Viernes, 20 de enero de 2017

| 1986/05/19 00:00

DE AFRICA CON AMOR

El rodaje de la archipremiada "Africa mía", una aventura de amor, dolor, leones, racismo e inundaciones.

DE AFRICA CON AMOR

"La misión del poeta -escribió alguna vez la narradora danesa Isak Dinesen (1885-1962) es que los demás confundan la ficción con la realidad, con el fin de que permanezean, al menos durante una hora, misteriosamente felices".
Premonitoria o no, la frase bien puede aplicarsele hoy a Sidney Pollack, el veterano director de cine que, inspirado en la vida y la obra de la escritora y bajo el título Out of Africa, realizo la cinta que más galardones obtuvo en la entrega de Oscares de la Academia de Hollywood hace algunas semanas, y que fue estrenada en Colombia la semana pasada como "Africa mía".
Con un reparto que incluye a Meryl Streep, Robert Redford y Klaus María Brandauer, el realizador tomo en forma libre los aspectos más novelescos, más romanticos y también los más sensacionalistas de las relaciones a tres bandas que esta mujer, dueña de una descomunal plantación de café en Kenia, sostenía con el ex marido, el barón Bror von Blixen-Finecke, y con el amante, un cazador impenitente, Denys Hinch Hatton.
Pero Pollack no las tiene todas consigo. Los fanáticos de la Dinesen están furiosos con él y con su guionista, Kurt Luedtke, un escritor de 46 años que había colaborado con Pollack en "Ausencia de malicia". Dicen ellos que esta visión del mundo salvaje, rústico y tenso de la narradora, su ex marido y su amante, ha sido pasada por un cedazo y que toda esa calma, toda esa poesía, todos esos atardeceres africanos fotografiados en forma espléndida por David Watkins con fondo musical de John Barry, nada tienen que ver con el infierno que vivió esta mujer,constantemente golpeada por los dolores de la sífilis.

