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| 6/26/1989 12:00:00 AM

DE RUSIA CON AMOR

"La casa de Rusia", la última novela de espionaje de John Le Carré, aparece en junio simultáneamente en varios idiomas, incluido el español.

"El centinela alemán oriental disparó, muy cuidadosamente, lejos de ellos dentro de su propio sector. El primer disparo pareció empujar a Karl hacia adelante; el segundo, tirar hacia atrás de él. No se sabe cómo, seguía moviéndose, todavía en la bicicleta, al pasar junto al centinela, y el centinela siguió disparándole. Luego se dobló, rodó por el suelo, y se oyó claramente el golpe de la bicicleta al caer. Leamas puso toda su esperanza en que estuviera muerto": 26 años atrás esa escena cruel y cuidadosamente descrita por una narrador poco conocido, se convirtió en objeto de curiosidad y alegría para los amantes de la novela de espionaje y uno de sus grandes maestros, otro inglés, Graham Greene, afirmó que ese era el mejor libro de espías que había leído hasta el momento. El libro se llama "El espía que regresó del frío" y el autor John Le Carré. Desde entonces, libro y autor entraron en la leyenda.
Ahora, este hombre que tiene 57 años y vive como un recluso alejado del mundanal ruido, alimenta de nuevo el mito que lo rodea con una novela que aparecerá en junio en numerosos idiomas, incluido el castellano, con el título de "La casa de Rusia" .
Los millones de lectores que han seguido sus historias y personajes solitarios y confundidos en libros como "Llamada para el muerto", "Asesinato de calidad", "Una pequeña ciudad de Alemania", "El topo", "El honorable colegial", "La gente de Smiley", "La chica del tambor","El espía perfecto" y su malograda "El amante ingenuo y sentimental" -que nada tiene que ver con espías, traidores y cazadores de cabezas- ya deben estar felices con esta noticia porque "La casa de Rusia" tiene todos los ingredientes característicos que conforman ese mundo, esas situaciones, esos dramas que durante este cuarto de siglo han mantenido a Le Carré como uno de los escritores más leídos del mundo.
El escenario es Moscú. La época, el tercer verano de la perestroika. Todos andan confundidos, sorprendidos por los acontecimientos que se presentan a diario. Por primera vez se celebra en Moscú una feria internacional audiovisual, organizada por los británicos. Niki Landau,uno de los personajes principales de esta historia, es el representante de una editorial. Es de origen polaco, desconfía de todo el mundo y mientras está cerrando el stand que ha mantenido en la feria se le acerca una hermosa muchacha, una soviética llamada Katia, quien le pide un favor insólito: llevar a Londres el manuscrito de una amigo escritor para que lo entregue a un editor llamado Barley, Barley Scott Blair. La muchacha visiblemente tensa le dice a Landau: "Es una novela. Una gran novela. Su mensaje es muy importante para toda la humanidad. Tiene que ayudarme". Landau no lo piensa dos veces, ha quedado impresionado con la aparición de la joven y guarda el manuscrito dentro de su maletín. Regresa al hotel, llega hasta la puerta de su dormitorio y se prepara mentalmente antes de insertar la llave en la cerradura y piensa: "Ahora lo harían. Este momento y este lugar serían los mejores para secuestrarme a mí y al manuscrito". Pero cuando entra la habitación está vacía.
De ahí en adelante asistimos a un proceso irresistible de descenso al mismo infierno porque el editor a quien presuntamente debe entregar el manuscrito compuesto por tres libretas muy baratas y escritas con una caligrafía pésima, es hijo de espías y él mismo, un traidor que echó a perder toda una organización infiltrada en un país comunista.
Le Carré, quien trabajó como espía de los británicos hasta cuando sus libros le permitieron dedicarse sólo a escribir, conoce como pocos ese mundo sordido y vulnerable del espionaje,los laberintos morales e inmorales que se establecen, las traiciones, la cacería interminable de sospechosos, las mujeres que aparecen y desaparecen como sombras chinescas y el enemigo siempre es el mismo: el miedo, ese miedo a quedarse atrapado en un país extranjero, ser capturado por los comunistas, ser engañado por la mujer a quien siempre se ha amado y al final, ser olvidado por los compañeros del circo, esa organización del Servicio Exterior que se encarga de los trabajos mas sucios y desagradables, como matar silenciosamente o quemar documentos importantes o echar a perder negociaciones entre otras naciones.
Los espías de Le Carré no tienen nada que ver con los agentes secretos inventados por Ian Fleming o John Gardner, sofisticados, amantes de la champaña francesa a tantos grados o el caviar búlgaro. Son nombres feos y corrientes, que duermen y comen mal, que siempre tienen apuros económicos, que jamás se han sentido heróicos, que son leales a los amigos, que son capaces de morir por ellos, infieles, pésimos amantes y siempre quieren hallarse en un lugar distinto al que están.
Esos personajes y esas historias han sido concebidos Y escritos con un lenguaje seco, sin adornos, que evita las trampas al lector y los logros estéticos, que sólo se preocupa por narrar bien y con la mayor economía de palabras, y eso es lo que atrae de los libros de este escritor:su mesura aún para la descripción de los momentos más violentos, más terribles o más peligrosos.
"La casa de Rusia", según el mismo autor, fue una diversión total mientras la escribía. Es más alegre que las anteriores novelas y plantea jubilosamente una situación que ya habia sido analizada tangencialmente en "El espía perfecto", cómo un hombre es reclutado para una misión doble y cómo sus mismas virtudes y sus mismos defectos lo hacen volverse contra quienes lo reclutaron y amaestraron. Es que los ideales románticos de patria y lealtad, por esta vez, se ven estrujados por la ambición y la realidad.
Ya comenzó a escribir su próxima novela y el proceso, dice Le Carré, le tomará al menos seis años. Quiere escribir su mejor libro, la obra por la cual quiere ser recordado dentro de algunos años y suelta una frase que sorprende: "Creo que, por fin, he aprendido a escribir bien. Pienso que la etapa de preparación para este oficio toca a su fin y estoy listo para otras cosas más importantes".
Mientras tanto la película sobre "La casa de Rusia" ya está en proceso de preproducción. El director será Fred Schepisi, el mismo de "Un grito en la oscuridad" y "Plenty", y será filmada, obviamente, en Moscú. El guión es de un genio, Tom Stoppard.







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