Sábado, 20 de septiembre de 2014

| 2013/08/10 03:00

De la pasarela al museo

Cada vez son más frecuentes las exposiciones dedicadas al diseño de moda. La alta costura se toma, con éxito, los grandes espacios de exhibición de arte.

Las creaciones de Marc Jacobs adornaron el año pasado las salas del Museo de Artes Decorativas de París.

Hasta hace poco a nadie se le ocurría comparar un retrato de Rembrandt con un abrigo de Alexander McQueen o una escultura de Rodin con unos zapatos de Yves Saint Laurent. Pero, como es bien sabido, en el arte las ideas cambian radicalmente y no hay verdades absolutas. La prueba es que hoy los grandes museos del mundo se pelean por tener en sus salas artistas con apellidos como Prada, Versace o McQueen.

El fenómeno, desde luego, no es nuevo. La moda, en particular la alta costura, siempre ha sido considerada una actividad artística. Sin embargo, desde hace unos cuantos años los más prestigiosos curadores han decidido librarse de las ataduras académicas y buscar más allá del canon. Se han acercado a la historia del vestido desde un punto de vista artístico, antropológico y sociológico. Algunos museos han organizado gigantescas retrospectivas dedicadas a la moda y sus grandes autores lo que, obviamente, ha generado un gran debate.

Una de las primeras tuvo lugar en 1983, cuando el Metropolitan Museum of Art de Nueva York organizó, por primera vez, una muestra dedicada a un diseñador vivo, Yves Saint Laurent, curada por Diana Vreeland, editora de Harper’s Bazaar y Vogue. De inmediato los críticos de arte saltaron: acusaron al museo de poco rigor histórico, de perder su rumbo intelectual y de caer en el entretenimiento de masas. 

La controversia se agitó aun más en 1999, cuando otro de los grandes museos neoyorquinos, el Guggenheim, anunció una retrospectiva dedicada a Giorgio Armani, y se filtró que el diseñador había donado 15 millones de dólares para apoyar la muestra. De inmediato los expertos acusaron a los directivos del museo de venderse. “Un traje de Armani no es una obra de arte. El hecho de ponerlo en un museo derrumba cualquier intento de establecer estándares estéticos, confunde al público y desordena la vida cultural”, escribió el crítico de arte Hilton Kramer. 

Pero esas críticas no parecen tener mucho eco y la tendencia no tiene vuelta atrás: la alta costura se está tomando los museos. Es importante recordar que en el proceso de elaboración de una de estas piezas –que solo se hacen para mujeres– intervienen muchas manos. 

De hecho, únicamente se hacen tres piezas de cada modelo: una para la pasarela, otra para la colección de la marca y una para alguna clienta. Los desfiles son una suerte de performance como ocurre, por ejemplo, cuando Karl Lagerfeld pone en escena cada una de sus colecciones de Chanel. Y los compradores de estas piezas, que deben estar dispuestos a pagar varios miles de dólares, se pueden ver como coleccionistas de arte.

El MET es uno de los museos que más se ha interesado en la moda como una manifestación artística y, de hecho, tiene un departamento dedicado a la investigación del tema. Además de la muestra de Saint Laurent ha organizado retrospectivas deslumbrantes como la de Alexander McQueen en 2011.

La muestra, llamada Savage Beauty y dedicada por completo al genial británico –que se suicidó un año antes– fue un absoluto éxito. El museo tuvo que extender su horario hasta las 12 de la noche todos los días e incluso abrir sus puertas el lunes, su día de descanso. Más de 700.000 personas vieron Savage Beauty y esta se convirtió en la octava muestra más visitada en los 150 años de historia del MET.

Más recientemente, el museo neoyorquino también dio de qué hablar con su exhibición dedicada al punk. Chaos to Couture, que abrió sus puertas a principio de este año, también fue muy comentada por su intención de convertir un movimiento de contracultura en un fenómeno artístico.

Pero esto no solo ocurre en Estados Unidos. En Francia, meca de la moda, se han visto exposiciones memorables. Una de las más recordadas fue la retrospectiva de Marc Jacobs en el Museo de Artes Decorativas de París, en 2012, que tuvo más de 100.000 visitas el año pasado. Así mismo la exposición Paris Haute Couture, en el Hôtel de Ville, mostró a principios de este año algunas de las piezas más impresionantes de Chanel, Balenciaga, Vionnet y Courrèges, entre otras.

Lo mismo ha ocurrido en casi todos los grandes museos del mundo, donde cada vez se ven montajes más sofisticados. El Museo Nacional de China en Beijing mostró el trabajo de Dior; el de Orsay en París organizó una muestra sobre moda e impresionismo; la Tate Gallery de Liverpool montó una exposición sobre el glam; el museo Pushkin de Moscú exhibió lo mejor de la casa Dior; el de Bellas Artes de Montreal hizo una retrospectiva de Jean Paul Gaultier; el Centro Cultural de Recoleta en Buenos Aires muestra actualmente el trabajo de Gino Bogani; y el Museo de Bellas Artes de San Francisco le dedicó una gran exhibición a las piezas de Balenciaga, por mencionar algunas recientes. 

La fórmula parece ser infalible y todos salen ganado. Por un lado, los museos reciben un público que no visitaría sus instalaciones regularmente. Las casas de moda tienen publicidad extra y su marca se valoriza. Así que, por ahora, las galerías de los grandes museos se seguirán vistiendo con lo mejor de la moda. 

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