Martes, 21 de febrero de 2017

| 1990/08/06 00:00

DE DOS MUNDOS

Llega a Colombia "Alamut", una de las grandes obras de la literatura eslava.

DE DOS MUNDOS


Vladimir Bartol escribía en uno de esos recónditos dialectos eslavos de su tierra natal, Yugoslavia. El destino de escritor, de Bartol, como el de tantos otros intelectuales del este europeo, quedó circunscrito a un dominio cultural y linguístico estrecho, en la imposibilidad de acceder, por conciencia nacionalista, por situación histórica, a un idioma más universal. Esto en primer término. En segundo lugar, cuando Vladimir Bartol escribió su novela "Alamut" los ejércitos nazis avanzaban en la invasión hacia los cuatro costados de Europa. Entonces, como la novela se tiñe de un inevitable tinte político y ante la inquietud de cómo evadir la posible censura, Bartol tramó su argumento en un lenguaje evidentemente alegórico. Seguramente cuando el autor yugoslavo escribió "Alamut" el significado político oculto tras el relato en forma de alegoría, sería acaso lo fundamental de la novela.
Hoy no. El lector actual, prescindiendo del sentido político e histórico, lee la novela de otra manera, quizás un poco más ingenua, más inmediata, pero en donde la calidad literaria atraviesa la prueba de la supervivencia.

La acción se desarrolla en 1902, en el norte de Irán, en una fortaleza llamada Alamut. El gran señor de una secta chiíta ha creado en la ciudadela dos espacios ampliamente diferenciados. En el primero, de arquitectura agradable y bellos jardines, habita, en un mundo casi irreal, un verdadero harén de ninfas hermosas, protegidas por fuerte eunucos. Ellas retozan allí, ríen, se divierten y estudian artes superficiales.
En otro lado de la fortaleza, un ejército de fanáticos se entrena al servicio del sultán, con pasión ciega y suicida para atacar al Imperio Turco. Entre las dos partes de la ciudad se crearán lazos simbólicos, en el límite de la irrealidad y la fantasía y que en algún aspecto entroncan con la imaginativa literatura oriental de la antiguedad. Y es que el encajonamiento del relato, aunque lleva una sucesión temporal lineal, evoca episodios del clásico "Mil y una noches".

Con una idea edónica del paraíso, el gran sultán Hassan Ibin Saba, anticipa a sus fedayines lo que habrán de ser los goces del celeste lugar, con la promesa de que al regreso de las conquistas en tierras turcas, tras su muerte, habiendo merecido el paraíso, estarán por toda la eternidad en aquel lugar lleno de delicias sin fin.

Como Vladimir Bartol fue filósofo, sicólogo, biólogo e historiador de las religiones, utilizó este saber en forma creadora al entretejer en su novela especulaciones de tipo filosófico, discusiones doctrinarias, incluso teorías del conocimiento, con descripciones aventureras y visiones sensualistas, en un mundo asaz fantasioso.

Cuando Bartol escribió "Alamut", en 1938, las sombras de Stalin, Hitler y Mussolini se proyectaban como verdaderas amenazas sobre el mundo entero. Entonces Bartol hizo de ellas la clave oculta de la narración, pero también presintió el terrorismo islámico.

Como testimonio de una época de grandes conmociones y como premonición del fanatismo religioso fundamentalista, "Alamut" ocupa un lugar importante en la historia de las letras del siglo XX.-

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