Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/04/17 00:00

DE UNA SOLA PIEZA

El extraño caso de un economista gringo, amante de la segunda sinfonía de Mahler, que cambió toda su vida y estudio música con el único fin de dirigir su obra preferida.

DE UNA SOLA PIEZA

De las muchas anécdotas casi inverosímiles que registra la historia de la música, la del economista norteamericano Gilbert Kaplan ocupa un sitio especial. Hoy en día, fuera de su antigua profesión se ha convertido no en músico, sino en experto en la sinfonía No. 2 "Resurrección", de Gustav Mahler. Cuenta en su haber con una grabación de la citada sinfonia, que circula en los mercados discográficos del mundo entero. La obra fue grabada por el sello MCA Classics y en ella Kaplan dirige la Orquesta Sinfónica de Londres. Además, aparecen bajo sus órdenes dos espléndidas cantantes, la soprano Benita Valente y la contralto Maureen Forrester, y tres agrupaciones corales de primer orden. En fechas recientes las principales publicaciones musicales del mundo le han dedicado toda clase de articulos, ya que nadie creía que Kaplan pudiera alcanzar notoriedad ni calidad como director de una sola pieza.
La historia casi novelesca cuenta cómo Kaplan, siendo estudiante de economía, escuchó la segunda sinfonía de Mahler. A partir de ese instante se dio a la tarea de conseguir textos, coleccionar documentos y hacerse a toda clase de material donde se hablara de la obra. Actualmente tiene un archivo monumental y una discoteca con todas las versiones que de la sinfonía se han hecho, contabilizando quizás la más completa colección existente, pero solo de esta obra.
Ese amor apasionado a primera escucha, no se quedó sin embargo en ver y oír. Simultáneamente, mientras cumplía su trabajo en Wall Street y adelantaba su labor de editor de Institutional Investor -importante publicación sobre finanzas-, estudiaba solfeo para comprender lo que las partituras indicaban. Y no contento con esta información, decidió prepararse para dirigir la obra. Tomó clases de dirección con profesores particulares a la vez que entablaba amistad con grandes de la batuta, especialistas en Mahler. Y para confrontar experiencias, empezó a programar viajes por todo el mundo para escuchar de viva voz la sinfonía en mención. Escenarios de Londres, París, Nueva York, Tokio, Budapest y Berlín, entre otros, tuvieron a Kaplan en calidad de espectador, y seguramente en breve estará por estos lares si se entera de que la Orquesta Filarmónica de Bogotá tiene entre su programación interpretarla. Mientras realizaba extensos recorridos, y en los ratos libres que le dejaba su trabajo, empezó a memorizar las 209 páginas con los cinco movimientos que conforman la obra. La partitura, base de su estudio, fue nada menos que la autógrafa de Mahler que consiguió en uno de sus innumerables viajes.
Cuando Kaplan consideró estar listo para dirigir la sinfonía, fue invitado por la American Symphony Orchestra. El concierto de su debut tuvo lugar en 1982, en el Avery Fischer Hall de Nueva York, y a partir de esa fecha no ha parado de dirigir. Contrario a lo que amigos cercanos del economista esperaban, el concierto se constituyó en un éxito de público y de crítica. A partir de ese momento Kaplan empezó a ser invitado para dirigir por doquier la segunda sinfonía de Mahler. Ninguna otra, porque es la única que se sabe y le interesa. El crítico del Daily News en Nueva York registró la aparición de Kaplan como "una de las mejores ejecuciones vivas de la segunda sinfonía de Mahler..." El de Budapest escribió: "Una gran experiencia, un extraordinario fenómeno, un fanático de la fidelidad a la partitura..." Y en Londres el crítico del Daily Telegraph anotó: "La ejecución fue de una notable intensidad y grandiosidad... " Sin embargo unas van de cal y otras de arena, ya que un crítico francés que no miró el fondo sino la extraña e incompleta preparación académica de Kaplan, comparó el trabajo discográfico del economista de Wall Street con Luis XV, que no pudo sustraerse al atractivo de brillar sobre un escenario y acabó de bailarín de Lully.
Nadie le quita méritos a Gilbert Kaplan en lo que tiene que ver con su amor por la segunda sinfonía de Gustav Mahler. Lo absurdo es que no lo haya conmovido, no sólo el resto de la obra del compositor sino el legado monumental que grandes y geniales de la música de todas las épocas dejaron para deleite de la humanidad. Por lo pronto los amantes de la obra de Mahler ya comenzaron a adquirir la versión discográfica del financista, y Kaplan, por derecho propio, quedó también ligado a la sinfonía. " Resurrección" como un caso sorprendente de tozudez y exotismo musical.




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