LA AVENTURAS DEL RODAJE
"Africa mía", ganadora de 7 Oscares, es la típica superproducción de Hollywood, bien acabada, perfecta hasta en el más ínfimo detalle, realizada a un costo de 30 millones de dólares y con una duración de 220 minutos que el mismo Pollack redujo a 150. Desde hace doce años, Pollack tenía la idea de filmar esta saga africana. Pero no había encontrado un guión que fuera algo más que leones retozando entre la hierba y los atardeceres.
Luedtke, el guionista, encontró la fórmula mágica, reuniendo material de cinco libros de la Dinesen y su biografía, magistralmente escrita por Judith Thruman, y logrando lo que Hollywood necesitaba: una historia de amor. Como suele suceder con las películas exitosas, esta tampoco contaba con la fe inicial de sus realizadores: por tener dos horas y media de edición final, Pollack llegó a pensar que la cinta no tendría mayor éxito. Pero se equivocó de plano, pues sólo en las tres primeras semanas de exhibición ya había recaudado los 30 millones de dólares invertidos.
Realizador de 14 películas entre las cuales se destacan "Nuestros años felices", "Tootsie" y "Los tres días del condor", Pollack paso cuatro meses y medio en territorio africano, filmando en lugares hasta donde sólo se podía llegar a pie, peleando con un clima imprevisible (durante 90 días esperaron que cayera la lluvia para hacer unas tomas y cuando ya habían organizado el campamento en otro sitio, el agua se hizo sentir hasta con inundaciones), y rechazando las acusaciones de racismo que le formulaban algunos periódicos africanos.
Pero este listado de problemas parecía insignificante al lado de los obstaculos que, se creía, plantearía el superego de las estrellas de la película que, obviamente, esperaban y recibían un tratamiento especial en medio de un equipo de más de cien técnicos llegados de todo el mundo y cerca de 10 mil extras de las tribus Masai y Kikuyu, cuyos antepasados convivieron realmente con Isak Dinesen.
Toda la filmación fue una verdadera aventura y solo el buen humor del director y sus estrellas principales salvo algunas situaciones muy difíciles, como cuando un grupo de mujeres nativas paso jornadas enteras persiguiendo a Redford con el fin de tocarle el pelo rubio y la piel rosada, y pedirle un autografo. O los apuros del actor Mike Bugara, nacido en Kenia, que interpreta al fiel sirviente de la escritora (de quien se dice que en vida de ésta fue su amante), con una escena en la que debe servir vino a los dos personajes: en 5 ocasiones, por simple nerviosismo, arrojó el líquido sobre Redford, y en la sexta oportunidad, cuando finalmente logro servirlo en los vasos, Redford y la Streep no aguantaron la risa y dañaron la escena.
A pesar de sus temperamentos, poco a poco los dos protagonistas fueron facilitando las cosas durante el rodaje. En la mayoría de las ocasiones comían con el resto del personal, lo que mejoraba sensiblemente las relaciones. Los dos se mostraron como personas bromistas y a diferencia de otras estrellas (según testimonios de los camarografos que habían trabajado antes con Elizabeth Taylor y Richard Burton, por ejemplo) no llevaron guardaespaldas, ni peinadores, ni maquilladores, ni secretarios especiales.
Redford, quien ya había filmado otras 5 películas con Pollack, no quería creer en un principio que los seis leones, los tres perros y el águila, entrenados especialmente para el rodaje, hubieran tenido que ser llevados desde Los Angeles porque las leyes de Kenia impiden que los animales salvajes de las praderas sean molestados. También los entrenadores sufrían cuando los guardias de seguridad preparaban sus armas para disparar en momentos en que un león se acercaba a Meryl Streep en una escena: "Tranquilos, no vayan a disparar. El la olera, está entrenado para acercarse a la persona y seguir de largo. Por favor, no se asusten", decían.
La frase de Meryl Streep de que ninguno de ellos regresaría a los Estados Unidos siendo la misma persona, es verídica, a juzgar por dos anecdotas que han sido muy comentadas ahora que la cinta se ha impuesto en las salas. La primera ha sido relatada por la propia actriz, quien confesó que nunca pudo acostumbrarse a la forma ruidosa y salvaje como los leones se despiertan y hacen el amor a las 5 de la mañana y relató que la primera vez que los oyó, creyó que estaban matando a alguien. En otra ocasión, al finalizar una escena, la Streep quiso caminar hasta el campamento, desoyendo los consejos para que tomara un vehículo. Entonces uno de los asistentes se le acerco y le dijo: "Tiene razón, puede caminar tranquila, al fin y al cabo los leopardos que usted alcanza a ver sólo usan los dientes y las garras para rascarse". Todo se debía a la tensión generada por el hecho de que la filmación se llevo a cabo en los límites de la reserva natural de Kenia, donde los animales se pasean libremente y las personas que ingresan a el lo hacen bajo su propio riesgo.
Uno de los mayores sinsabores del rodaje lo constituyeron los constantes ataques de los periódicos de Kenia contra una presunta explotación de los extras nativos, a quienes se les pagaban 12 dólares diarios, mientras los blancos ganaban el doble. Los realizadores se defendieron alegando que la economía local había recibido cerca de 8 millones de dólares, casi una tercera parte de la inversión total. Los periódicos acudieron entonces a un argumento insospechado: la ubicación como racista de la propia Isak Dinesen. Pero además, hubo motivos más concretos de confrontación, como cuando los técnicos de ambientación de la filmación, después de esperar tres meses, no habían conseguido captar las plantaciónes de café florecidas y tuvieron que optar por "maquillarlas" con pequeños toques de crema de afeitar, para finalmente obtener la toma aérea de las matas florecidas .
Cada día surgía algo nuevo, algo más difícil que lo sucedido la víspera. Una vez, los técnicos que solían beber agua mineral para evitar enfermedades, decidieron enfriarla con un poco de hielo, obtenido de la congelación de agua de la región: el resultado fue inmediato, ya que durante varias horas debió suspenderse la filmación por las dolencias estomacales agudas del equipo técnico.
