Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/06/13 00:00

De la sicaresca a la narcoestética

Un libro de Margarita Jácome pasa revista al fenómeno de las novelas sobre matones en los 90, de la que hoy sólo parece quedar un subproducto televisivo dueño del 'rating'.

De ‘La Vírgen de los sicarios’, de Fernando Vallejo, adaptada por Barbet Schroeder al cine, a ‘El cartel de los sapos’, ha corrido mucha sangre y mucha tinta en Colombia sobre el fenómero del narcotráfico. El libro de Maragrita Jácome es el estudio académico del tema

En los años 90, el escritor y columnista Héctor Abad acuñó una afortunada frase para referirse a un cuerpo de novelas, películas y crónicas que entonces aparecían con frecuencia: "la sicaresca antioqueña". La frase, una comparación feliz con la picaresca española, se refería a novelas como La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo, y Rosario Tijeras, de Jorge Franco -como epítomes del género-; a películas como Rodrigo D y La vendedora de rosas, de Víctor Gaviria, y a crónicas como No nacimos pa' semilla, de Alonso Salazar, o El pelaito que no duró nada, del mismo Gaviria. Hace poco, la editorial Eafit de Medellín publicó un estado de cuentas de ese subgénero: La sicaresca antioqueña, a cargo de Margarita Jácome.

En este balance, las historias de matones llevadas con altura al cine, la literatura y el periodismo, salen bien libradas como una memoria necesaria en un momento determinado de la historia. El arte no es ajeno al tiempo que se produce y eso está claro. Al respecto, el escritor Héctor Abad dice "¿Qué nos dejó esto? Literariamente creo que será mejor recordado que los libros de secuestrados. Hablan de una época y de unos tipos que fueron, y en parte siguen siendo, muy comunes en Medellín.".

Para Óscar Collazos, autor de la novela Morir con papá, incluida en el libro de Jácome, "Nunca entendí qué era eso de la novela sicaresca. Pudo haber salido de un juego de palabras, pero si se tomaba en serio la clasificación, tal vez se refería a unas cuantas novelas que tomaron como tema central el narcotráfico y la criminalidad que siempre lo rodea y a esos jóvenes que, como mano de obra de una industria criminal, servían a sus propósitos: los sicarios".

Sin embargo, muchos piensan que aunque la literatura no sea un asunto de moral, este tipo de libros, películas, etcétera, hacía tomar partido al lector por matones a sueldo, al dotarlos de humanidad y al hacer que quien leía se convirtiera en cómplice de actos reprochables y deleznables como matar a sangre fría. Collazos cree que no hay nada que increpar: "¿Qué le podríamos reprochar, 60 años después de producido el fenómeno de los gángsteres norteamericanos, a novelas como 'Billy Bathgate' o 'Ragtime', de E.L. Doctorow? Los grandes fenómenos criminales producirán siempre novelas con criminales como personajes". Lo cual es cierto: ¿quién duda de que El padrino, basada en una obra de Mario Puzo, es una de las más grandes películas realizadas alguna vez sobre la ambición y la familia?

El tema quizá ha cobrado relevancia una vez más, no sólo porque el libro de Jácome sea el primer estudio sistemático del género, sino porque ha puesto sobre la mesa un tema que escapa al fin mismo del libro: las telenovelas.

Desde hace dos años al menos, cuando se estrenó la exitosa serie Sin tetas no hay paraíso, de Gustavo Bolívar, cuyo rating fue uno de los más altos en la televisión colombiana, los argumentos de las más exitosas telenovelas han tenido que ver con el tema del narcotráfico y la figura del sicario, o el matón a sueldo. Así, la estética que pobló buena parte de los productos culturales de cierto nivel en los años 90, hoy, casi 15 años después, se convierte en un producto televisivo sobreexplotado: La viuda de la mafia, El cartel de los sapos, Inversiones el ABC, Sin tetas no hay paraíso (en formato de telenovela), entre otras, mandan la parada. Tanto es así, que desde que no hay sicarios en la televisión, los ratings de las telenovelas de RCN se desplomaron.

Pero ¿qué va de la sicaresca a la narcoestética de las telenovelas nacionales? Para el crítico de televisión Ómar Rincón, "al contrario de la sicaresca, la narcoestética no es un homenaje al modo joven de hablar y matar, sino una aceptación (cuando algo sale en teve y tiene éxito es porque la sociedad lo acepta como propio y genera identificacion y hasta orgullo) de nuestra narcomente: todo vale para salir adelante y tener billete y poder lucir". Para Rincón, en estos nuevos subproductos basados en temas narcos, todo vale: matar y ponerse silicona.

Entre sicaresca y narcoestética parece haber una gran distancia. La distancia que quizá señala el editor Ariel Rosales, citado en La sicaresca antioqueña, tienen los productos realizados apresuradamente sobre las coyunturas: "El lector (o televidente) busca títulos (o programas) que satisfagan las necesidades de información y análisis sobre la situación económica y sociopolítica". Sin embargo, estos programas carecen de profundidad. Óscar Collazos cree que la televisión tomó argumentos de la realidad, "pero no con el propósito de construir historias verosímiles y personajes consistentes". A su modo de ver, a las telenovelas lo que les interesa es el efectismo del espectáculo de los sicarios. En ese sentido, cree que lo que fueron novelas serias e interesantes como Sangre ajena, de Arturo Alape, o las ya mencionadas, nada tienen que ver con esta nueva lógica narrativa que se ha impuesto en la televisión. En otras palabras, la narcoestética sería una versión simplificada de lo que alguna vez fue la narrativa sicaresca: "Parece que las telenovelas colombianas fueron tomadas por asalto por una nueva sicaresca, esta vez denotativa".

Pero más que una distancia evidente entre novela y telenovela -sus distintas posibilidades de mostrar el contexto de una problemática y brindar herramientas de análisis-, el surgimiento de estos productos televisivos habla, quizá, de una nueva forma como el público se acerca al fenómeno del narcotráfico. Como afirma Rincón, esta nueva forma de producir y ver televisión: "Es la celebración de esta nueva ética social que nos habita: todo se puede hacer por el billete y el billete lo puede hacer".

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