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| 12/10/1990 12:00:00 AM

DEL BIEN Y DEL MAL

Ficción, humor, suspenso y rmance se combinan en "La sombra del amor".


"La sombra del amor". Dirigida por Jerry Zucker. Con Patrick Swayze, Demi Moore y Whoopi Goldberg.

Pocas veces una película había combinado con éxito tantos géneros. Seguramente por eso "La sombra del amor" (Ghost), a partir de esta semana en cartelera, superó en taquilla a las demás películas del verano pasado en Estados Unidos.

"La sombra del amor" gira alrededor de la ficción y constituye una nueva propuesta en la temática sobrenatural. Como en "El cielo puede esperar", un hombre joven muere antes de tiempo y permanece, durante un lapso corto, como un fantasma entre los seres de carne y hueso. Se trata de Sam Wheat (Patrick Swayze), un apuesto banquero que se encarga de plantear un curioso dilema: a pesar de saber, porque así se lo han manifestado, que la eternidad lo espera en el seno de los buenos, no quiere apartarse de un mundo en el que todo promete ser color de rosa. Profesionalmente cuenta con una carrera en ascenso y atraviesa un momento de insuperable romance. Los amos del más allá parecen entender su incógnita y le permiten compartir unos días más con sus seres queridos, para que cumpla con dos propósitos específicos: avisar a su compañera del inminente peligro en que se encuentra y confirmarle que la ama con todo su corazón.

Desde el comienzo, la película intercala tres elementos básicos: romance, suspenso y humor, que van apareciendo perfectamente unidos por la ficción. Se explota al máximo la narración paralela, de manera que el espectador debe estar pendiente de lo que sucede en tres caminos diferentes que se encuentran permanentemente y que conducen al mismo destino. Por un lado está la historia de amor. Molly Jensen (Demi Moore) es una escultora que empieza a figurar en la crítica de prensa. Su deseo de contraer matrimonio con Sam se ve interrumpido drásticamente por el asesinato de éste, a manos de un mercenario de los barrios bajos. El dolor que experimenta por haberlo perdido desemboca en la increíble experiencia de volver a sentirlo. La sorpresa y el desespero de los primeros instantes se recompensa a plenitud con la certeza de comprender que Sam, luego de su tránsito entre lo humano y lo sobrenatural, viaja finalmente a la felicidad eterna.

Al mismo tiempo se desarrolla una historia de suspenso, con todos los ingredientes necesarios para dejar de parpadear durante la hora y media del filme. Carl, compañero de trabajo de Sam, traiciona la profunda amistad que los une. Termina envuelto con un grupo de mafiosos y en busca de una jugosa comisión manda matar a su amigo para tener el dominio de importantes cuentas bancarias. Sam se entera de la verdad una vez muerto, cuando tiene la oportunidad de estar entre los vivos. Surge, entonces, un drama que llega al límite del chantaje, la falsedad y el asesinato.

El tercer elemento, la comedia de humor, corre por cuenta de una espiritista farsante, Oda Mae (Whoopi Golberg), utilizada a su antojo por Sam para comunicarse con Molly y hacerle al traidor Carl la jugada que terminará por enloquecerlo.

"La sombra del amor" se vale de los sentimientos y de las pasiones humanas, de lo contradictorio de la vida, de las ilusiones y de las necedades de aquellos que dudan que más allá de la muerte existe otra vida. Habla del amor, de la tristeza, del odio, de la ambición de poder, de la sed de dinero, de la lucha por la subsistencia. Y habla del Bien y del Mal, pero se confunde en ocasiones cuando pretende conceptualizar sobre lo que es permitido y lo que debe prohibirse. Como historia de ficción que es, en esencia, logra evadir el ridículo a que se ven sometidas estas películas cuando pasan permanentemente de lo real a lo fantástico. Pero la excepción necesaria para comprobar que no todo puede ser perfecto hace su aparición. El romance entre mortales y espíritus en tránsito decae hacia el final, cuando las experiencias sensoriales pretenden tomar una forma que no corresponde ni a un mundo ni al otro.

Pero los pecados no superan las virtudes de la historia, ni ensombrecen la maravilla de los efectos especiales, ni la magia de la fotografía. Por el contrario, demuestran que más allá de un derroche de tecnología y de una pretensión por abarcar géneros diversos, se ha querido tocar lo íntimo de la mente y del corazón de los espectadores. En efecto, "La sombra del amor" logra su cometido en términos de reflexión, esparcimiento y contemplación. Y si bien la base de su éxito radica en un guión que se sale de cualquier esquema (escrito por Bruce Joel Rubin, el mismo de "Operación Brainstorm"), hay que destacar que los actores, enfrentados a caracterizaciones de alta exigencia, asumen sus papeles con gran profesionalismo: Sam invita a soñar, Molly despierta la ternura del amor, Carl obliga al odio y la bruja negra, Oda Mae, aporta una dosis suficiente de carcajadas.

Todo apunta, por lo tanto, a asegurar para "La sombra del amor" una buena temporada en Colombia. Es, sin duda alguna, una película que vale la pena ser vista, como experiencia cinematográfica, y como experiencia de vida y de reflexión sobre el más allá. --
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