Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/08/20 00:00

Cumpleaños feliz

En cinco años ‘El Malpensante’ ha demostrado que las revistas culturales no están condenadas a fracasar.

Cumpleaños feliz

En diciembre de 1996, en una casona de tres pisos y estilo inglés frente al parque de Mamatoco, nació en Bogotá El Malpensante, una revista literaria que, como suele sucederles a las publicaciones culturales en países como Colombia, en su momento fue vista como una aventura editorial con un futuro incierto.

Sin embargo, cinco años y 34 números después, con 11.000 suscriptores y unos 3.000 a 4.000 compradores más (algo inusual para este tipo de medios en Colombia), El Malpensante contradice la idea de que los medios escritos están en crisis.

Detrás de este proyecto está el escritor Andrés Hoyos, su director, quien tomó prestado el título de un libro de aforismos del escritor italiano Gesualdo Bufalino para darle nombre a su criatura. “La idea fue la misma de la que se burlaba Juan Carlos Onetti, ‘los revistícolas’, esos personajes siempre se quejan porque no tienen dónde publicar sus textos, los medios existentes no les gustan y necesitan una ventana”.

A diferencia de lo que comúnmente se piensa, Hoyos considera que esta es una época de oro en el mundo para las revistas mensuales o bimestrales. “Hay mucho Internet, mucha televisión. Este tipo de revistas reposadas, que permiten seleccionar muy bien los artículos, enfocarlos y corregirlos, encuentran muchos adeptos que buscan algo más que datos e información simple y llana”, comenta Hoyos.

Pero lo anterior no basta para explicar el éxito de esta propuesta. Desde un principio El Malpensante se presentó en sociedad como un proyecto diferente y tal vez es allí donde radica su particular encanto. Para Mario Jursich, subdirector de la revista, una de sus fortalezas es la manera como supo darle cabida a la cultura con mayúsculas (arte, literatura) y también a textos y temas que la gente difícilmente asocia con cultura, tales como gastronomía, música pop y crónicas periodísticas. “Es como el menú de un restaurante, con platos para todos los gustos, para los diversos apetitos del consumidor. Es una mezcla de New Yorker con Rolling Stone. Buscamos tonos diferentes. Desde lo cáustico a lo muy serio, dándole a todo la misma importancia”. A los textos largos se contraponen los más relajados del Brevario y el lenguaje abierto de los lectores que le escriben a la revista. “En El Malpensante está permitido hablar mal de la revista y del director y esas cartas se publican sin respuesta. Para mí es importante que se entienda que cambiar la violencia física por la verbal sofisticada es muy válido. Decirle a Antonio Caballero un par de pesadeces y que él replique con tres de vuelta es mucho mejor que cortarle la cabeza”, dice Hoyos.

De este modo El Malpensante ha logrado conquistar un público fiel y entusiasta, compuesto principalmente por universitarios entre 20 y 25 años de disciplinas muy diversas y también personas de más de 30 años que la utilizan para revisar bibliografía, conocer nuevos puntos de vista y como material de consulta.

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