Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1987/12/21 00:00

DE LA VIDA Y DEL AMOR

En su último libro, "De goces y desvelos", Roberto Burgos retoma el hilo de personajes e historias de sus otras novelas.

DE LA VIDA Y DEL AMOR

Encarnación Mancera era una muchacha morena que nació en San Cayetano y después de ganarse la vida vendiendo dulces por la calle y trabajando como sirvienta en una casa del barrio Manga, en Cartagena, se empleó como camarera en un restaurante para camioneros donde sólo ofrecían tres platos: sopa de mondongo, sopa de pescado y guartinaja guisada. Sería allí, en la penumbra calurosa de un amanecer de mayo, donde caería enredada en los manglares del deseo, la sofocación, la impaciencia y los celos salvajes de un hombre a quien todos llamaban Don Sofro. Tomada por la fuerza, descubriendo el lado áspero, sucio y desagradable del amor, se convierte en una obsesión para un hombre que le seguirá a todas partes, la usará muchas veces mientras ella, indiferente al apremio y convencida de no llegar a quererlo jamás, va tejiendo la trama sangrienta en la cual ambos se hundirán varios meses después. Para Don Sofro, abrir su cuerpo hermoso y tierno con un cuchillo ancho, será la única expiación posible, será el único modo de quedar tranquilo.
Esta muchacha, víctima de los celos, es la protagonista del cuento "Encarnación Mancera mi negra del alma", uno de los cuatro relatos del libro "De goces y desvelos", la tercera obra que publica Roberto Burgos Cantor. Los otros cuentos se llaman "Alba Marina se fue", "Emérita Pertuz, mi tirana, llora frente al mar" y "Con las mujeres no te metas o macho abrázame otra vez". En estos relatos (por su extensión podrían ser llamados "novellas"), los hombres y las mujeres que andan enamorados llegan a la misma conclusión: el amor siempre produce dolor, angustia, soledad, cansancio, vacío y la única forma de enfrentarlo es con el olvido o la muerte. Algunos prefieren el sueño o mejor, las pesadillas, otros apelan a un humor negro y cínico y pasan por locos mientras el mundo se cae a pedazos. Alrededor de estos hombres y mujeres, el espectáculo de una ciudad como Cartagena que no se parece a ninguna otra y con ella, los animales (especialmente peces y pájaros), la comida (en todas sus manifestaciones dulces y saladas), los sitios determinados (las piedras se reblandecen bajo el sudor, la saliva, el agua del mar, los recuerdos de los enamorados y otros elementos corrosivos), y una carga de erotismo que convierte estos cuentos en manifestaciones impúdicas y gozosas.
Estos amantes que mueren y matan vienen de los otros dos libros del autor: los cuentos de "Lo Amador" y la novela "El patio de los vientos perdidos". El primero muestra una visión fresca, ingenua en ocasiones, juvenil y agresiva en torno a una ciudad que los personajes descubren a su manera, boxeadores, vendedores ambulantes, rameras, choferes, políticos asesinados, obreros, escritores y reinas de belleza entre otros oficios. La novela es la suma de todos esos desvelos, todas esas angustias, materializados en la enorme casa de placeres públicos de Germania, memoria colectiva de una ciudad donde el pecado se ejerce con encanto. Por eso, este tercer libro se puede leer como una continuación de personajes, situaciones e historias ya conocidos. Es el mundo propio de un escritor echando mano de la nosltalgia y los sentidos.

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