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| 4/15/1996 12:00:00 AM

DE LUCES Y SOMBRAS

UNA VIUDA NEGRA Y UNA GUAJIRA ILUMINADA ABREN CON BROCHE DE ORO EL AÑO DE LAS TELENOVELAS COLOMBIANAS.

De luces y sombras Una 'Viuda negra' y una 'Guajira iluminada' abren con broche de oro el año de las telenovelas colombianas. Después de un año de soportar las inconsistencias de María Bonita y las insoportables cursilerías de Eternamente Manuela parece haber de nuevo esperanzas para esta franja, pues las torpezas de estas dos últimas producciones lograron desperdiciar el encendido récord de 90 puntos logrado durante la época de Café y Las aguas mansas. Sin embargo las oscuridades de la tórrida Viuda de Blanco y la exuberante luz de la naturalista Guajira vuelven a presentar un mano a mano interesante. Ambas telenovelas, con sus diferentísimas soluciones, tienen raigambre en el mejor melodrama colombiano. La viuda, por su parte, presenta la obra clásica de un Julio Jiménez claro, definido en sus convicciones y que vuelve a echar sus cartas esotéricas, teatrales y tremendistas en una historia compacta y dirigida. Y de otro lado está Fernando Gaitán, la gran revelación de los 90, con su apuesta por la realidad, los vericuetos del alma empresarial nacional y su búsqueda de los rostros humanos del melodrama. A pesar de que Guajira no ha podido desprenderse del aroma de Café, hasta el momento ha ofrecido un excelente producto. Las referencias a su fenomenal predecesora son inevitables, tanto de parte de los espectadores como de los mismos creadores, quienes conscientemente siguieron el mismo camino al decidirse por otro renglón económico del país como el carbón. Sin embargo, a pesar de ciertas similitudes, Guajira está explorando nuevas vertientes y riesgos. Al contrario de Café, su gancho no se basa en el ascenso social de la protagonista ni en la imposible consumación del amor romántico. En este caso el camino es de vuelta, al presentar a sus personajes principales en la cúspide de la pirámide social y ya enamorados. Tal vez el conflicto sólo se desencadene con la pérdida de un equilibrio que en Café sólo emergió al final. La otra gran innovación está en haberse decidido por una cultura, como la indígena y la del carbón, que transcurre al margen de los grandes centros del país, mientras el mundo del café hacía parte de su médula. Sin embargo el manejo de ese mundo desértico, de clanes, venganzas y marimba hasta el momento ha ofrecido una visón real y, ante todo, ha sido explotada magistralmente por una fotografía inédita que ni siquiera tiene un antecedente de tal calidad en el cine. Aunque hasta el momento el rating ha favorecido a La viuda, la competencia apenas empieza. Y en este caso el espectador será el ganador y no el perdedor, como el año pasado, cuando la calidad no se vio por ningún lado.
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