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| 12/21/2013 2:00:00 AM

Gigantes que fallan: Biblioteca España

Pronto se conocerá el diagnóstico de los daños que presenta la Biblioteca España de Medellín, ícono arquitectónico de la ciudad. Como este, otros edificios contemporáneos alrededor del mundo han mostrado que la innovación, a veces, va de la mano del riesgo.

Hace un mes empezaron los estudios contratados por la Alcaldía de Medellín para encontrar la causa del comportamiento anómalo de la fachada de la Biblioteca España, en Medellín. “Tenemos unas áreas aisladas para evitar que los desprendimientos afecten al público. Decidimos contratar a la Universidad Nacional para que hiciera un estudio de patología de la fachada para ver si el problema es de los materiales de enchape o de las estructuras metálicas que la soportan”, le contó a SEMANA Claudia Patricia Restrepo, vicealcaldesa de Educación, Cultura, Participación, Recreación y Deporte de la capital paisa.

Gracias a su trabajo en este edificio, el arquitecto Giancarlo Mazzanti ganó el premio al diseño en la VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura en Lisboa en 2008, entre otros reconocimientos internacionales. La obra, inaugurada en 2007, se convirtió en el centro de una red de espacios públicos que conectan la biblioteca y el parque a los miradores aledaños y a la estación del metrocable. Los tres volúmenes de la biblioteca, enchapados en lajas de pizarra negra, están en la cima de una zona montañosa a la manera de rocas artificiales visibles desde el valle.

El proyecto hace parte de una serie de iniciativas culturales para reactivar una zona históricamente deprimida de la ciudad. Sin embargo, desde que fue inaugurada hace solo seis años, a la obra le han llovido críticas por las deficiencias constructivas y de acabados que no han podido hacerles frente a las fuertes lluvias y vientos de la zona.

Los desprendimientos localizados del enchape han sido un problema recurrente desde el comienzo, pero en abril y agosto de este año se agudizaron sin causa aparente y ocurrieron en áreas más grandes. “En 2009 hubo mantenimiento e impermeabilización con garantía hasta 2014, así que el problema no es falta de cuidado”, dice Restrepo.

Mazzanti descarta que los problemas tengan que ver con el diseño, “tal vez se trate de materiales de poca calidad o de defectos en la construcción y la instalación de los materiales”, le dijo a SEMANA. “Esta piedra se ha usado por años en la arquitectura y los problemas no tienen que ver con ese material sino con empates de la cubierta que no quedaron bien construidos”, dice Mazzanti.

Superestrellas en apuros

La arquitectura contemporánea, que constantemente experimenta con formas y materiales, está llena de riesgos. Son muchos los edificios de arquitectos estrellas, o starchitects, que se han visto envueltos en polémicas por las fallas que presentan sus obras muy poco después de terminadas.

Los starchitects se diferencian del resto de los arquitectos no solo por el costo de sus diseños sino por la espectacularidad de sus estructuras, que son formas de arte, esculturas gigantes que se alzan en medio de paisajes y ciudades. La mayoría de estos arquitectos tiene al menos un proyecto en apuros. Goteras, filtraciones, grietas y fachadas con enchapes impredecibles son algunos de los problemas más frecuentes, de los que ya han hablado medios como El País y The Guardian.

“No creo que se le puedan achacar esos problemas al diseño contemporáneo. Edificios no tan contemporáneos también tienen ese tipo de problemas, los problemas de las obras no tienen nada que ver con la forma de pensar la arquitectura sino con cómo se construye”, opina Mazzanti.

Lo mismo cree Rafael Moneo, el único Premio Pritzker español, a quien hace poco el Ministerio de Asuntos Exteriores le exigió 2 millones de euros por filtraciones en los adoquines de las terrazas de la embajada española en Washington, que diseñó hace diez años. La embajada tiene un estilo tradicional diseñado con materiales convencionales como ladrillos, persianas y azulejos. “Esta reclamación no deja de sorprenderme cuando el Estado, por razones que desconozco, renunció a exigir nada al constructor”, se defendió el arquitecto.