Todo lo anterior, difícilmente puede apreciarse en la película, que recoge sin prisa las relaciones de esta mujer agresiva y misteriosa con el marido que la contagia de sífilis y reaparece de vez en cuando, y con ese amante que le es infiel y rechaza cualquier intento de sujeción. O apreciando la excelente fotografía que capta espléndidamente los colores africanos. O deleitandose con la actuación de los tres protagonistas. Pero lo que si se deduce al ver la cinta es que se trata de una obra realizada con gran cuidado, que asume antes que nada el riesgo de convertir en imagenes, las palabras de esa mujer que en sus últimos años de vida llegó a pesar 42 kilos, perdió el pelo, se desmayaba con frecuencia, debía caminar con la ayuda de alguien, pero nunca dejo de exigir en la cena ostras, champaña y uvas muy maduras.
SENSUAL Y MISTERIOSA
En los últimos meses hemos asistido al redescubrimiento de una gran figura de la literatura europea: Isak Dinesen. Dos hechos recientes se han encontrado para poner este nombre ilustre de las letras en amplia circulación: el cumplimiento -en abril de 1985- del aniversario del nacimiento de la escritora danesa y la realización de una costosa película, "Africa mía", basada en su biografía, escrita por Judith Thruman, Isak Dinesen: The Life Of a Storyteller.
Como una moneda olvidada y vuelta a recobrar, la obra literaria de Isak Dinesen también tiene dos caras: la que ofrece un perfil autobiográfico y aquella que revela el original mundo de su ficción. Sus novelas, cuentos, poemas y pequeñas piezas para teatro de marionetas aparecieron a lo largo del siglo, y a partir de la publicación de "Siete cuentos góticos" (1933), su nombre fue cimentado, título tras título, con una fama que hoy se reconoce con admiración y se celebra con cariño como el jubiloso encuentro con los grandes escritores.
Descendiente de una familia de aristócratas terratenientes, Karen Dinesen nació en Ruhgstedlund (Dinamarca), en 1885, y trastocó su nombre en dos para la publicación de sus obras: Isak Dinesen y Karen Blixten. Blixten era el apellido de su primo y esposo, el barón Bron Blixten. Funda Isak Dinesen una empresa colonial en Africa con su esposo en 1914 y en 1917 aparecen los signos de la crisis matrimonial, acentuada por la ligereza y el despilfarro del marido y por la aparición en la vida de la escritora de Denys Finch Hatton, un aventurero inglés enamorado de las profundas llanuras del continente africano.
Y es que para Isak Dinesen la memoria de las palabras aparece intimamente fundida con la memoria de las cosas y de ahí su devoción por la narración que nos devuelve, atrapando en el espejo del pasado, nuestra propia historia. Por lo general las ficciones de Isak Dinesen están ligadas a hechos realmente vividos, a recuerdos personales o históricos, a una base de experiencia humana común y llevada más allá a un plano de comprensión poética. Los hechos narrados aparecen elevados en la obra literaria al lugar donde se les puede comprender en un alto sentido: como los elementos del drama sublime de la existencia y en la ejemplaridad de la sabiduría que ella enseña. Así en los cuentos que componen "Anecdotas del destino" y "Cuentos de invierno" y en la novela "Vengadoras angelicales" los episodios se suceden con una enorme variedad de matices humanos depurados por la presencia de alguna figura femenina -jóvenes virginales o ninfas perversas, mucamas y criadas, princesas y amazonas, fulanas y brujas- que encadenan y catalizan el sentido de un destino. Y tantas veces, a manera del cuento oriental, hacen de el una alegoría, sea ya de una fatalidad, de un carácter o de las circunstancias. En "Vengadoras angelicales", por ejemplo, carácter y circunstancias se unen para la exploración de un territorio extraño de la condición femenina: "La condicion de ser adoradas y ultrajadas por el mundo ".
Pero si hay un rasgo dominante en la obra entera de Isak Dinesen, es aquel que hallamos en la imprevisión de la plenitud que nos asecha, no siempre del todo revelada, y esto es algo que emociona profundamente al lector de estos relatos. De igual manera nos conmueve la percepción de una inteligencia superior: la de las diáfanas páginas de "Lejos de Africa". La novela "Lejos de Africa", presentada en castellano por Ediciones Alfaguara, en una excelente traducción de Barbara MacShane y Javier Alfaya, esta escrito como un libro de memorias. La riqueza literaria y cromática en la fluida descripción del territorio en donde Isak Dinesen estableció su plantación de café, cerca de Nairobi y la deslumbrante agudeza de su crónica, centrada en la presencia de la naturaleza inclemente, y en el discurrir de la vida de los nativos de la región -los kikuyu, los wamai y los masai, nómadas que van y vienen en un itinerante vaiven- es un verdadero milagro de observación penetrante, que abarca y comprende la conducta de los nativos en su agónica organización social.
Como los escritores viajeros de los siglos XVIII y XIX, más por el gusto de la aventura y su crónica que por la utilidad de sus observaciones, los relatos de Isak Dinesen comportan verdaderas creaciones literarias en secreta armonía con su doble condición: crónica ejemplar de lugares lejanos, y su gente, y su conmovedora composición que satisface el sentimiento poético.
Pocos libros cumplen tan cabal y tan ampliamente las expectativas que sobre el se han venido tejiendo en la espera de su traducción al español como este, "Lejos de Africa". Pocos libros tan bellos en sus descripciones y en la honda sabiduría de sus observaciones como este de Isak Dinesen.
Obras de Isak Dinesen disponibles en Colombia:
- "Siete cuentos góticos" (Noguer)
- "Cuentos de invierno" (Alfaguara)
- "Vengadoras angelicales" (Alfaguara)
- "Ultimos cuentos" (Bruguera)
- "Anecdotas del destino" (Alfaguara)
- "Ehrengard" (Bruguera)
- "Lejos de Africa" (Alfaguara)
- "Sombras en la hierba" (Alfaguara)

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