Martes, 21 de febrero de 2017

| 1990/03/26 00:00

DE MUJER A MUJER

Una historia de mujeres en el sur de los Estados Unidos en la lista de candidatas al Oscar.

DE MUJER A MUJER


En los pequeños pueblos del sur norteamericano a las mujeres las llaman "flores de acero" porque son duras, enérgicas, tiernas y valientes. Esta película del veterano Herbert Ross (lleva 21 largometrajes que han merecido 44 nominaciones a los Oscares, entre ellas "La chica del adiós", "Play it again Sam", "Footlose" y "The turning point"), cuenta la historia de seis mujeres sureñas, seis flores de acero quienes comparten lágrimas, risas, noviazgos, matrimonios, nacimientos, muertes y otros acontecimientos domésticos dentro de un lenguaje cinematográfico que sabe combinar, como pocas veces, el humor y el dolor, la alegría y la desesperación.

"Flores de acero" se desarrolla en un pueblo llamado Natchitoche, con 20.000 habitantes, una calle principal, una barbería, una funeraria, una escuela primaria y otra secundaria, un cine, un salón de belleza, una alcaldía y una iglesia. Alrededor de estos sitios avanza la existencia a veces monótona de estas familias, cuyas mujeres se reunen una vez a la semana en ese salón de belleza a intercambiar rumores, confirmar chismes y conocer versiones sobre divorcios, peleas y matrimonios.

La historia está basada en acontecimientos y personajes reales, relacionados con la familia del escritor norteamericano Robert Harling. La película fue rodada en ese mismo lugar y algunos de sus habitantes, protagonistas secundarios del drama, aparecen interpretándose a ellos mismos .

Harling era muy joven cuando su hermana Susan y su madre Margaret atravesaron un auténtico infierno porque la muchacha estaba muy enferma. Cuando muere, Harling siente que debe escribir, como sea, esa historia, reflejar ese drama, reconstruir esas relaciones que se establecen entre las dos mujeres y el resto de la comunidad. Se sentó en la máquina y durante diez días escribió sobre el mundo que conocía, los personajes que lo habían rodeado desde niño y las circunstancias penosas que todos compartieron. La pieza de teatro que surgió de ese encierro se convirtió en una de las obras más exitosas del circuito no comercial de Broadway. Entonces le pidieron que escribiera el guión para la película.

Es un universo cerrado donde todos conocen a todos, donde no hay el menor secreto, donde en medio de peleas que al día siguiente son olvidadas, van pasando de generación en generación los elementos del humor negro y la tragedia, alimentados en cualquiera de los rincones del pueblo.

Los personajes son frescos, cotidianos, auténticos. El espectador se topa con M'Lynn (Sally Field), ama de casa que maneja el hogar y el marido díscolo con entereza; está también su hija Shelby (Julia Roberts, ganadora del Globo de Oro por este papel y nominada al Oscar por el mismo personaje), muy hermosa y quien al casarse y quedar embarazada, no debiendo hacerlo, cambia la rutina del pueblo; Truvy (Dolly Parton), la dueña del salón de belleza, ambiciosa y rubia amante de los chismes de todas las mañanas; la envejecida y siempre furiosa Ouiser (Shirley McLaine), peleando con todos, siempre con un perro que destroza jardines y fuentes, enemiga de pájaros y niños, aparentemente la más endurecida de las seis mujeres, Clairee (Olimpia Dukakis), la viuda del alcalde, elegante y fría, distante y manipuladora; Annelle (Daryl Hannah), la chica sin pasado --con cuya aparición comienza la película--, larga y desmañada, anda en busca de empleo y más tarde se convierte en una fanática religiosa.

Con esos seis personajes (los hombres en la historia son secundarios, porque sólo producen dolores y lágrimas y pesares), Herbert Ross ha contado, con mucho tacto, un drama que mantiene una carga de humor negro en buena parte de su historia, hasta desembocar en el drama que sacude al espectador. Algunos la comparan con películas familiares como "Kramer contra Kramer" o "La fuerza del cariño". Tienen razón. También es manipuladora de los sentimientos del espectador, quien asiste a ese anudar y desanudar de emociones, a ese juego de amor y rechazo, a ese proceso de simbiosis entre seis mujeres para quienes los problemas de las demás son los suyos. Miran el mundo desde el cristal manchado de ese salón de belleza, auténtico microcosmos de una humanidad a la que le duele reírse de sus propias penas aunque celebren una boda con 500 rosas gigantes.--

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