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| 2/12/2006 12:00:00 AM

De la calle al parque

Aquella música que nació en el sur del Bronx a mediados de los años 70 y después se tomó el mundo, sonará el 19 y el 20 de noviembre en Bogotá, en la séptima versión de 'Hip-hop al Parque'.

Rapper's delight es la canción más deseada que pide el personaje Diego, en el éxito musical Aserejé, con la que el trío Las Ketchup se convirtió en el grupo número uno de Colombia y España en 2002. Rapper's Delight, del trío The Sugarhill Gang, es también la canción a la que muchos le atribuyen el surgimiento del hip-hop, esa música que nació en el sur del Bronx en 1975 como una protesta del inconformismo social que vivían en las calles neoyorquinas afroamericanos, latinos, italianos e irlandeses que buscaban sobrevivir de sus propias tragedias. De esa resistencia ante los rechazos y maltratos de la sociedad norteamericana, de sus ganas de expresarse, dar a conocer sus aspiraciones, frustraciones y planteamientos políticos nació el hip-hop. Para muchos era una moda pasajera. Un género musical que nunca saldría de las calles y los suburbios de Nueva York por tener una letra hablada, difícil de entender y la cual cada persona interpretaba a su modo. Para la empresaria musical Sylvia Robinson, las cosas eran diferentes. Por eso desde que se dio cuenta de la fuerza del hip-hop, movió cielo y tierra para hacerlo conocer. Fue entonces cuando, en 1978, por presión de Robinson, el dj Jim Gates decidió poner a sonar Rapper's delight en una discreta emisora de San Luis, llamada Wesl. A los tres días, tenían una orden de 5.000 copias, y al mes, los pedidos superaban las 50.000. Rapper's delight fue la primera canción de rap en entrar al top 40 de la listas de Estados Unidos y así, The Sugarhill Gang pasó de ser un grupo de amigos que cantaban en la calle a una de las bandas más reconocidas en este país, con ventas superiores a los dos millones de copias en los primeros seis meses. El hip-hop se convirtió en toda una cultura. Los grafitos plagados de colores, texturas y formas hicieron parte de ella como otra forma de expresión. Los raperos y bailarines de breakdance se identificaron con el movimiento y se distinguieron del resto de los mortales a través de sus camisetas cuatro tallas más grandes, XL, y sus pantalones anchos. En lugar de enfrentarse con cuchillos y a fuego limpio, las pandillas de Nueva York comenzaron a competir a través del baile y de los grafitos para ganar el respeto de los demás en su territorio. Tres décadas después, se puede afirmar que el hip-hop transformó la cultura popular del mundo. En el siglo XXI, su influencia en el género musical es enorme. Basta ver la cantidad de cantantes que día a día rompen récords en sus ventas y se hacen dueños de los Gramys: 50 Cent, Missy Elliot, Cypress Hill, Fat Joe, Dr. Dre, Eve y Mobb Deep, son algunos de ellos. Hoy son famosos y multimillonarios, pero también nacieron y crecieron en las calles. Born Curtis Jackson III o 50 Cent, vendió drogas, estuvo en la cárcel, fue baleado varias veces y ahora cambió esa vida por la música. La cantante Lil Kim también ha estado en la cárcel y Eve fue estriptisera gran parte de su juventud. La mayoría tiene historias similares. Hoy se dedican a cantar y a producir cantantes y son el ejemplo de millones de jóvenes que se refugian en el hip-hop como una manera de protestar pacíficamente. A la bogotana Desde principios de los años 80, el hip-hop ha estado presente en los barrios populares bogotanos. Basta ir a sectores como Altos de Cazucá, Ciudad Bolívar o Bosa para darse cuenta de cómo muchos jóvenes han encontrado en esta música una forma de escapar de la violencia y expresarse pacíficamente. "Esta canción es en honor a Garachas. Al parcero que ahora quién sabe desde dónde nos está mirando". John Alex, debajo de su cachucha de béisbol y metido entre un saco largo y unos pantalones anchos, introduce así la letra de su última canción: "Parados en la esquina oímos risas y agravios. Cierren pues la boca, cierren ya los labios, llegaron pitos unidos a tumbarlo en el asfalto .Quietos en primera, esto es un asalto, los malos matan, los buenos quedamos todos mirando" Luego John Alex se da la bendición y con su mano derecha lanza un beso al cielo. Quizá salude a Garachas o quizá pida a Dios que a él no lo maten a bala. La música es su forma de venganza. La manera de desahogarse y protestar contra la sociedad. La séptima versión de 'Hip-hop al Parque', que se llevará a cabo el 19 y el 20 de noviembre en el Parque Metropolitano Simón Bolívar, será mucho más que un festival musical y estará dedicado a todos aquellos que murieron. Telones alrededor del escenario para que los grafiteros saquen sus aerosoles y plasmen sus mensajes mientras los skaters saltan en sus rampas. Los mejores grupos de rap y de breakdance de Colombia, seleccionados en diferentes convocatorias a lo largo del año por el Instituto de Cultura y Turismo. Un selecto cartel de invitados de Bogotá, entre los que se destacan Big Mancilla, Mosco Fly y Choc Quib Town. Desorden Social, de Pereira; Doble K, de Villavicencio, y Tropa Costera, de Cartagena, complementarán la cuota nacional. "Que se reconozca el trabajo que venimos realizando en los últimos dos años, fusionando ritmos como el 'reggae', el 'funk', el 'blues' y el 'jazz' con ritmos básicos del 'hip-hop', es los más importante para nosotros de participar en el festival", afirma Jaime Mauricio Mancilla, vocalista principal de Big Mancilla. "Los mensajes de nuestras canciones son muy positivos y hablamos de la vida de un lad rón y de la vida de un ejecutivo, de sus vivencias callejeras, del amor y de la paz". Reconocidas bandas como Heltah Skeltah, de Nueva York; Fran K T, de España; Holla Boys y Cuarto Poder, de Venezuela, más un colectivo de discjockeys de Los Ángeles, serán los invitados internacionales que se podrán disfrutar totalmente gratis. El hip hop ocupará de nuevo un espacio de reconocimiento y proyección, y muchos tendrán la oportunidad de admirar la evolución de este género en el país. Una fiebre de sonidos y giros entrelazados difíciles de entender, pero que se convirtió en un estilo de vida y en una expresión de la identidad y rebeldía juvenil.
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