Martes, 24 de enero de 2017

| 1997/08/25 00:00

DE MAS A MENOS

Con Pablo Picasso a la cabeza, la Biblioteca Luis Angel Arango, de Bogotá, presenta por estos días la exposición Cuatro décadas de pintura francesa. Análisis de Eduardo Serrano.

DE MAS A MENOS

En la Biblioteca Luis Angel Arango se presenta una importante exposición proveniente del Centro Georges Pompidou de París, conformada por ejemplos representativos de la pintura francesa en la segunda mitad del siglo XX. La muestra combina obras de grandes maestros de la modernidad cuyos aportes a la historia del arte son reconocidos unánimemente con trabajos de carácter más local que ofrecen al observador la oportunidad de comprobar la vertiginosa decadencia no sólo de la figuración sino de la pintura en general como medio de expresión artística en las postrimerías de esta centuria.Las obras más llamativas de la exposición son, desde luego, los dos lienzos de Pablo Picasso, los cuales versan sobre uno de sus temas favoritos: el desnudo femenino. Aunque Mujer acostada sobre un diván azul fue realizado en 1960, posiblemente en el castillo de Vauvenarges, mientras que Mujer orinando fue ejecutado cinco años más tarde y probablemente en la villa de Mougins, donde vivió la mayor parte de sus últimos años, las dos pinturas están claramente relacionadas en espíritu y ejecución, poniendo de presente la espontaneidad característica de algunos períodos de su extensa producción así como un franco y sugerente gestualismo. Ambas obras resumen buena parte de los aportes de Picasso a la pintura puesto que en ellas es reconocible su convicción de que el arte debe ser más conceptual que visual, y también su énfasis en el análisis y la síntesis de las formas. Igualmente son excepcionales las dos obras de Balthus (Balthasar Kossowski), un artista que se mantuvo alejado de los raciocinios que dieron pie a los movimientos vanguardistas y que se cuenta entre los pocos grandes pintores de la figura humana en el siglo XX. En uno de sus lienzos, El bañista (1960), el protagonista es un adolescente, pero en Mariposa nocturna (1960), como en la mayoría de sus pinturas, la figura central es una niña de pubertad incipiente y cuya consideración como objeto sexual trae a la memoria a Lolita, el personaje de Vladimir Nabokov. A pesar del erotismo que imbuye a las figuras, sus representaciones no son obscenas sino silenciosas y como congeladas en escenarios misteriosos que incrementan la tensión entre las formas clásicas y la inocencia inquietante de sus personajes. De gran repercusión en la pintura de este siglo han sido igualmente las obras de Jean Dubuffet, un artista que se opuso a todo conocimiento establecido, que consideraba la incoherencia y el analfabetismo como principios poéticos y que encontró en el arte de los niños y los enfermos mentales su principal inspiración. En la exposición se incluyen tanto trabajos de la serie La Hourloupe de los años 60 que semejan rompecabezas de mapas, como algunas obras posteriores que patentizan las razones por las cuales se le considera el precursor del arte del graffiti. Su obra es enemiga de la belleza ortodoxa y sienta las bases para reflexiones artísticas de vigencia contemporánea que ponen en duda las capacidades intelectuales del ser humano para comprender el universo.Otros pintores representados en la muestra y que han alcanzado un reconocimiento internacional son Jean Hélion y Martial Raysse, aunque en sus trayectorias ya se vislumbran las dudas y contradicciones que han rondado a la pintura en las últimas décadas. El trabajo de Hélion fue primero abstracto y originado en planteamientos constructivistas, pero paulatinamente fue tornándose figurativo hasta desembocar en un realismo que se ilustra en la exposición con La gran maniquinería (1951). En sus últimos lienzos hay cierta intención de documento laboral, pero el óleo es aplicado con fruición y el color es fuerte y plano. Las primeras obras de Martial Raysse se relacionan en cambio con el pop debido a su empleo de objetos cotidianos, elementos de plástico y luces de neón, pero este artista también se dedicó en los últimos años a un tipo de pintura más convencional, produciendo trabajos como los que se exhiben en la Biblioteca, en los que escenas anecdóticas parecen desvanecerse a medida que la representación se acerca a los bordes blancos de los lienzos. Impactantes por su técnica y tamaño son las pinturas realizadas sobre carteles desechables de Jean Charles Blais, en los cuales los personales monumentales se dirigen hacia fábricas cuya pesada arquitectura y ominosa contaminación se despliegan en el fondo. Son obras que producen la impresión de tratarse de detalles de representaciones aún más grandes puesto que parecen rasgadas arbitrariamente, pero en algunas como Sentado en rojo (1984) la forma del soporte se ajusta a la figura permitiendo ver todas sus formas. El trabajo de Blais no se limita a producciones planimétricas como las que se presentan en esta ocasión en Bogotá, sino que incluye instalaciones que subrayan la necesidad de los artistas de hoy de buscar nuevas formas, espacios y materiales para la expresión de sus visiones y argumentos.El hecho de concentrarse en la figura dejó por fuera de esta exposición ejemplos del nuevo realismo y el minimalismo en Francia, movimientos que encarnan gran parte de la creatividad pictórica de las últimas décadas y que cuentan entre sus seguidores nombres de la significación de Ives Klein y Daniel Buren, y tal vez estas ausencias sean las responsables de que a medida que se avanza en el recorrido de las salas la importancia de las obras decaiga tan notoriamente. Las pinturas de Gilles Aillaud presentan animales en reposo en el pequeño espacio que se les asigna en el zoológico y tienen un aura de misterio y de respeto que las hace sugerentes y atractivas, mientras que las representaciones de Gérard Gasiorowski permiten vislumbrar sus orígenes rituales y su deuda con la historia, pero es claro que las obras de estos artistas no alcanzan las trascendentales implicaciones de los plan-teamientos de Picasso o Dubuffet ni habrán de resultar definitivas para el devenir del arte.Otro tanto puede afirmarse de los trabajos de François Rouan, en los cuales se reconocen fragmentos anatómicos entre manchas y pinceladas sueltas, o de los grandes óleos oscuros y matéricos de Gérard Garouste, o de las pinturas coloridas y graciosas de Robert Combas, haciéndose evidente que la muestra va de más a menos, pero no por falta de talento de sus integrantes para la representación figurativa, sino porque cada vez son más reducidas las posibilidades de la estética pictórica ante el empuje de nuevas maneras de expresión cuya ambición y libertad reflejan de manera más cercana las inquietudes de la sociedad contemporánea.'Cuatro décadas de pintura francesa en torno a la figura' es una exposición que deslumbra porque contiene trabajos representativos de la genialidad de grandes maestros, pero que también acongoja al permitir comprobar el estéril empeño de encontrarle validez artística a un medio que parece haber perdido la voz para transmitir los intereses conceptuales, sociales, políticos y espirituales que ha traído consigo el final de este milenio. La banalidad de la mayoría de los trabajos presentados y su divorcio de las expectativas artísticas de hoy, cuando el formalismo y el esteticismo carecen de sentido, pone al descubierto las razones por la cuales los más jóvenes artistas, no sólo de Francia sino de todo el mundo, intentan ensanchar a toda costa las posibilidades creativas y expresivas que les brindan el lienzo y los pinceles.

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