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| 4/4/1994 12:00:00 AM

DE MI TIERRA BELLA

El premio Grammy a Gloria Estefan es la confirmación de que la música latina está imponiéndose otra vez en el mundo anglosajón.

LA FIEBRE POR LA música latina comenzó en Estados Unidos el 18 de julio de 1929. Ese día, en los estudios de la RCA Víctor en Nueva York, una orquesta dirigida por el cubano Don Aspiazu grabó por primera vez El manicero. Al frente de los micrófonos estaba Antonio Machín, quien recién llegaba de Cuba huyendo de la mala vida. Su interpretación de las estrofas de Moisés Simmonds -"Caserita no te acuestes a dormir, sin comerte un cucurucho de maní"- lo convirtieron en leyenda.
A partir de ese momento las empresas discográficas estadounidenses se interesaron por un mercado hasta entonces desconocido. Representantes de las casas disqueras de Nueva York viajaron a países latinoamericanos con el fin de buscar talentos. En Cuba los dos más importantes sellos fonográficos de Estados Unidos libraron una batalla por quedarse con el mercado musical. Tras una puja inusual, la RCA Víctor se quedó con el Trío Matamoros y la Columbia con el sexteto Occidente. En 1987, en un documental del realizador cubano Constante Diego, Ciro Rodríguez -miembro del famoso trío- recordó cómo la Víctor los había tentado con una oferta irrechazable: ocho dólares por cada canción grabada.

LOS REYES DEL MAMBO
En Nueva York grupos de músicos cubanos, puertorriqueños y hasta colombianos comenzaron a formar un importante movimiento musical. Nano Rodrigo, un tumaqueño emigrado a Estados Unidos en 1935, fue el líder de una orquesta que popularizó el ritmo de congas; a su turno, los cubanos Frank Grillo 'Machito', Chano Pozo y Mario Bauza, se unieron con los legendarios Charlie Parker y Dizzie Gillespie en memorables grabaciones experimentales que dieron origen al latin jazz. Pero sería 1953 el año en que lo latino se apoderó de los anglosajones. Pérez Prado se impuso con sus célebres mambos.
La fiebre fue de tal dimensión que hasta los propios cantantes estadounidenses incursionaron en este ritmo inventado por Orestes López en 1933. Perry Como grabó Papa loves mambo, Bill Haley y sus cometas Mambo rock y Nat King Cole hizo lo suyo con El bodeguero y Ay cosita linda, el merecumbé de Pacho Galán. Esa pasión por lo latino se dejó entrever en otros músicos estadounidenses: Duke Ellington grabó del puertorriqueño Juan Tixol el famoso tema Caravana, y el mismo Gillespie inmortalizó al cubano Chano Pozo con su composición Manteca.
Sin embargo, después de la década de los 50, si bien el tango continuó popularizándose, la aparición del rock and roll, la revolución cubana y el desinterés consecuente que mostraron las empresas disqueras estadounidcnses hacia lo latino, relegaron al olvido casi 30 años de dominio musical. En los años siguientes, solo el bossa nova -de origen brasileño- ocupó la atención en los mercados estadounidenses y europeos.
Aunque el rock desplazó el interés por la música latina en Estados Unidos, el movimiento iniciado por Don Aspiazu en 1929 continuó desarrollándose. En 1970 orquestas como las de Pete Rodríguez y el Gran Combo de Puerto Rico, intentaron penetrar de nuevo al mercado estadounidense con el llamado boogaloo, una mezcla de rock y guajira cubana cantada en inglés que fue flor de un día.

MIAMI SOUND MACHINE
En 1974, mientras la Fania All Stars -la orquesta madre de la salsa- se encontraba en su apogeo, un inmigrante cubano domiciliado en Florida, Emilio Estefan, creó un conjunto llamado Miami Latin Boys que más tarde sería Miami Sound Machine, agrupación pionera del pop-afrocubano-spanglish en el sur de Estados Unidos.
Bajo la figura sensual y rítmica de su cantante Gloria María Fajardo, Miami Sound Machine acaparó así un público latino, estadounidense y europeo. Conga, No te olvidaré y Oye mi canto fueron sus primeras canciones. No llegaron al primer lugar, pero lograron llamar la atención porque tenían un sonido nuevo en el mundo del pop, que fusionaba ritmos latinos con armonías típicas de la música estadounidense. El éxito llegó, de todas maneras. En 1988, Miami Sound Machine triunfó en la entrega de los Premios Grammy en las categorías de música latina. Pero aunque el grupo se consolidó en los mercados internacionales, se alejó del público hispanoparlante.
La solución no pudo ser mejor. Para retornar al mercado latino, Gloria Estefan y su esposo Emilio iniciaron en 1989 un proyecto para grabar viejas canciones cubanas al estilo de los años 30 y 40. Tras cinco años de madurar la idea, buscaron a los mejores músicos, a aquellos que habían contribuido al desarrollo de la música afrocubana o afrocaribe y le solicitaron al compositor colombiano Estéfano que hiciera varios temas. En julio del año pasado convocaron a una rueda de prensa en Miami y dieron la noticia.
Lo demás es historia: Mi tierra debutó en el puesto 40 de los álbumes más vendidos según la revista especializada Bilboard y, de paso, lo hizo en el primer lugar de la lista latina de esa publicación. Hoy se encuentra en el quinto lugar del mercado anglosajón y continúa en los primeros lugares de América Latina. Gracias a Mi tierra, viejas y nuevas figuras de la música hispana se reencontraron para una grabación: Tito Puente, el legendario timbalero neoyorquino; el bajista cubano Israel López 'Cachao' -su hermano inventó el mambo-; el virtuoso trompetista cubano Arturo Sandoval, considerado uno de los mejores del mundo; la conguera chicana Sheila E., y el saxofonista Paquito de Rivera.
Pero lo más importante, quizás, es que con Mi tierra el mundo anglosajón comienza a vivir otra vez la fiebre por la música latina. Durante la premiación, el pasado primero de marzo, los asistentes al Radio Music Hall, de Nueva York, ovacionaron a Gloria Estefan durante cinco minutos. Para ella, lo primordial es que se le rindió un tributo musical no solo a Cuba -su patria- sino a todo el continente latinoamericano.-
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