Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2008/09/20 00:00

Definitivamente, quizás

Se toma la cartelera del país, cuando menos se esperaba, una comedia romántica que respeta la inteligencia de los espectadores. *** (buena)

El asesor de imagen Will Hayes (Ryan Reynolds) le cuenta a su hija Maya (Abigail Breslin) las tres historias de amor más importantes de su vida

Titulo original: Definitely, Maybe.

Año de estreno: 2008.

Género: Drama.

Dirección: Adam Brooks.

Actores: Ryan Reynolds, Elizabeth Banks, Rachel Weisz, Isla Fisher, Abigail Breslin, Derek Luke, Kevin Kline.



Las comedias románticas que consiguen ser películas que valen la pena, esas que no se quedan, simplemente, en la puesta en escena de una fórmula, usualmente logran que el espectador sólo se dé cuenta al final de que son comedias románticas. Definitivamente quizás, el más reciente largometraje del cineasta canadiense Adam Brooks, cuenta una feliz historia de amor (la ecuación "X conoce, enamora, pierde y recupera a Y") escondida dentro del drama de un hombre que tarda en hacer las paces con sus decepciones; refundida en una fábula para niños cuya moraleja es "el verdadero amor cojea pero llega"; envuelta en una especie de trama policíaca en la que la pregunta no es "¿quién es el asesino?" sino "¿quién es el amor de la vida del protagonista?". Se trata de un relato que logra casi todo lo que se propone. Ni más ni menos que una trama angustiosa que resulta ser, al final, una buena comedia romántica.

El protagonista de Definitivamente quizás es un treintañero recién divorciado, Will Hayes, que se ha resignado a vivir de las trampas de la publicidad después de fracasar en las trampas de la política. Hayes le cuenta a su pequeña hija, para responderle todas esas preguntas que le ha dejado su primera clase de educación sexual, las tres más importantes historias de amor que ha vivido desde los días de la universidad. Su relato comienza, a mediados de 1992, en plena campaña a la presidencia de Bill Clinton. Y termina este 2008, en los últimos meses de gobierno del último Bush, como si se insinuara la llegada de una nueva oportunidad para la esperanza de los estadounidenses. La narración va haciéndole entender a la niña, que nos representa en la película, que pueden vivirse muchos romances en una misma vida. Y, gracias a su labor de narrador (que es la de soltar paso a paso las pocas cosas que se saben), Hayes va aprendiendo que la vida es la lucha por ver lo que se tiene en frente.

Vale la pena ver Definitivamente quizás. Su realizador, veterano guionista de comedias románticas tan conocidas como Beso francés (1995), Hechizo de amor (1998) y Wimbledon (2004), se ha quedado corto esta vez a la hora de la sátira política, y no ha conseguido, tampoco, hacer a las tres mujeres protagonistas igual de interesantes, pero ha escrito un guión que se atreve a sostener sus misterios hasta la última escena, ha dirigido a un elenco de estrellas que de verdad saben actuar y ha estado al frente de una puesta en escena elegante en la que sobresalen la fotografía de Florian Ballhaus, el montaje de Peter Teschner y la banda sonora de Clint Mansell. El resultado divierte, conmueve y sorprende. Logra darle una mirada nueva a los mismos temas de siempre. Y le prueba a una industria adormilada, de paso, que no hace falta ser tonto para captar la atención de los espectadores.
 

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