bala y chorros de agua. La simpatía con los grupos revolucionarios, el amor por una norteamericana sensual y loca llamada Gipsy, las fiestas, la caída de Batista, los pasos indecisos de la Revolución, los errores, las dudas, los debates entre católicos y conunistas, las purgas estudiantiles, las relaciones tensas entre Carlos y el, padre, un pequeño burgués que mira con desconfianza a Castro y su nueva época.

Esta memoria está alimentada por la música cubana, los juegos de palabras que emparentan este libro con los mejores momentos de Guillermo Cabrera Infante, no por imitación: es que los cubanos son así, dicharacheros, juguetones con el idioma oral, locos por los retruécanos y bromas, obsesionados con el humor negro.

También caben en este "cuéntametuvida" de Carlos, la explosión del barco Le Coubre, la figura de Guevara caminando entre los cadáveres mutilados; cómo se convierte en un hombre duro y malicioso que entra a la Milicia; su actividad como dirigente en la Universidad, los debates públicos, la muerte del padre, el primer hombre en el espacio, los combates contra los saboteadores, las salvajes reuniones para auto-criticarse, Bahía Cochinos, el viaje a Canadá (una de las páginas más humorísticas cuenta los enredos de Carlos con el inglés, tratando de comprar un par de zapatos, cómo lo desprecian por ser moreno y latino, cómo lo humillan y cómo se venga soltando malas palabras, en cubano), su pasión por una negra llamada Gisela, cómo enloquece de celos, tienen una hija, se separan, vuelven a vivir juntos, cómo se enfrenta a un jefe burocrático a quien reta con un informe donde desmonta todas las piezas de la burocracia y su momento cumbre, cuando lo encargan de manejar una gigantesca central azucarera y cómo, en medio del estupor general, será un loco y no los ingenieros europeos quienes encuentren el daño que está paralizando la producción.

Humorística, alegre, muy erótica, llena de vida y esperanza, auto-crítica, realista, "Las iniciales de la tierra" emerge como una de las grandes novelas de la década, al lado de "Noticias del imperio" de Fernando, del Paso, "Cristóbal Nonato" de Carlos Fuentes, "A sus pies rendido un león" de Osvaldo Soriano, "Arráncame la vida" de Angeles Mastreta y "El patio de los vientos perdidos" de Roberto Burgos, entre otros títulos. Jesús Díaz había amasado esta historia, que tiene jalones personales, durante muchos años. La aplazaba, la retomaba hasta cuando dejó el cine y se dedicó a escribir un libro que deja la grata sensación de asistir al redescubrimiento del goce de la palabra... oral y escrita.--

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.