Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/05/28 00:00

¿Hay crisis de la cultura en Colombia?

La cultura está llamada a jugar papel fundamental en el posconflicto. El país se pregunta si está realmente preparada para ese reto.

La obra ‘Antígona’, que estuvo en el pasado Festival Iberoamericano de Teatro, contó con la participación de cantaoras de alabaos, víctimas de la violencia en Chocó. Foto: Carlos Julio Martínez

La cultura en Colombia ha ganado espacios entre la opinión pública gracias a los logros que artistas, escritores y gestores culturales han tenido desde hace muchos años. Sin embargo, el sector cultural ha sido noticia en las últimas semanas no por cuenta de los premios o los buenos oficios, sino por una serie de polémicas que han tenido un gran despliegue mediático.

Tan solo la semana pasada el país conoció el enfrentamiento de dos bandos entre los directivos del Festival Iberoamericano de Teatro (FITB); la negativa inicial de la Secretaría de Cultura de Bogotá de comenzar el proyecto de construcción de la Cinemateca –decisión que finalmente se echó para atrás–; la protesta de los músicos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá que reclaman una esperada nueva sede, y el anuncio, más tarde revocado, del Instituto Distrital de las Artes según el cual los festivales de música de la ciudad –Colombia, Jazz y Salsa al Parque– se fusionarían en uno solo.

Dichas polémicas y noticias pueden ser sanas en la medida en que se enfrentan posiciones diferentes para encontrar soluciones y explicaciones distintas. Pero más allá de eso destaparon varios temas de fondo que tienen que ver con la coyuntura actual del país, y las condiciones que tendrá que afrontar la cultura ante la firma de la paz y la búsqueda de la reconciliación de los colombianos. Los temas de fondo pasan, por ejemplo, por lo presupuestal: hoy lo destinado a este sector, dentro del Presupuesto General de la Nación, tan solo representa el 0,2 por ciento del total, cifra que está por debajo de países como Brasil, México, Uruguay o Ecuador.

Las dificultades que atraviesa la cultura se palpan en todo el país. Por ejemplo, hace dos años el Instituto Colombiano de Ballet Clásico (Incolballet), con sede en Cali, estuvo a punto de desaparecer después de la salida de su directora, Gloria Castro, y de un retraso de seis meses en el desembolso del presupuesto departamental. Hace dos meses, Conchita Penilla di Meo, quien dirigió la primera Feria del Pacífico en una ciudad huérfana de eventos editoriales, hizo público su retiro de la feria por considerar que un grupo empresarial privado estaba promoviendo otra en contravía de su idea inicial. Hoy no se sabe si Cali tendrá o no feria. Además, se hizo pública una protesta por el cambio de sede y la mala gestión del Festival Petronio Álvarez, y por la posible demolición del Hotel Aristi, un patrimonio arquitectónico de la ciudad.

Así mismo, a mediados de 2015, el gremio editorial de Barranquilla manifestó su descontento frente a la forma en la que la Secretaría de Cultura, Patrimonio y Turismo de la ciudad había escogido a los miembros del Consejo Distrital de Literatura, por considerarlos poco idóneos para asumir esa responsabilidad.

Medellín también vivió un episodio similar cuando Sergio Restrepo, director del Teatro Pablo Tobón Uribe, lideró una protesta pacífica en la que los teatreros de la ciudad reclamaron por una disminución del 14 por ciento –de 2015 a 2016– en el presupuesto que Mincultura tenía destinado para el funcionamiento de las salas concertadas.

Todas esas polémicas, más allá de su naturaleza, complejidad y casuística, permiten hacer una reflexión más profunda sobre la importancia del papel de la cultura en el momento histórico que vive el país, justo cuando trata de entender y asimilar lo que significa la convivencia pacífica, la tolerancia y la construcción de paz. (Vea: "En Colombia se cree que la cultura y no un derecho": Germán Rey)

¿Hay recursos?

Lo primero que llama la atención es lo económico. Según el gobierno nacional, la cultura y el arte serán determinantes en el posconflicto y la reconciliación, pero eso no se ve reflejado en su inversión, ni en la promoción de un diálogo nacional en el que intervengan los miles de actores del sector. Aunque la educación pasó a ocupar el primer lugar presupuestal, la cultura siguió siendo la cenicienta de los rubros. Mientras que la cartera de Defensa recibió 30 billones de pesos, a la de Cultura solo se le asignaron 335.438 millones de pesos. Es decir, el Mindefensa gasta en cuatro días la misma cantidad del presupuesto que la cultura recibe para un año.

