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| 12/30/1991 12:00:00 AM

CULTURA 87

De la violencia, en sus diversas manifestaciones, que fue el rasgo principal de 1987 en Colombia, ni siquiera se escápó el ámbito cultural, en el cual muchas producciones artísticas reflejaron la situación del país. En el plano de la literatura este hecho se hizo palpable, por ejemplo, en la demanda que han tenido libros que tratan nuevas y viejas violencias, entre los cuales se destaca " Colombia violencia y de mocracia", una edición del presente año hecha por la Universidad Nacional de Colombia, y el auge de libros editados en años anteriores como "Orden y violencia" de Daniel Pecaut "Crónicas bandoleras" de Pedro Clavel y "Bandoleros, gamonales y campesinos" de Gonzalo Sánchez, tres de los libros más vendidos en 1987. Como una reacción a la violencia también surgió el evento cultural más importante del año, "La poesía tiene la palabra"; según sus propios organizadores, no buscaba solamente revivir un espacio cultural, sino también servir de asidero para que muchos colombianos se reencontraran con el verdadero significado de las palabras, como alternativa para reabrir el diálogo nacional.

Indudablemente, 1987 fue un año que ofreció a los colombianos excelentes alternativas de lectura tanto de facturación nacional como internacional. En el ámbito nacional se destacaron libros como "El fuego secreto" de Fernando Valleio,"País secreto" del poeta Juan Manuel Roca, y "Zocaire y el capitán loco" de Pilar Lozano. En cuanto a los autores internacionales, figuras ya consolidadas gracias a sus publicaciones en años anteriores siguieron a la vanguardia del mercado de libros en Colombia. Autores como Milan Kundera y su más reciente publicación "La despedida", Patrik Suskind y su tercer éxito "La paloma", José Donoso con "La desesperanza", Umberto Eco y sus "Apostillas al nombre de la rosa", como también el debut de figuras reconocidas internacionalmente como Isabel Allende y Angel Mastrietta, entre otros, imprimieron una alta calidad a las posibilidades de la lectura que tiene el público colombiano.

Aunque en el campo de las artes plásticas también se vio mucho movimiento, los críticos afirman que la renovación fue más bien poca. La nueva promesa del arte nacional e internacional, según consenso de la crítica, es Ricardo Valbuena, quien expuso en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Sin embargo, eventos como el XXXI Salón de Artistas Nacionales -siempre muy polémico, pero esta vez desde Medellín-, el Salón Arturo Robinovich, y muchas otras colectivas alrededor del país, arrojaron balances deficientes sobre las nuevas propuestas artísticas nacionales. Es tal vez por este motivo que museos y galerías volvieron su atención sobre nombres consagrados: Edgar Negret, Alejandro Obregón, Juan Antonio Roda, David Manzur, Eduardo Ramírez Villamizar, Víctor Laignelet y un sinnúmero de muestras de la obra de Fernando Botero.

Pero si bien el arte colombiano no refrescó la atención del público, diversas muestras extranjeras se encargaron de dar una perspectiva más amplia de lo que ofrecen otros países.
Las litografías de Kabe Kollwitz, la colectiva de Cuatro Maestros Latinoamericanos, la obra de Valloton, el contrapunteo entre Hoggart y Hockney, como también la audacia de Liliana Porter, fijaron una pauta de calidad y diversidad que bien puede contribuir al desarrollo del arte colombiano .
En el campo internacional un hecho sin precedentes despertó el interés general. Las subastas millonarias de los grandes maestros, a la cabeza de los cuales se ubicó muy pronto el holandés Vincent Van Gogh. A mediados de febrero se inicia una batalla de subastas entre las galerías Christie's y Sotheby's, y la venta de un cuadro de Manet por algo más de 9 millones de dólares ocasiona una sorpresa general. No obstante, la cifra pagada por este cuadro parece insignificante frente a los millones de dólares que alcanzaron dos obras de Van Gogh: "Los girasoles" se vendieron en abril en US$ 39.9 millones, y "Los lirios" cuadro por el que se pagaron US$ 53.9 millones en los últimos meses.

