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| 5/11/1998 12:00:00 AM

DE MODA

Hasta el príncipe Carlos cultiva y vende alimentos biológicos.¿De qué se trata?

Del campo a la cocina Andre Domine
Traducción: Mibuel Storch y Angeles Gil Köneman Editores, Colonia,
1997 $ 80.000
En días pasados el insólito Carlos de Inglaterra sorprendió otra vez con un proyecto poco usual en un príncipe: cultivar verduras y venderlas a sus vecinos. La clave está en que tales cultivos serán biológicos. ¿De qué se trata? Una obra, que acaba de llegar a las librerías del país, viene como anillo al dedo para conocer y entender la nueva moda que invade las granjas de los países ricos. Del campo a la cocina tiene 480 páginas, de formato grande y lujo en tamaño, papel, fotografía, diseño y color.
Según se concluye al leerlo y saborearlo en la imaginación, la agricultura biológica plantea un nuevo estilo de vida, basado en la alimentación sana. Como tal se entiende aquella en la que para producirla no se han utilizado productos químicos y han sido respetados los ciclos biológicos. En esencia esta agricultura alternativa considera el suelo, las plantas, los animales y el hombre como un conjunto, cuyas partes se complementan entre sí.
Las granjas que la utilizan renuncian a los altos rendimientos de producción, en beneficio del medio ambiente y de la calidad nutritiva de sus productos. La agrobiología se inició a comienzos de este siglo y cuenta con varios pioneros, 10 de los cuales son destacados en esta obra. Y ahora al grano. La utilidad de este libro es múltiple: sirve a agricultores, cultivadores de huerta, expendedores de alimentos, cocineros y amas de casa. Y a golosos preocupados por la salud. Divide el material en nueve partes: cereales, fruta, hortalizas, aceite, vinagre y sal, miel y azúcar, carnes, aves y huevos, pescado, lácteos y finalmente bebidas.
De cada uno de estos productos muestra las variedades, los valores nutricionales, la manera de producirlos, consejos prácticos, anécdotas e incluso la historia de algunos. Y luego, la parte más extensa: una colección de recetas fáciles y novedosas, todas ceñidas al concepto de lo sano y lo natural.
Aburridas serían las 480 páginas con este material si no estuviera apoyado en magníficas fotos con leyendas claras y concisas y un diseño ágil y atractivo. Queda por enunciar mi propia conclusión, querido D'Artagnan: comer sano no parece ser tan aburrido. Pero subsiste una inquietud: ¿habrá fritanga biológica?
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