Más allá del dinero, algunas voces consideran que si bien el ministerio del ramo debe garantizar los fondos para la subsistencia de las propuestas culturales en todo el país, hay mucho por hacer en la gestión y la administración de esos recursos que, en su mayoría, están en manos de particulares. “La cultura no depende solo del bolsillo”, dice Gonzalo Castellanos, gestor y asesor en políticas culturales de varios países de América Latina, quien sostiene que no es suficiente contar con garantías presupuestales para ejecutar proyectos, mientras los gestores culturales no hagan bien su trabajo. Como ocurrió, según la ministra de Cultura, Mariana Garcés, con el Festival Iberoamericano de Teatro, al que el Estado le ha girado en estos cuatro años 14.000 millones de pesos, y ahora ha saltado a la palestra a raíz de que transfirió un dinero público a una cuenta del festival que estaba embargada, lo que deja muchas dudas sobre el manejo del certamen.

El cine, como ya lo demostró ‘El abrazo de la serpiente’, es uno de los estandartes de la identidad nacional.

En Colombia, los gestores culturales han hecho un trabajo esencial a pesar de las barreras económicas. Clarisa Ruiz, exsecretaria de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, cree que no hay que culpar exclusivamente a los gestores, pues “muchos sectores de la sociedad apelan al recurso de la cultura, pero invierten poco en fortalecer sus herramientas. Hay una depredación de las riquezas culturales del país por parte de las instituciones públicas y privadas”. Ruiz también reconoce que la gestión cultural tiene no pocos retos, porque hay que demostrar el impacto social de los proyectos, trabajar en lo gremial, integrarla a los planes de desarrollo de los municipios, y ampliar el número de programas académicos para formar verdaderos administradores culturales.

Un factor determinante, que incide en las dificultades del sector, es la poca confianza que la empresa privada tiene para invertir en lo ‘cultural’. Aunque hay ejemplos notables como el Museo de Arte Moderno de Medellín, que funciona gracias a una alianza público-privada con el indudable apoyo de empresas del Grupo Empresarial Antioqueño; o como el del Grupo Sura y el Banco de Bogotá, que apoyan diversos eventos en el país, aún falta hacer mucho por sensibilizar y convencer al sector privado de que la cultura genera desarrollo y produce réditos directos en la sociedad. Así lo demuestran experiencias positivas como el Plan Nacional de Lectura y Escritura que ha ayudado a mejorar los índices de lectura en el país. Para María Claudia López, actual Secretaria de Cultura de Bogotá y exviceministra de Cultura, “se necesita más compromiso de la empresa privada en proyectos culturales locales, porque son estos los que producen mayor impacto social”.

Existe la percepción de que la cultura se ha vuelto masiva y goza de buena salud por grandes eventos, conciertos como el de los Rolling Stones, o Coldplay, o éxitos taquilleros del cine, o incluso festivales como la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo); el Hay Festival de Cartagena; el FITB, el Carnaval de Barranquilla o el Festival Mundial de Salsa de Cali. Sin embargo, hay quienes opinan que se trata más de espectáculos que buscan una rentabilidad económica, y que falta mucho por insistir en la construcción de una base más incluyente a través de políticas públicas que promuevan con igual entusiasmo las expresiones de la cultura popular.

El arte sigue siendo una manifestación que desata polémicas, pero que será fundamental para hacer memoria.

¿Hacia dónde deben dirigirse los esfuerzos? Según Gonzalo Castellanos, los grupos de teatro de las ciudades, los colectivos de danza, artes plásticas o música local sirven para medir el estado actual del sector. A pesar de que estas manifestaciones favorecen la reflexión y crean desarrollo cultural, no cuentan con el respaldo suficiente pues se les exige ser productivas y dar utilidades.

