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| 12/1/1986 12:00:00 AM

CULPABLES POR HERENCIA

Las huellas del macartismo y las cicatrices del juicio a los Rosenberg vuelven, esta vez en la película "Daniel".

En la celda oscura donde están encerrados los esposos Paul y Rachelle Isaacson, condenados a muerte porque están acusados de venderle secretos atómicos a los soviéticos, la hija de ambos, pequeña y frágil, se queda mirando a la madre y le pregunta: "¿Cuándo es que ellos van a matarte?". La madre siente un nudo y no puede responderle. Varios años después la misma niña, convertida en una muchacha muy enferma y recluida en una clínica mental porque intentó matarse, mira al vacío a través del rostro angustiado de su hermano Daniel y dice, con la misma vocecita de antes: "Se me olvida qué es lo que uno espera, permaneciendo vivo".
Esos padres que son ejecutados en la silla eléctrica y esos niños que atraviesan tomados de la mano el infierno de varios hogares, rostros desconocidos, días sin comer ni dormir y la duda de no saber exactamente por qué ese hombre y esa mujer fueron ajusticiados, son los personajes principales de una película llamada " Daniel", basada en la novela "El libro de Daniel" de Edgard L. Doctorow y dirigida por el maestro Sidney Lumet ("Doce hombres en pugna", "Panorama desde el puente", "Principe de la ciudad" y "Veredicto" entre otras).
La historia del libro y la película se alimenta de situaciones y personajes históricos: en 1951, Julius y Ethel Rosenberg, dos judíos de clase media que eran simpatizantes del Partido Comunista, fueron encontrados culpables de espiar para los soviéticos y luego de un juicio que posteriormente ha sido rechazado en todos los términos por numerosos libros, programas de televisión e historiadores, fueron llevados a la silla eléctrica, en una época caracterizada por la ceguera y la intolerancia políticas, una época estremecida por la "guerra fría" y la cual necesitaba de dos personas ingenuas, torpes y soñadoras como estas para sentar un precedente.

LOS EMPUJONES FASCISTAS
Doctorow escribió y publicó su novela en 1971 (otro libro suyo, Ragtime fue llevado al cine por Milos Forman), y fue recibida como el símbolo de la contra-cultura que se oponía a todo cuanto el gobierno norteamericano hacía dentro y fuera de sus fronteras: los izquierdistas, los hippies, los soñadores, los vagabundos, se vieron reflejados en esa historia que muestra el infierno recorrido por los dos hermanos en busca del fantasma de sus padres. Doctorow no quiso convertir a los Isaacson en dos santos, no los defiende, no convierte a sus hijos en mártires pero en cambio muestra, en detalle, cómo funciona el mecanismo sospechoso de la justicia cuando es empujado por ideas fascistas. Con el libro, según sus palabras, el autor quiso rastrear el efecto que los padres ejercen sobre sus hijos, las ideas sobre la vida y la misma Historia sobre los individuos. Arrastrándolos y como en esta ocasión, destruyéndolos .
El mismo Doctorow escribió el guión de la película y esta se encuentra dividida en dos grandes zonas de tiempo y espacio: la crónica de los padres, su romanticismo, sus amores, su vida conyugal, su simpatia por los comunistas, los mitines a los cuales concurren, los primeros golpes de las porras policiales, las sospechas, la prevención, las amenazas, el cerco, las relaciones con los hijos y otros parientes y el clima de zozobra que va en aumento hasta desembocar en su detención, el abandono de los niños, su encuentro en el pabellón de la muerte y la ejecución (esta, es detallada de forma escalofriante, con grandes planos del rostro angustiado de Daniel) y, del otro lado de la narración, los años sesenta, la efervescencia de los muchachos dándose golpes con los policías a caballo y la figura de Daniel que hace preguntas que nadie responde, sus encuentros malogrados con testigos del juicio, la búsqueda de archivos que no existen, la convicción de que sus padres no fueron juzgados con imparcialidad y esa búsqueda es sostenida mientras su hermana, Susan, languidece en una clínica mental, intenta matarse, grita cuando recuerda sus momentos en la cárcel y se va convirtiendo en un vegetal.
Esas dos épocas, esos dos espacios se van alternando y poco a poco el espectador entiende que las dos crónicas acabarán por fundirse en una sola, más amarga, más llena de nostalgia y desesperación porque tantas preguntas y tantas dudas no servirán para nada.
Dentro del cine comercial de Hollywood, "Daniel" es una excepción porque no divierte ni hace reír al espectador, ni tiene suspenso, ni escenas de sexo y por el contrario, exige un enorme esfuerzo de quien asiste al inventario de esa ternura, esa violencia, esa injusticia, esa desesperación, esa locura que nos cuentan cómo un hombre y una mujer son ajusticiados y sus hijos abandonados y la muchacha enloquece y que hay dos funerales que son el mismo, y que las manifestaciones callejeras de los cincuenta son iguales a las de los sesenta y que los policías siguen a caballo y que Daniel tendrá que quedarse solo después de todo.




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