“Yo no creo que esas fallas estén relacionadas con los diseños vanguardistas, la forma de pensar un edificio no tiene nada que ver con su sostenibilidad”, dice Mazzanti, quien señaló que muchos de los proyectos públicos se hacen con muy pocos recursos, y que en las licitaciones de construcción se juega el destino de las obras. “Nosotros apenas hacemos supervisión arquitectónica de las obras, no de construcción porque eso les corresponde a los interventores, quien asume la responsabilidad es el constructor”, dice Mazzanti.

Algo distinto pasó con la torre 20 Fenchurch Street en Londres, del arquitecto uruguayo Rafael Viñoly, quien actualmente construye el rascacielos más lujoso de Manhattan en Nueva York. Los reflejos del sol en la fachada cóncava de su torre, conocida como Walkie Talkie, derritieron un carro Jaguar estacionado allí. Al fenómeno le llaman el “el rayo de la muerte” , que ha quebrado las baldosas y agrietado la pintura de los locales de la acera del frente, tanto es así que circula un video en el que periodistas y vecinos fritan un huevo y doran una baguette para mostrar cuánto calor genera la torre.

Viñoly culpó a la burocracia de las subconsultoras que rigen la construcción británica, pero tiene una reconocida trayectoria de edificios que queman. En 2010, al Hotel Vdara en Las Vegas le cubrieron la fachada con una película antirreflectora porque los rayos derritieron sillas y asoleadoras de la terraza de la piscina.

Algo similar ocurre con la fachada espejeante del rascacielos Museum Tower, en Dallas, que amenaza con sus rayos las obras de arte tras los cristales del museo vecino, el Nasher Center diseñado por Renzo Piano.

“Eso pasa porque se inventan la manera de hacer complicado lo que podría ser sencillo y porque descartan materiales naturales y duraderos, reemplazados por otros sobre los que hay poca experiencia y que han demostrado su corta duración”, le dijo a SEMANA el arquitecto Simón Vélez, quien prefiere para construir materiales como el acero, el concreto y las maderas. “No hay ninguna necesidad de usar materiales para llegar a la Luna. La ciencia espacial necesita las altas tecnologías, no la arquitectura, esos son alardes innecesarios”, opina Vélez.

Precisamente los materiales tienen en jaque al legendario arquitecto español Santiago Calatrava, famoso por la cantidad de pleitos en su contra. En Holanda, un concejal exigió que se tomaran medidas por tres puentes que se oxidaron a tan solo un año de su inauguración y que generaron gastos de hasta 50 millones de euros.

Los puentes están hechos de frágiles losetas de vidrio de las que se deben cambiar un promedio de 500 al año por un costo de 330 dólares cada una. Pero no solo eso, la superficie transparente, que permite la iluminación desde abajo, es la menos indicada para el clima húmedo en el que se han construido los puentes de Calatrava. El Zubizuri de Bilbao lo cubrieron con un antiestético tapete de plástico porque era imposible cruzarlo sin caerse. Cincuenta personas se han roto las piernas o las caderas desde que el puente abrió en 1997.

Los diseños vanguardistas no solo generan costos excesivos sino problemas tan elementales como las filtraciones de humedad. Eso es lo que sucedió con las cubiertas onduladas del Stata Center de Frank Gehry, a quien el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) le pedía los casi 1,5 millones de euros que costó reparar las filtraciones y defectos del laboratorio, terminado en 2004. Un edificio de Frank Gehry también sobrecalentó el vecindario de su Auditorio Disney en Los Ángeles y en 2004 tuvo que lijar la fachada.

La espectacularidad de una construcción arquitectónica le garantiza a su autor notoriedad mundial. El problema está en que la arquitectura, a diferencia de otras artes, no solo se habita con los ojos. El tiempo y los problemas de uso del espacio han mostrado ser críticos implacables con la ambición de sobresalir de algunos de estos arquitectos estelares.
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