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| 7/3/1989 12:00:00 AM

DE ANIMA

Una novela del mexicano García Ponce y tres relatos del colombiano Cano Gaviria, entre las novedades del semestre.

A los 57 años de edad y a pesa de largas e incómodas enfermedades, el escritor mexicano Juan García Ponce sigue siendo uno de los más lúcidos e interesantes narradores y críticos latinoamericanos, como lo prueba una larga obra que incluye titulos como "Imagen primera", "La noche", "Figuraciones", "Figura de paja" y otros, que traducen una profunda cultura, además de una conciencia siempre despierta a todas las posibilidades renovadoras del idioma.

Es en ese último contexto donde su libro "De Anima" alcanza mayor significado. Porque partiendo de un género que no es original, pero que sí acusa cierta dosis de agotamiento en otros escritores--el Diario--, Garcés Ponce hurga despiadadamente en los sentimientos, las emociones eróticas los vacios, las contradicciones, las dudas y los complejos de dos personajes como Paloma y Gilberto, quienes, incapaces de una comunicación más directa y más simple, acuden a la redacción de Diarios.

El libro está escrito con un lenguaje cotidiano, provocadoramente doméstico y las revelaciones impúdicas que el hombre y la mujer le hacen a la página en blanco, la forma como abren sus cuerpos y sus corazones sólo tienen un testigo externo, el lector, ese mirón que contempla, aparentemente imperturbable, el proceso de sumisión sexual en que caen los dos amantes. García Ponce es uno de los escritores latinoamericanos en quien el erotismo, el inventario de las caricias no suenan como elementos falsos, no aparecen como zonas gratuitas de un libro excitante como éste.

Cada uno revela lo que el otro quiere que sepa. Cada Diario, cada relato se va alimentando con los que siguen, y el que aparentemente Paloma sólo llegue a conocer los apuntes del otro varios días después de su desaparición, le imprime uno de los momentos más sorpresivos al relato porque, en todo momento, el lector tiene la sensación de estar asistiendo a un perverso juego de espejos.

García Ponce ha escrito una novela (¿podría llamarse así?) que es un homenaje a los sentimientos, al sexo, a la identidad del amante que todos los días aparece con una nueva máscara sobre su desnudez. Y una anotación final: en algunos momentos de estos Diarios asoma un lenguaje que recuerda los primeros trabajos de otro mexicano, Carlos Fuentes. Al fin y al cabo ambos narradores han compartido juntos muchas situaciones buenas y malas.

* * *
"En busca del Moloch" Ricardo Cano Gaviria
Tercer Mundo Editores. 184 páginas Una estupenda noticia para los buenos lectores es la aparición de este volumen, que recoge tres relatos largos de un escritor colombiano que vive desde hace rato en España, donde ha publicado, entre otros títulos: "Acusados Flaubert y Baudelaire", "El buitre y el Ave Fénix" (sus diálogos con Mario Vargas Llosa), "Las 120 jornadas de Bouvard y Pecuchet" y el anuncio de una esperada novela "Igitur". Los tres relatos de este volumen (los editores los llaman novelas cortas), " Noticias del altozano", "Las flores del retorno" "En busca del Moloch", reflejan muy bien los intereses, las obsesiones y las búsquedas que en todos estos años Cano Gaviria ha sostenido con paciencia de relojero. Es un lenguaje medido, cuidadoso, que en algunos ratos recuerda el de otro colombiano reeducado en España, Rafael Humberto Moreno Durán.

De los tres relatos el más significativo es "En busca del Moloch", con esa correspondencia, sostenida en las peores circunstancias, entre una dama santafereña y Gustavo Flaubert.
Esas cartas entre esa Carolina Tovar Merizalde, asustada por los muertos y las desgracias de esa guerra civil que despedaza a Colombia, y ese escritor que en París intenta finalizar una de sus novelas y que habrá de aprovechar el material excelente descrito por su corresponsal para darle mas vivacidad a una historia donde la violencia y la sangre corresponden a una realidad ubicada al otro lado del mar.

Flaubert emerge como el escritor atormentado por los demonios de sus personajes, por la necesidad inapelable de escribir, por los conflictos personales que inciden sobre su trabajo. La mujer, que cada vez estará más aislada, más asustada, más indecisa sobre lo que debe decir y escribir, es un testigo valioso de una de las tantas guerras civiles del siglo pasado, y desde Santa Fe va acumulando detalles algunos reales y otros ficticios, que sirven de contrapunto feroz a ese otro infierno en el que respira y padece el escritor. Hay ironia en los comentarios literarios de Flaubert, dirigidos a una mujer angustiada por los muertos y las noticias exageradas. Y esa ironia, afilada por la distancia con lo colombiano, convierte esta narración en un logro estupendo para Cano Gaviria.-
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