Frente a este panorama, el Ministerio de Cultura es optimista. La titular, Mariana Garcés, asegura que polémicas como la del FITB no permiten generalizar una crisis en la cultura en Colombia, ya que “el país es mucho más grande que Bogotá y en las regiones están sucediendo manifestaciones culturales diversas y de enorme riqueza en sus propuestas y contenidos”. Sin embargo, Garcés identifica que la informalidad de varios movimientos artísticos y la falta de profesionalización de algunas cabezas que dirigen los proyectos culturales en Colombia plantean algunas de las dificultades que enfrenta hoy el sector, y anuncian los retos para los próximos años.

La Feria del Libro de Bogotá se convirtió en un evento multitudinario al que también asisten grandes invitados, como la nobel de literatura, Svetlana Alexiévich.

Para entender el panorama de la cultura en Colombia, hace falta mirar qué está pasando en las regiones, donde las administraciones municipales se han preocupado por fortalecer los movimientos artísticos. Y, apostándole al desarrollo de la cultura, han hecho aumentos históricos de sus presupuestos. Para el cuatrienio 2016-2020, Medellín aumentó su presupuesto para cultura en un 26 por ciento, Barranquilla aumentó 56.000 millones el suyo y Bogotá estimó una cifra de inversión de 1,18 billones de pesos.

Pese a lo anterior, dichas secretarías están inquietas por la disminución presupuestal de la Nación para la cultura pues aseguran que el apoyo del ministerio ha sido más logístico y técnico que económico.

Una mirada hacia el posconflicto

El buen año del cine colombiano con sus logros y nominaciones confirmó que actualmente es el sector con mayor proyección de la cultura en Colombia. Y muchos sectores envidian la ley de esa industria, que la ha hecho crecer hasta convertirla en la tercera de América Latina. La industria cinematográfica, el programa Leer es mi Cuento y los incentivos tributarios para los proyectos artísticos y literarios se han convertido en la bandera del presidente Juan Manuel Santos en materia de cultura de cara al posconflicto, pero hay desatenciones evidentes.

El gobierno nacional le apuesta al programa Arte, Biblioteca y Cultura: Escenarios para la Paz, con el que se pretende fortalecer el tejido social en zonas vulnerables y con antecedentes de conflicto armado. Esa cartera también impulsó las ocho escuelas taller que se desarrollan actualmente en diferentes puntos del país, en las que se capacita a jóvenes entre 18 y 25 años en oficios tradicionales.

En materia regional, se están adelantando planes para asumir el tema paz. Sin embargo, aún no son muy claros. En el caso de Barranquilla, se pretende mejorar la capacidad de la Escuela Distrital de Artes y Tradiciones Culturales para formar a víctimas y desmovilizados como técnicos en oficios artísticos. Algo similar ocurre en otras regiones, donde las administraciones han agotado sus esfuerzos en programas ya existentes, pero no se han creado nuevas propuestas. Para el actor José Ricardo Alzate, de la Corporación Arca de Noé, “el sector cultural tiene muy buena disposición porque sabe que tendrá un rol muy valioso en el posconflicto. Particularmente, en zonas rurales, donde el conflicto armado ha golpeado de verdad a la gente. Sin embargo, las alcaldías no terminan de convencerse de los proyectos”.

Si bien estos esfuerzos son muy valiosos para el país, parece que la cultura no cuenta todavía con un plan arriesgado y ambicioso de cara a asumir su lugar en el conflicto que Colombia enfrentará con una sociedad civil que puede reconciliarse mediante expresiones simbólicas. “El arte, la música, el teatro, los museos y, en general, todas las manifestaciones culturales son muy importantes a la hora de crear valores colectivos que el conflicto no ha dejado florecer”, dice Sara García, historiadora e investigadora de la Maestría en Construcción de Paz de la Universidad de Los Andes.

Es una oportunidad histórica para la cultura en el país, si se tiene en cuenta que el desescalamiento del conflicto armado ha permitido que las polémicas que ocupan las primeras planas de los noticieros dejen de ser solo la política y la guerra. Nicolás Morales, de la Editorial de la Universidad Javeriana, además afirma que es un momento clave para captar audiencias y para que los colombianos se interesen por lo que sucede en la escena cultural del país, pues no es suficiente que aumente la oferta de festivales y escenarios si no hay un público interesado en consumirlos.

