Lunes, 1 de septiembre de 2014

El torero español David Mora sale en hombros de la plaza de Manizales. John Jairo Bonilla/EFE

| 2013/01/08 00:00

David Mora encontró la puerta grande en Manizales

por Víctor Diusabá Rojas, especial para SEMANA

Aparte de cuarto y quinto, al que le dieron la vuelta al ruedo, al encierro de La Carolina le faltó fondo. Luque y Bolívar: técnica y voluntad.

Tras pasar el desierto a pleno sol y sin agua en su primera mitad, la corrida de La Carolina encontró un segundo aire en cuarto y quinto turnos. Así, el encierro evitó el naufragio, asido de esos dos toros, pero además de una tabla de salvación no menos despreciable: la de tres toreros que pusieron el hombro para tratar, casi siempre en vano, de echar arriba la tarde.

Todos merecieron mejor suerte, pero sólo David Mora la tuvo. Bueno, no sin antes haber dejado el alma en ese buen quinto - con presentación y comportamiento a años luz de casi todos sus hermanos -, en el que hizo el toreo a veces desde la esquina de la entrega y a veces desde la de la exquisitez. Ahí, solo en ese momento, esta segunda de abono pudo tocar techo. Y no sólo por las notas del pasodoble de la feria que pusieron a hervir al gentío en los tendidos o por las dos orejas (tras pinchazo en el que soltó), sino porque hubo en la faena mucho más que detalles caros.

En realidad hubo cosas de fondo. Como esos naturales que se vieron cada vez mejor, siempre en la afortunada distancia y en el sitio inmejorable que supo encontrar el torero. O esas series sobre la derecha, donde el mando y el temple multiplicaron el recorrido de la embestida. El toro tuvo nobleza y algo mejor, duración. En realidad, fue una eternidad la que supo marcar en el reloj. Como tampoco se puede pasar por alto la cara seria a la que Mora jamás le hizo el feo. Lo mató de un segundo intento y el clamor popular reclamó la puerta grande, mientras la polémica vuelta al ruedo póstuma concedida el ejemplar por la presidencia se quedaba en veremos por la negativa del tiro de arrastre de cumplir con su tarea.

Y el cuarto, mientras se movió, también alcanzó a sacar ilusiones. Repitió con gusto en el capote de Bolívar, donde nunca dijo no en largas cambiadas, verónicas, chicuelinas o en esa larga que sucedió a la media en la sesión de percal del torero nacional. Fue fijo y pronto, y al galope marchó tras los engaños del torero nacional, que encontró en el pitón izquierdo una buena fuente para apagar la sed. Pero el comienzo fue, en todo sentido, mejor que el final porque luego el toro cayó en intensidad y Luis no encontró donde alojar bien la espada. Aviso y palmas.

Esas fueron las excepciones. Porque la norma de La Carolina pasó casi siempre por la falta de fondo. No lo tuvo el justísimo de presentación y manso primero, con el Luis expuso toda su técnica sin hallar respuesta. Tampoco el segundo, al que Mora trató con pinzas y a media altura, sin éxito. Menos el tercero, en el que David Luque cortó una oreja a punta de tenacidad, mientras el toro pasaba de puntillas. Como tampoco pesó en trascendencia aquel sexto, enemigo de emplearse, lo que sí hizo el nacido en Gerena, cerca de Sevilla, quien pareció molesto con la afortunada decisión del Palco de negar una petición en la que pesaba más el cariño que la justicia.               

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