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| 5/23/2015 10:00:00 PM

Cuentos cubanos

Trece historias que recrean la vida cotidiana bajo el régimen de Fidel Castro.

Leonardo Padura
Aquello estaba deseando ocurrir
Tusquets, 2015
260 páginas


Con este libro, Leonardo Padura demuestra por qué es el gran escritor cubano bajo el régimen de Fidel Castro. Más allá de una crítica ideológica -que la hay, sin duda-, Padura consigue algo más significativo y más interesante: hacernos vivir la cotidianidad de la isla. En sus narraciones aparecen la escasez, el fracaso del socialismo real, la burocracia ineficiente, la desesperanza de una generación y el deseo permanente de huir, pero no en un primer plano sino como un trasfondo en la existencia de los personajes. Ellos beben ron, ‘singan’, se enamoran, tienen sueños y recuerdos. Y dan cuenta, en sus vidas y en sus cuerpos, de los estragos del tiempo. Al igual que cualquiera, en cualquier época. “Le tocaron malos tiempos, como a todos los hombres”?, decía Borges. Describiendo el ámbito privado, Padura consigue mostrar la historia colectiva. Simplemente, hace buena literatura que evita el morbo y el cliché acerca de la revolución cubana.

Conforman el libro 13 cuentos escritos entre 1985 y 2009, un largo periodo que incluye acontecimientos decisivos para la sociedad cubana como la caída del comunismo, el periodo especial y la guerra de Angola. Por cierto, en dicho país empieza uno de los mejores cuentos, La puerta de Alcalá : Mauricio, un periodista que ha sido enviado a Angola en castigo por haber desfallecido en su moral revolucionaria debe regresar a La Habana. Su jefe, Alcides, le acolita ilegalmente que haga una escala de un día en Madrid y así cumplir el sueño de ver una retrospectiva de Velázquez, en particular dos cuadros de los cuales se enamoró con un librito usado y subrayado que descubrió en Luanda: La Venus en el espejo y Vista del jardín de los Médicis. Tiene un día para vivir una aventura, para replantearse si regresa o se decide por el exilio. Es lo mismo que le ocurrirá a Miguel en el cuento El destino: Milano-Venezia (vía Verona : tiene un día para ir a Venecia pero un encuentro casual en el tren lo llevará a Padua y a la capilla de los Scrovegni -donde están los frescos de Giotto- en compañía de una guía incomparable. Vidas resignadas al statu quo –el Estado socialista– a las que un acontecimiento inesperado les propone un dilema existencial.

Irse de Cuba o quedarse no es solo una disyuntiva que viven internamente los personajes sino sus seres amados o deseados. Es una amenaza latente. En el cuento Nueve noches con Violeta del Río, una cantante de boleros opta por el exilio porque los clubes y cabarets de La Habana han sido decretados ?antros de decadencia burguesa y nocturnidad perniciosa? y los artistas enviados a sembrar café en granjas agrícolas. En su huida, deja devastado a un muchacho a quien inició en las artes amatorias. Lo mismo hará la bellísima Zoilita con su cuñado José Ramón, en el cuento más erótico del libro, Nochebuena con nieve.  Irse de Cuba o quedarse es una tensión permanente en la narrativa de Padura porque él mismo se enfrentó a esa disyuntiva según dijo recientemente a la revista El Cultural:  “Mi permanencia en el país fue el resultado de una decisión consciente y meditada. En los años más duros pensé en irme, pero me dije al final que no, que no quería vivir el desgarramiento del exilio y que trataría de hacer mi obra cubana desde dentro de la realidad de Cuba. Fue una decisión humana y literaria que asumí con todas las consecuencias”. Para Leonardo Padura, el sentido de pertenencia cultural del cubano, dada su insularidad, es muy fuerte. Por eso, el exilio es un tema trascendental para ellos y, a la larga, “nadie se va del todo de Cuba”.

Pero hay más en el libro, Padura quiere recoger todas las voces del espectro social. El cuento La muerte pendular de Raimundo Manzanero nos enfrenta al tema del homosexualismo en Cuba y La pared, a la delincuencia y el racismo. Hay de todo, como en todos los países, personajes muertos en vida y otros que, antes de morir, piden ver de nuevo la plenitud de ese mar azul y volver a escuchar el danzón Almendra.
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