Martes, 17 de enero de 2017

| 2010/05/02 00:00

Déjame entrar

Cine de horror, clásico de culto, relato de vampiros: esta película sueca es, primero que todo, una bella historia de amor.

Oskar (Kåre Hedebrant) conoce a Eli (Lina Leandersson) en el patio del edificio gris en el que trata de olvidar las jornadas que vive en el colegio.

Título original: Låt den rätte komma in.
Año de estreno: 2008.
Género: Drama.
Dirección: Tomas Alfredson.
Guión: John Ajvide Lindqvist, basado en su propia novela.
Actores: Kåre Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar, Henrik Dahl, Karin Bergquist, Peter Carlberg, Ika Nord.
Calificación: Muy buena

Sobre todo es una bonita historia de amor. Tiene decorosas escenas de cine de terror sicológico. De vez en cuando cae en secuencias salpicadas de sangre, de vísceras, de miembros destrozados. Y desde 2008 hasta hoy ha recorrido las carteleras del mundo por obra y gracia de la moda de los vampiros y así ha llegado a convertirse en una película de culto de la que los cinéfilos no paran de hablar. Pero en verdad es una historia de amor entre dos marginales de 12 años, Oskar y Eli, que se conocen para darse cuenta de que nadie más los entiende en el mundo: cada uno por su lado es un extranjero en su edad, en su clase social, en su tiempo, pero juntos son un monstruo conmovedor que no se deja de nadie.

Ocurre en un suburbio de Estocolmo durante los años 80. El frágil Oskar, que teme a todas las personas salvo a Eli, soporta a un par de padres separados que no tienen tiempo para rescatarlo de nada, hace lo mejor que puede para sobrevivir a los matones que lo acosan en los campos del colegio y parece ser fanático de las notas de crímenes que rellenan las páginas judiciales de los periódicos. La misteriosa Eli, que acaba de mudarse al mismo edificio en el que vive Oskar, depende de los cuidados abnegados de su padre, deambula por el barrio cuando llega la noche y de vez en cuando desaparece por cuenta de una enfermedad que no se atreve a confesar.

La verdad es que Oskar está a punto de estallar como un asesino en masa y que Eli carga con la maldición de ser una vampira. Y que por fin han dado el uno con el otro para mantener a raya a todos los demás.

Contada con el pulso de un drama realista, filmada con una sabiduría que suele encontrarse en los grandes largometrajes del género del horror, Déjame entrar es una buena película que, aunque por momentos se pierde en una trama secundaria que poco interés despierta, se toma el cuerpo del espectador como un ataque de ansiedad desde el comienzo hasta el final. Resulta más que suficiente, para ese cinéfilo nervioso que no se atreve a moverse en la oscuridad del teatro, ser testigo de la forma como Oskar y Eli se van fortaleciendo el uno al otro. Todo lo demás, todo lo que no hace parte de la historia de amor, estorba.

Déjame entrar logra eludir, uno por uno, los lugares comunes que suelen asociarse con las aventuras de vampiros. Es dura. Es trágica. Es tensa. Pero no hay ojos desorbitados ni colmillos chorreantes, no hay murciélagos escondidos detrás de las esquinas ni chirridos en la banda sonora que maten del susto a los desprevenidos. En pocas palabras: no hay trampas. Solo dos memorables personajes que no encajan en el mundo de nadie, dos patitos feos heridos de muerte por no ser como los otros, que atraviesan un relato plagado de obstáculos en busca de un alma gemela.

Eso es: ver Déjame entrar es desear que el uno se merezca el gran amor del otro.

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