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| 9/24/2011 12:00:00 AM

Del amor a la impunidad

La nueva novela de Javier Marías es otro ejercicio de gran estilo literario y un sorprendente 'thriller' psicológico.

Javier Marías

Los enamoramientos

Alfaguara, 2011

401 páginas

Dadme un argumento sencillo y os escribiré una magnífica novela. Eso es lo que hace Javier Marías en Los enamoramientos, una novela en la que los hechos son mucho menos que la reflexión de los hechos. Lo cual no quiere decir que estos sean secundarios. Al contrario, en su momento ocurrirá algo que sorprenderá al lector y lo hará transitar de una obra psicológica a un relato detectivesco, con criminales, falsos indicios e inesperado desenlace.

¿Un thriller psicológico? No: uno a la manera de Javier Marías. Confieso que no había leído ninguna novela suya, solamente Vidas escritas, un estupendo libro de perfiles de escritores, y Letras de fútbol, que da cuenta de su amor por ese deporte y por su equipo del alma, el Real Madrid. Pero nunca es tarde para descubrir a un buen escritor y para unirse a su fervoroso club de admiradores, que hasta donde sé es muy grande en los países de lengua alemana, lo cual no deja de ser llamativo. Creo que no hay término medio con Marías: gusta o no gusta. O nos parecen excesivos los parlamentos de sus personajes, sus frases largas, sus oraciones subordinadas, o bien queda uno encantado con esa prosa hipnótica, opiácea, con un ritmo constante, que disecciona sin piedad los sentimientos. Qué gran español se aprecia leyendo a Marías. Rico sin barroquismos; elegante sin amaneramientos; gozoso sin gratuidad. El contenido nunca es opacado por el estilo. No solo lo leemos para disfrutar sus palabras y su fina ironía, sino para pensar lo que no habíamos pensado sobre el amor, el olvido, la maldad, y el inevitable deterioro y mutación de las pasiones. Aunque dichas sin dramatismos ni grandilocuencia -con el tono menor de una conversación de café-, no son muy alentadoras las verdades sobre los seres humanos que aquí nos son reveladas. Contrario a lo que se dice, lo prueba esta novela, es más cruda la ficción a la hora de mostrar el lado oscuro de la vida.

Nos habían dicho que la novela psicológica estaba agotada. Que, después del micrófono que Joyce le puso a Molly Bloom en su mente, la conciencia no tenía nada más que decir. Y lo creímos a pie juntillas. Sin embargo, en la literatura no hay caminos agotados ni leyes imprescriptibles. No todo ha sido dicho y los muertos enterrados prematuramente pueden regresar y desacomodar el mundo de los vivos. De eso, entre otras cosas, trata Los enamoramientos: de lo que queremos enterrar pero se niega a morir, de imaginar lo impensable que puede suceder. "La ficción tiene la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se nos da, y en este caso nos permite imaginarnos los sentimientos de un muerto que se viera obligado a volver, y nos muestra por qué no deben volver. Excepto la gente muy trastornada, o anciana, todo el mundo hace esfuerzos por olvidarlos".

María Dolz se llama la protagonista y narradora, la voz femenina y la mirada que nos seduce. Un Javier Marías disfrazado, como lo está disfrazado en los otros personajes de la novela, nos lo advierten los conocedores de su obra. Y es cierto, pero lo increíble es que no nos importa y le perdonamos ese anacronismo de que los personajes hablen igual o como no les corresponde. Otro principio, otra norma literaria que se viola con beneplácito. María es una editora culta, discreta, inteligente y buena observadora. (Entre paréntesis: es muy divertido lo que cuenta de su trato cotidiano con los insufribles y vanidosos escritores). María desayuna todas las mañanas en una cafetería y allí se encuentra con una pareja -Miguel Desvern o Deverne y Luisa Alday- que le atrae por su belleza, por su elegancia, por lo bien que pasaban juntos. "Eran los dos los que me caían bien, los dos juntos. No los observaba con envidia, en absoluto era eso, sino con el alivio de comprobar que en la vida real podía darse lo que a mí entender debía ser una pareja perfecta". Muy al comienzo de la historia ocurre algo absurdo: Miguel es salvajemente asesinado por un indigente. Una tragedia que cambia la vida de Luisa y le permitirá a María dejar de ser espectadora y convertirse en narradora implicada y testigo de ese duelo, de la otra cara de un cuento de hadas al revés.
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