Martes, 24 de enero de 2017

| 1986/06/02 00:00

DEL ESTADO DE ALMA AL OTRO ESTADO

DEL ESTADO DE ALMA AL OTRO ESTADO


Cuando Félicien Rops (1833-1898), pintor maldito, nacido en Namur, Bélgica, ilustró el frontispicio del libro Les Epaves de Charles Baudelaire, colocó en la parte superior del grabado la figura de un grifo de nalgas redondeadas que llevaba sobre sus espaldas el retrato del poeta. La figura de la muerte convertida en árbol domina el espacio; sus ramas se mueven como arrasadas por un vendaval y esparcen en el vértigo amorcillos diabólicos. Este árbol nace en un jardín en el que los nombres de los vicios reposan sobre huesos antediluvianos y plantas. Resulta imposible mirar esta ilustración sin recordar las pinturas morales de Jerónimo Bosch y Pieter Breughel, por ejemplo, "Las tentaciones de San Antonio", del primero, "La caída de los ángeles", del segundo. La edición del libro de Baudelaire realizada en 1866, un año antes de la muerte del poeta, es una prueba de los nexos culturales de Bélgica con las vanguardias de todos los tiempos; porque se puede afirmar que fueron vanguardistas los Van Eyck, Memling, Breughel y Rubens.
La curiosidad por el arte belga es también tradicional: se sabe de las visitas de Corot, Baudelaire y Rodin a Bruselas. En 1870, Eugenio Fromentín, pintor y crítico francés, escribió una obra fundamental que llevó una vez más la mirada a los países bajos: "Los maestros de antaño" es una obra indispensable para el recorrido por Bélgica y Holanda. Fromentín comenzó describiendo las intenciones del viaje: "Pasaré a través de los museos; no haré revista de ellos. Me detendré ante ciertos hombres pero no referiré sus vidas... Sólo diré en presencia de algunos cuadros, las sorpresas, los deleites, los asombros, y con no menos claridad, las decepciones que me hayan causado... Bélgica es un magnífico libro de arte...".
Fromentín solamente quiso ver el arte de Rubens y de Van Dick aunque a sus contemporáneos en Bruselas estaban ya orientados en la estética de lo extraño.
Más que el realismo que se daba en Francia en la segunda mitad del siglo XIX, el simbolismo florecio en Bélgica sobre un terreno abonado sobre la Edad Media. En Francia se trazaron las pautas del simbolismo; Odilon Redón enunció su ley fundamental: "Nada se hace en arte sólo por la voluntad. Todo se hace por la sumisión dócil a la llamada del inconsciente". Sin embargo en Bélgica esta estética encontró el morbo adecuado para desarrollarse. El pensamiento Rosa-Cruz se concretó plásticamente, en los salones organizados por Josephin Péladan en París. Un grupo de artistas belgas tomó parte activa en ellos e introdujo a Sar Péladan en Bruselas. Las pinturas se llenaron de misterio: puertas entreabiertas, imágenes de Jesucristo, dedos que hacen gestos, que se apoyan en los labios indicando silencio; rosas, rostros y cuerpos de mujer que son a la vez ángeles y demonios; insistencia en el sueño, en la melancolía, luces, resplandores y triángulos.
El simbolismo nació como una evasión al realismo y su insistencia en lo cotidiano. Hay quienes afirman que el impresionismo y simbolismo nacieron simultáneamente entre 1857, fecha de publicación de "Las flores del mal", de Baudelaire y 1863, cuando se rechazó en el salón oficial, "El almuerzo sobre la hierba" de Manet. Alrededor del tema de estos movimientos simultáneos se discute con frecuencia. Baudelaire, padre del simbolismo afirmaba en 1859 que "era la imaginación la que otorgaba al hombre su conocimiento mental del color, la línea, el sonido y el olor". En cambio el pintor impresionista colocaba el color en su ojo particular. El éxito del ojo puso en desventaja al pensamiento; éste, según Marcel Florisoone, al reaccionar, creó el simbolismo, "el cual orientó aún más que su adversario -el impresionismo- los destinos del arte moderno, al sacarlo de la servidumbre de la realidad... El arte, reclamó el derecho al sueño y al misterio, resurgiendo un romanticismo eterno".
Este "romanticismo" eterno se puede aplicar indistintamente a un paisaje de Corot o a una pintura simbolista de Jean Delville. El estado de alma como definición del paisaje concebida por Amiel en su diario íntimo, se aplica en el simbolismo a todas las cosas. "El estado de alma" llevó al "alma de las cosas". Los artistas belgas fueron dando distintas aproximaciones que se sitúan entre un parnasianismo tipo Fernand Khnopff hasta el expresionismo simbólico de James Ensor.
Lo que explica este florecimiento puede ser atribuido a varias causas: una de ellas, la disposición hacia los símbolos, cuyo ejemplo más evidente es "El cordero místico" de Van Eyck. La afición a las lecciones morales y lo emblemático, por ejemplo, Bosch, Breughel, Rubens y Voenius. La situación geográfica: estar entre Inglaterra y Francia permitía colocarse entre Baudelaire y los prerrafaelistas. El satanismo nórdico, el clima, la luz. Cualquiera que sea el origen del entusiasmo por este arte, es cierto que en Bélgica se produce entre 1840 y 1920, el más elaborado, enigmático y melancólico simbolismo. Hasta el impresionismo participa del mismo espíritu, siendo una contradicción.
Ensor con su simbolismo particular, entreabre la puerta y por ella se asoma la muerte enmascarada. El mismo es Cristo. También es expulsado del Paraíso. Por la puerta de Khnopff entra su hermana, por la de Delville, el idolo de la perversidad y por la de Degouve de Nuncques y Leon Spilliaert, la bruma azulosa. Víctor Horta traduce el simbolismo a espacios reales y virtuales de refinado art nouveau.
El tema de los nexos entre el simbolismo y el surrealismo belga es motivo para otra reflexión. El rechazo, de parte de reconocidos surrealistas, como Magritte y Delvaux a ser etiquetados como simbolistas y mal interpretados obligaría a un delicado análisis. El florecimiento del surrealismo en Bélgica es semejante al fenómeno del simbolismo en el siglo XIX. Sin embargo, si este último nace de "una aristocracia del pensamiento" que los conduce a la melancolía y al deseo de ser malditos, los surrealistas, agresivos en su vitalidad, plantearon la subversión de lo irracional.
Los artistas simbolistas recrearon en la plástica emblemas reconocidos; le pusieron al diablo los estigmas de Cristo. La aproximación de Magritte está basada, según Francine-Claire Legran "en una lúcida y metódica explotación del potencial subversivo de la imagen pictórica... otorgándole nuevas atribuciones y potencias a los objetos ordinarios".
El estado de ánimo que se prolongó por el romanticismo en el simbolismo, se convierte en el pintor surrealista belga en otro estado. Como afirma Philippe Roberts Jones a propósito de Magritte "el artista reconsidera la realidad a través de otras ventanas... compone otros esquemas, alimenta otros circuitos... " Asimismo el arte belga nutre por otros caminos el arte universal.
Como un epilogo se debe recordar que si Apollinaire alrededor de 1912 ante una pintura de Chagall inició la concepción del nombre surrealismo en Bruselas en 1885 un compañero de Fernand Khnopff, descubrió abandonados por falta de pago, "Los cantos de Maldoror", de un tal Isidore Ducasse, quien se hacía llamar conde de Lautreamont. Fragmentos de los cantos se publicaron en la revista La Jeune Belgique. Los visionarios se encuentran; todo sea en honor del arte moderno .

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.