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| 12/26/1983 12:00:00 AM

DE LA LIBERACION POLITICA A LA FEMENINA

¿Qué papel juegan las milicianas en la sociedad sandinista post-revolucionaria?

Este libro escrito por Jane Deighton, Rossana Horsley, Sara Stewart y Cathy Cain, todas de la campaña de solidaridad con Nicaragua en Londres, consigue hacer un recuento inteligente y claro del proceso político, social y económico de Nicaragua, desde la caída de Somoza hasta este año (1983). Lo más interesante es que el proceso es visto con ojos nuevos, ojos críticos, los ojos de las mujeres británicas y nicaraguenses. Las cuatro británicas, educadas en la tradición feminista de este país, intentan dar una opinión sobre lo que la mujer nicaraguense siente y piensa.
Para esto, ellas utilizan entrevistas con mujeres no sólo de la dirección de AMNLAE (Asociación de Mujeres Nicaraguenses Luis Amanda Espinosa) sino también de mujeres comunes y corrientes, del sindicato de trabajadoras domésticas, de campesinas, de operadoras de cooperativa y de mujeres del mercado, entre otras. El objetivo es penetrar la contradicción entre los objetivos de la revolución sandinista y las necesidades de igualdad de la mujer.
Lo primero que salta a la vista es cómo a diferencia de los cubanos, los líderes sandinistas están afirmando que ambas liberaciones parecen estar ligadas de alguna manera, y que la liberación política no necesariamente garantiza la liberación de la mujer.
La pregunta que surge es, pues, ¿en qué se diferencia el proceso nicaraguense del cubano? La respuesta está dada a través del libro. La mujer en Nicaragua tomó parte activa en la lucha de liberación, formó milicias, combatió en las batallas y creó comandantes. Su participación en la lucha armada le dio "respetabilidad" a los ojos de la revolución, la que le permitió tener "palanca" para después, en la reconstrucción, tener representatividad en el Consejo de Estado.
Esta es, tal vez, la diferencia más grande entre el proceso nicaraguense y el cubano. Las milicianas no sólo eran sandinistas sino también parte de la Asociación. De ellas surgió la idea de integrar la mayor cantidad de mujeres posibles a la revolución; primero combatiendo, más tarde reconstruyendo. La Asociación, que comenzó como Ampronac tiene hoy 30.000 afiliadas y unos 700 comités en todo el país. La actitud integracionista de la Asociación es afín a la de las mujeres cubanas y su visión del feminismo es de la misma forma "ortodoxa".
Para ellas el comienzo de la liberación es la integración al trabajo productivo y la política y los objetivos de la Asociación son dedicados a solucionar los problemas que hacen esta integración difícil, como son el cuidado de los niños, la alfabetización, los servicios de salud y el entrenamiento militar.
Las contradicciones no se dejan esperar. Lo primero y más importante es: ¿qué se entiende por integración a la producción? Como lo aclaran las autoras, no es que la mujer no trabaje (48% de la población trabajadora son mujeres) sino que su trabajo es invisible, en areas donde la productividad es baja, el pago mínimo, las condiciones pésimas. Y ni las estadísticas ni el marxismo ortodoxo consideran este trabajo como productivo. Así que la conclusión obligatoria es pues que la mujer necesita entrar en las áreas de trabajo productivo en las cuales los hombres han dominado. Y, aunque la conclusión es clara para el colectivo de escritoras no lo es así para un gobierno que tiene necesidades de reconstrucción. Estas necesidades tiran para otro lado, Nicaragua necesita mayor productividad y eficiencia, y aunque los esfuerzos de alfabetización de las mujeres y de incremento a la educación se han dejado sentir (el índice de alfabetización subió 62%), las necesidades económicas no permiten experimentos riesgosos. En otras palabras no existen las condiciones económicas para impulsar "la productividad femenina". Lo único que se ha logrado en concreto es una legislación que prohibe la discriminación en el trabajo, pero que no la impide.
El libro da ejemplos; una finca en Matagalpa, de café, en la cual un intento de igual trabajosalario igual ha sido saboteado por los mismos hombres que se niegan a trabajar por el mismo salario que las mujeres. Todo esto recuerda la Cuba de hace 20 años. La otra tesis es la de la socialización de los servicios para permitir que la mujer aumente su productividad, ya que es evidente que la falta de productividad de la mujer radica en su doble rol de madreama de casatrabajadora.
El libro es claro en demostrar con datos y documentos cómo, en la marcha, la mujer puede lograr un porcentaje de desarrollo--junto con la población en general--pero a largo plazo y a pesar de los intentos de "reeducación", ésta se reduce a esperar que la mujer aumente su capacidad de trabajo--se espera que ella milite, trabaje y continúe de ama de casa y sobre todo madre--mientras que se hace poco o casi nada por reeducar al hombre en compartir los oficios domésticos para que la mujer pueda capacitarse mejor.
No dejamos de pensar que las motivaciones de los movimientos políticos dominados por los hombres hacen imposible una visión más clara para con los asuntos de la mujer, pero por otro lado la economía que depende del trabajo feminino invisible y que no está dispuesta a tomar el trabajo del hogar de manos de individuos para colectivizarlos terminará dependiendo de una fuerza de "esclavas".
María Mercedes Uribe de Davidson desde Londres, especial para SEMANA -
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