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| 4/1/2017 10:30:00 PM

La serie de Telecaribe que mostró el potencial de los canales regionales

El éxito de Déjala Morir, un dramatizado sobre 'la niña Emilia', prueba que los canales regionales tienen con qué seducir a su audiencia. Muchos hacen cosas de calidad, pero los retos aún son grandes.

Desde hace tres años Juan Manuel Buelvas, director y productor de cine cartagenero, quería que Telecaribe, el canal regional que dirige desde 2013, produjera su propio dramatizado de ficción construido completamente por talento de la región. Pero la idea era muy arriesgada y la situación económica difícil. Así que por un tiempo se dedicó a ordenar la casa.

Una vez la situación mejoró, retomó el proyecto y comenzó a buscar ideas entre sus amigos y conocidos. Así dio con Andrés Salgado, el libretista barranquillero que escribió los guiones de las telenovelas sobre Joe Arroyo y Celia Cruz. Él le habló de una idea que le rondaba desde mediados de 2011: hacer una serie sobre la vida de Juana Emilia Herrera García, más conocida como la Niña Emilia, la máxima exponente del bullerengue colombiano, autora de éxitos como Cundé Cundé y Coroncoro.

El plan cuajó cuando la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV) financió el proyecto con 600 millones de pesos. A partir de entonces, un grupo de pesos pesados de la pantalla caribeña se unió a la producción: Alessandro Basile se convirtió en el director, Ramsés Ramos en el encargado de los actores y la actriz Aida Bossa en la protagonista.

El resultado es una miniserie titulada Déjala morir, con 10 capítulos de media hora cada uno, que salieron de lunes a jueves en horario prime time –entre el 6 y el 24 de marzo– y se convirtió en el programa más visto en los 31 años de historia de Telecaribe. Las cifras resultaron históricas: logró 6 puntos de rating, todo un hito para un canal que normalmente tenía entre 0,2 y 0,5 puntos, arrasado por las novelas de los canales privados nacionales.

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Más allá de las cifras positivas, la serie sobre la Niña Emilia muestra los esfuerzos que muchos canales regionales están haciendo por ofrecer contenidos de calidad. En la última edición de los premios India Catalina, los productores regionales recibieron 39 nominaciones en categorías como documental, programa infantil, noticiero y entretenimiento. Y aunque solo ganaron uno (la serie documental Bajo el mismo cielo de Telepacífico en la categoría de nuevos creadores), sentaron un precedente importante.

“La televisión regional está para fomentar el desarrollo de la cultura local –cuenta César Galvis, gerente de Telepacífico–. Somos los llamados a registrar, documentar y contar la historia de las regiones, pero eso no nos exime de tener apuestas audiovisuales con calidad: necesitamos hacer contenidos con una mirada local, pero de calidad global”.

En ese sentido, muchos le apuestan al documental. Telecafé, por ejemplo, realizó una serie sobre el paisaje cultural cafetero y Canal Capital se la jugó con Rolísimos, un programa en el que cuentan pequeñas historias de personas que llegaron a vivir a Bogotá y se adaptaron a la ciudad. Fue el más visto del año pasado en el canal.

El más avanzado en cuanto a documentales es Telepacífico, que desde su creación (hace 29 años) estuvo ligado a la Universidad del Valle y a la generación de oro de cineastas caleños como Luis Ospina, Carlos Mayolo y Andrés Caicedo. Ahora, con el apoyo de Óscar Campo, uno de los documentalistas más reconocidos de Colombia, están retomando el camino. El canal resucitó el programa Rostros y rastros, uno de los hitos de su primera época, y produjo Busca por dentro, sobre Jairo Varela, el líder del Grupo Niche, que ha estado en festivales como el de Berlín.

Más allá del documental, muchos están diversificando sus producciones. El Canal Trece es muy fuerte en programas musicales y juveniles. Otros, como Canal Capital, están enfocados en producciones entretenidas que eduquen en valores ciudadanos, y casi todos le dan mucha fuerza a lo deportivo. De hecho, Telecaribe acaba de lanzar un segundo canal disponible en TDT (televisión digital) para transmitir béisbol, boxeo y otros deportes amateur.

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La mayoría, además, está llevando talentos de cada región ya reconocidos a nivel nacional –como Fernando ‘el flaco’ Solórzano y César Mora (Telepacífico) o Agmeth Escaf (Telecaribe)–, para que atraigan más público. Muchos de ellos lo hacen encantados. “Es una forma de devolverle a la tierra natal todo lo que nos dio”, cuenta Salgado, el libretista de Déjala morir.

“La gente –cuenta Buelvas, de Telecaribe– está cansada de lo que ofrece la televisión privada nacional. Por eso, el canal les ha abierto las puertas a los productores locales, que vienen de los siete departamentos del Caribe”.

Pero no todo es color de rosa, pues las audiencias en general son pequeñas. “Aunque ellos tienen la oportunidad de hacer cosas distintas, generalmente producen un programa innovador al año y de resto es lo mismo de siempre –cuenta el crítico de televisión Omar Rincón–. Les va bien a sus noticieros porque a la gente le interesan las noticias locales, pero en otros espacios tratan de copiar a los privados o hacen mucho programa de estudio, con dos personas hablando. Esos es aburrido y no llama la atención”.

El otro reto es económico. En Colombia hay ocho canales regionales públicos: Canal Trece, que cubre Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Huila, Meta, Casanare, Caquetá, Putumayo y Guaviare; Teleislas, San Andrés; Telepacífico, Valle, Cauca, Nariño y Chocó; Telecaribe, Atlántico, Bolívar, Magdalena, Sucre, Córdoba, Cesar y La Guajira; Canal Capital, Bogotá; Teleantioquia, Antioquia; Telecafé, Caldas, Quindío y Risaralda; y Canal TRO, Norte de Santander y Santander. Y todos se sostienen con recursos de la ANTV y las Gobernaciones, y con la pauta que deben conseguir por sí mismos. Sus presupuestos distan mucho de los que tienen las grandes producciones en Colombia (en un canal regional el presupuesto anual puede ser de 22.000 millones de pesos, lo que cuestan dos o tres novelas en un canal privado).

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Y aunque la autoridad de televisión abrió desde el año pasado un fondo para financiar proyectos especiales (el que hizo posible la serie sobre la Niña Emilia), muchos gerentes creen que no es suficiente y que las empresas privadas podrían apoyarlos más. Para los canales locales públicos –creados por las Alcaldías y pertenecientes a los municipios–, como Telemedellín, la situación es la misma.

El tema político también influye. Los gobernadores del departamento (o departamentos) que financian el canal escogen a los gerentes de los canales regionales. En muchas ocasiones el cargo (y el canal) se convierte en un puesto político para pagar favores. Solo quienes han durado varios años han logrado hacer cosas importantes con proyectos de largo plazo.

Para Rincón, los canales regionales deberían arriesgarse a hacer más ficción y a trabajar articulados para, por ejemplo, transmitir sus programas exitosos en toda la red. “Aunque su deber ser no es competir con los canales privados, sí pueden aspirar a captar más audiencia local”, dice.

La serie sobre la Niña Emilia ya demostró que eso sí es posible. Lo bueno es que si a los canales les va bien, no solo se beneficiará la industria local, sino también las regiones, que quieren asumir el protagonismo que se merecen.

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