Aunque es innegable que la cultura en Colombia no atraviesa momentos fáciles en materia económica, es aventurado decir que existe una crisis en el sector. Varios personajes del mundo cultural no ocultan su preocupación frente a las recientes polémicas, pero también reconocen que esas turbulencias son producto de la madurez y crecimiento del sector a lo largo de estos últimos años. El país está ante el gran reto de convertir estas dificultades en oportunidades para aprender a reconciliarse a través de un oficio tan noble como las artes y la literatura. Falta mucho por hacer, pero el camino ya está abonado.

“El baile de los que sobran”

A la danza, a los archivos públicos y a la pintura ni el presupuesto público ni el privado las voltean a mirar.

Álvaro Restrepo, creador y director del Colegio del Cuerpo: “La danza es quizá la más desdeñada de las artes. Sin embargo, en un país que ha tratado al cuerpo humano con tanta violencia, la danza puede jugar un papel fundamental en la tarea de sanar, restaurar y dignificar el cuerpo roto por la guerra”. Se espera que los 2.367 millones de pesos que le asignó el Mincultura este año contribuyan a que la danza se gane el espacio que se merece en las artes escénicas en Colombia.

Cruz Patricia Díaz, coordinadora del Archivo Digital de la Biblioteca Pública Piloto, asegura que “los archivos tienen como principio conservar y cuidar los documentos históricos, para que la comunidad se beneficie de ellos”. El más importante del país es el Archivo General de la Nación, que reposa en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Además Colombia cuenta con uno de los archivos fotográficos más grandes de América Latina, que reposa en la Biblioteca Pública Piloto.

Hugo Buitrago, docente investigador de la Universidad Pontificia Bolivariana, asegura que, por ejemplo, el archivo judicial de Sogamoso es muy importante para conocer la historia de la formación de las guerrillas en los Llanos Orientales y la época de la Violencia, pero está muy desordenado para encontrar información. En Colombia hay archivos con estados higiénicos deplorables, lo que pone en peligro la memoria histórica del país.

Juan Fernando Herrán, artista plástico y escultor, asegura que la mejor forma de valorar la pintura y la escultura a nivel nacional e internacional es mejorar el presupuesto que se destina para su fortalecimiento, “países como México o Brasil han desarrollado políticas culturales integrales, que a lo largo de años han sido capaces de construir y de difundir sus producciones, para beneficiar a todo el campo artístico, sin excepciones”.

Lo que dicen los números

Una de las razones que explican las polémicas en el mundo cultural de las últimas semanas es el presupuesto limitado con el que cuenta el sector en Colombia:

Cuatro días de presupuesto para la defensa y la fuerza pública, equivale al presupuesto que la cultura tiene para un año.

La cultura es la número 24 en la lista de las 29 prioridades del gobierno, según el Presupuesto General de la Nación.

Mientras que el presupuesto de Mincultura, para 2016, es de 335.438 millones de pesos, el de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá alcanza 1,18 billones de pesos.

Se espera que la cultura y el arte sean un modo de ocupación y empleo para los desmovilizados, pues a la fecha en Colombia hay 7.483 de ellos con trabajos formales y vendrán mucho más.

La columna vertebral

Para que la cultura esté fortalecida una vez el país enfrente el posconflicto, es necesario duplicar la infraestructura existente.

En el país hay 1.424 bibliotecas públicas que hacen parte de la Red Nacional de Bibliotecas, mientras que en México hay más de 8.000 y en Argentina más de 2.000.

Colombia cuenta con una biblioteca por cada 34.000 habitantes, México por cada 15.000 y Argentina por cada 20.000. En 2014 se editaron en Colombia 16.030 libros. Para 2015, las cifras de lectura en América Latina estaban encabezadas por Chile con 5,4 libros leídos por habitante al año, seguido por México con 5,3, Argentina con 4,6 y Colombia con 1,9. Colombia cuenta hoy con 879 salas de cine y durante 2015 asistieron 58.805.761 espectadores, 26,4 por ciento más que en 2014. Según la Unesco, Colombia aumentó el doble, o más, su cantidad de entradas, pantallas o recaudación. Al igual que Brasil, México y Perú. Según el más reciente estudio sobre el consumo cultural del Dane (2014), 30.000 personas asistieron a conciertos y 16.600 a teatro, ópera y muestras de danza.

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