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| 3/24/2012 12:00:00 AM

De festivales y paseos

Colombia entra en la dinámica de los festivales que ofrecen experiencias artísticas y de convivencia. El más reciente es Estéreo Picnic, que se celebra esta semana.

El próximo viernes 30 de marzo, una explanada ubicada a la altura de la calle 213 bogotana se llenará de carpas multicolores. Esas carpas han sido, desde hace tres años, el símbolo espontáneo de una tribu que busca disfrutar de un festival que incluye música, comida, un mercado cultural y hasta una pequeña muestra de cine. El Estéreo Picnic, como lo han llamado, promete ofrecer un vistazo a aquello tan difícil de definir que es 'la vanguardia': artistas como Tinie Tempah, TV on the Radio, MGMT, Cassius, Yuksek… En el fondo, lo llamativo no es que vengan estos músicos, sino que el fenómeno de los festivales llegó para quedarse.

Así como los musulmanes tienen su Meca o como el poeta griego Kavafis soñaba con la isla de Ítaca, las juventudes de todas partes participan todos los años en peregrinaciones a festivales de música. Monterey y Woodstock fueron los primeros. Quienes piensan que después de aquellos eventos no ha habido nada igual se quedaron, sin duda, en una psicodelia congelada.

En Colombia, desde hace casi dos décadas, hemos tenido en Rock al Parque el equivalente de esas experiencias tribales poderosas, si bien el festival está enclavado en la ciudad. Al parecer Estéreo Picnic, con su ubicación en los extramuros de Bogotá, cumple con el cometido adicional: debe estar implicado un viaje, un "camino lleno de aventuras, lleno de experiencias", para seguir evocando a Kavafis. Uno de los socios del evento, Sergio Pabón, destacó en una conversación anterior que Estéreo Picnic es un festival que permite caminar: "Es menos multitudinario y tiene una curaduría más pendiente de lo que sucede en los actuales festivales alrededor del mundo".

El profesor de estudios culturales George McKay (la persona que más ha investigado el fenómeno de los festivales desde la perspectiva académica) va un poco más allá en sus recientes declaraciones a la BBC: "Una buena parte de la promesa de los festivales es la libertad: estar al aire libre con gente parecida, buscando la misma relajación o el mismo exceso. La gente va a festivales por la experiencia masiva, la música es secundaria".

Pero no seamos tan displicentes, con la música. Sin duda, la programación de las dos tarimas es la oportunidad de apreciar propuestas sonoras que le apuestan a definir la vanguardia y de comparar lo que el término significa en distintos países. El caso del grupo colombiano Monsieur Periné es muy interesante: hace un año, cuando eran más bien desconocidos, llevaron al Estéreo Picnic su propuesta de mezcla de jazz estilo Dixieland con chanson francesa. Hoy son tema obligado entre las generaciones que, por cuestión cronológica, no sabían qué eran el Dixieland ni la chanson. Antes de salir para Nueva York, donde iban a presentarse en un famoso club de música latina, me contaron sus impresiones del evento que los vio crecer: "El festival abre una experiencia en la que se juntan propuestas gigantes con propuestas jóvenes en la misma tarima. De eso se aprende mucho".

En fin, una experiencia sonora recomendable. No es todavía el 'mini-Coachella' que un fanático obnubilado quiso ver en un documental que circula en internet, pero sí un buen plan de fin de semana y un evento que ayuda a enfocar las preferencias musicales de quienes no quieran quedarse congelados en la psicodelia.
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