También se demostró durante este año que los colombianos están buscando nuevas formas de expresión artística. Es el caso de la fotografía. Si bien en el país existe una tradición centenaria en este campo, hasta hace poco sólo se le veía como un registro de hechos periodísticos o como un trabajo para los álbumes de familia.
Pero exposiciones como la de los colombianos Jeanine El'Gazi y Santiago Harker, que ya habían triunfado en el exterior, revaluaron la perspectiva.

Aunque la actividad musical tuvo menos presencia en los registros periodísticos nacionales, importantes presentaciones y eventos se realizaron en las distintas salas del país: el V Concurso Polifónico Internacional de Ibagué, el montaje de la ópera "Orfeo" de Gluck en el Teatro Metropolitano de Medellín, la revelación de Eleonora Rueda como la nueva figura del piano, son apenas algunos de los eventos que más "sonaron" en el medio musical. Pero el país también escuchó, tanto al nivel de la música culta como en la popular, importantes figuras. Los más destacados fueron el Coro Waverly Consort (Gran Bretaña), 105 pianistas españoles Joaquín Achúcarro y Antonio Baciero, la presencia de directores como Hilary Griffiths y Simón Blech, y en el plano de la música popular, las presentaciones de Pablo Milanes, Soda Stereo, y Celia Cruz con la orquesta de Willy Colón.
En cuanto al cine, podría decirse que este fue un mal año, tanto para un balance nacional como internacional. El cine colombiano que ya venía en crisis desde años atrás, debió enfrentarse a la dura realidad de los altos costos, la escasa taquilla y los problemas de financiación. Dos estrenos nacionales, "El embajador de la India" y "A la salida nos vemos", tuvieron resultados desalentadores no obstante ser la primera de estas dos películas una de las mejores realizaciones que se han hecho hasta la fecha. Como consecuencia de estos problemas estructurales, Focine paralizó durante el año la mayoría de sus actividades y se dedicó a la reorganización administrativa para enfrentarse a las nuevas condiciones que incluyen medidas como la creación de una filial en Cartagena de la Escuela del Nuevo Cine Latinoamericano, que funciona en San Antonio de los Baños (Cuba), proyecto encabezado por Gabriel García Márquez.

Pero no solamente el cine nacional se vio menguado. El cine latinoamericano, como se comprobó en Huelva, San Sebastián y La Habana, no dio la talla. En el campo internacional, el cine europeo le tomó ventaja al norteamericano, el cual, al finalizar el año, parecía revivir con películas como Wall Street, "Atracción fatal", y "Grito de libertad".
La actividad teatral brilló más por su cantidad que por su calidad. Si bien obras como "Hay que deshacer la casa", "La señorita de Tacna", "El último de los amantes ardientes", "Romeo y Julieta", "Entretelones" y Made in Lanus tuvieron buena acogida gracias a la presencia de conocidas figuras tanto nacionales como extranjeras, esto no significa que el teatro colombiano hiciera grandes avances. En este año -como también se pudo comprobar en el Festival de Teatro de Manizales-no se vio que los más reconocidos grupos teatrales del país produjeran obras y montajes nuevos, propósito al cual sí se acercaron grupos escénicos como El águila descalza y su "País paisa", Mapa teatro en su "Casa tomada", y La libélula dorada a través de "Los espíritus lúdicos.

LOS QUE SE FUERON
MARGUERITE YOURCENAR, con las "Memorias de Adriano" aseguró un puesto de honor en la literatura universal. Miembro de la Academia Francesa de la Lengua, el resto de su obra exploró nuevos rumbos de la creación literaria.

HERNANDO SALCEDO SILVA, Con su muerte, ocurrida a comienzos del 87, la crítica de cine perdió a su mejor exponente.

ANDRES SEGOVIA, El más grande de los guitarristas clásicos españoles del siglo XX. Acaparó todos los honores y para su trono difícilmente habrá un sucesor.

FRED ASTAIRE Y RITA HAYWORTH. El, el rey del baile. Ella, la diosa de Hollywood. Su desaparición marcó el punto final de la época dorada del cine gringo. --
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