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| 3/23/2016 2:51:00 PM

“Somos más los buenos, sino este mundo ya hubiera explotado”: Darío Grandinetti

El Festival Iberoamericano de Teatro trae al reconocido actor argentino Darío Grandinetti, que acaba de rodar con el director Pedro Almodóvar y protagoniza en Bogotá la obra ‘Novecento’.

Darío Grandinetti es uno de los mayores íconos de la actuación en Argentina. En el último año rodó su segunda película con el grande del cine español Pedro Almodóvar –‘Julieta’, antes había hecho parte de ‘Hable con ella’– y encarnó a uno de los hombres más poderosos del mundo en el filme Francisco: El Padre Jorge, que es un viaje por la vida del actual Papa.

Grandinetti, uno de los invitados de honor del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, es el protagonista de Novecento: un monólogo dirigido por Javier Daulte, que narra la historia de un pianista genial que descubre sus virtudes a bordo de un transatlántico (estará hasta el 27 de marzo en el Teatro Nacional La Castellana). Semana.com habló con él.

Semana.com: Usted se autodenomina como “un hombre de fe”, pero no un hombre religioso ni de iglesia. ¿En qué cree?

Darío Grandinetti: Yo le tengo fe al hombre, al ser humano. Creo que somos más los buenos, sino este mundo ya hubiera explotado. Eso lo dije a raíz de preguntas que me hacían por haber filmado la película sobre el Papa Francisco, quien tiene una profunda fe en el hombre.

Semana.com: ¿Y ya perdió la fe en algo?

D. G.: No sé si se podría decir que perdí la fe, pero hay cosas que me rebelan y me ponen en guardia. Por ejemplo, la manera en la que se somete a los pueblos y la forma en la que se utiliza el poder para favorecer a las corporaciones.

Semana.com: Pedro Almodóvar selecciona con mucho cuidado y dedicación a sus actores. ¿Qué cree que le vio a usted esa primer vez en Hable con ella? ¿Por qué volvió a llamarlo?

D.G.: Esa primera vez él conocía mi trabajo como actor pero también quería conocerme personalmente; charlamos mucho y finalmente, después de un segundo encuentro, se decidió. Siempre me hizo sentir que era un actor al que él respetaba mucho y que confiaba en lo que yo hacía. La prueba de eso es que me vuelve a llamar. Para mí es una alegría enorme, una muestra de confianza estupenda y una confirmación de lo que nos habíamos dicho cuando terminamos la primera película: que había valido la pena y que los dos estábamos dispuestos a repetirlo si la ocasión se presentaba. Y se presentó. Me volvió a llamar y yo por suerte estaba libre.

Semana.com: ¿Cómo fue ese segundo llamado?

D. G.: Fue muy curioso. Ellos me mandan un E-mail y yo estaba en Madrid. Les contesté que estaba disponible las fechas que ellos proponían. A las dos horas me encuentro de casualidad a Pedro en un cine, viendo la misma película que yo. Y me dice: “¿Qué haces aquí? Te estamos llamando”.  Al otro día nos juntamos, me dieron el guión. Seis meses antes de empezar a rodar yo ya había hecho prueba de vestuario, ya había hecho un ensayo, ya había elegido el departamento en el que iba a vivir en Madrid.

Semana.com: ¿Cómo es tener de cerca a Almodóvar, ese personaje que todos vemos tan distante?

D. G.: Es un privilegio y también es enfrentarte con alguien que es muy exigente a la hora de trabajar y que te obliga a estar muy atento y muy activo. Su producción es de un nivel altísimo y todo es muy cómodo para el actor. El actor no tiene que ocuparse más que de su tarea, porque filmar en un país que no es el tuyo, estar lejos de casa, de tu familia, no tiene mucho glamour como algunos pueden creer. Ellos saben eso, entonces te tratan de una manera especial: te cuidan, te miman; se preocupan porque vivas en un ligar que te guste, cerca, cómodo.

Semana.com: Usted habla de política y los asuntos sociales de su país sin ningún tapujo. ¿Cree que los actores tienen una responsabilidad social más allá del entretenimiento?

D. G.: Siempre hablé sin miedo más allá de los costos que esto pueda tener. Yo siento una obligación como ciudadano. Soy ciudadano antes que actor. He criticado momentos políticos y socioeconómicos del país en los que a mí no me iba mal, pero a la mayoría de la gente sí. Somos muchos los actores y la gente de la cultura que habla y dice cosas, y se enfrenta.

Semana.com: Uno puede leer en sus declaraciones una relación de amor y odio con Argentina. En un tiempo tuvo un dilema entre irse o quedarse, y ahora no esconde su descontento con la elección de Mauricio Macri en la presidencia. ¿Cómo está su relación con Argentina hoy?

D. G.: Veo con mucho dolor lo que está pasando, porque estamos volviendo a épocas que ya vimos y que no son buenas. No es un invento mío ni de nadie: estuvimos mal y sabemos que fue así porque se aplicaron unas políticas económicas que vuelven a aplicarse ahora. Eso es lo que me duele. Alguna vez quise irme pero ahora, a pesar de todo, quiero quedarme.

Semana.com: Desde Argentina ¿cómo se ve el proceso de paz con Colombia?

D.G.:Deseoso de que se produzca. A este país vengo hace mucho tiempo, y también tengo amigos que viven aquí. Es algo que celebramos todo y que esperamos que se lleve a cabo de una vez. Las condiciones serán aquellas que negocien entre las partes y que el pueblo acepte.

Semana.com: Y por último háblenos de la obra que viene a interpretar a Colombia. Usted conoció a Novecento por primera vez en el año 2000 pero se tardó 14 años en llevarla a escena. ¿Por qué?

D. G.: No crea que soy tan lento para todo… no me tomo tanto tiempo para todas las cosas. Esta obra yo la leía no menos de dos o tres veces por año, y necesitaba a alguien que le diera una teatralidad que yo no encontraba en el texto. Entonces se la di a Javier  (Daulte, director) para que me dijera si le interesaba. Hubo algo que no le dije, y es que si él decía que no le interesaba me la iba a sacar de la cabeza de una vez por toda. Eso fue lo que pensé: o la hago ya o basta. Pero a Javier le gustó, y bueno, fue el momento.

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