Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1986/10/06 00:00

DEL SOCIALISMO CON HUMOR

Sonrisas imperdonables y satira a la burocracia en "Cuando mi padre salió de viaje", la película yugoslava que triunfa en Occidente

DEL SOCIALISMO CON HUMOR

Malik es un niño de seis años. Malik tiene un hermano mayor que es miope, un papa que es funcionario en el Ministerio del Trabajo, una madre que se la pasa regañando, golpeando y haciendo oficios, un abuelo que estorba, un tío comunista que pertenece a la burocracia del Partido y un amigo muy gordo que tiene una sola obsesión en la vida: los pasteles de crema.

Malik vive con su familia en el sector musulmán de la ciudad de Sarajevo en Yugoslavia y la época, 1949, coincide con las purgas que los funcionarios stalinistas realizan a fondo para reducir la resistencia encabezada por el mariscal Tito quien, más tarde, acabará por expulsarlos e implantar el socialismo a su manera.

Malik está loco por el fútbol y cuando no está jugando, se queda junto al radio oyendo las transmisiones que relatan cómo la selección nacional juega en ciudades extranjeras.

Malik también es sonámbulo. Dormido, se levanta a medianoche, baja las escaleras sin tropezar, abre la puerta y sale a la calle, camina por los adoquines fríos, bordea las avenidas y es capaz de subirse a las barandas de un puente y atravesarlo, sin saber que está en peligro ni que los padres están esperándolo.

El papá de Malik es un hombre tranquilo, comunista a su manera sin ser fanático como el cuñado, bebe hasta caer dormido, infiel por naturaleza y amante de su familia. Enamorado de una profesora de gimnasia quien también se acuesta con el cuñado, una tarde, mientras viajan en tren y discuten sobre el futuro de sus relaciones, el futuro de Yugoslavia, el futuro del amor, el papá suelta una frase que se le convertirá en soga al cuello durante los siguientes años: "¿ Quién es capaz de amar a nadie en este manicomio?". El manicomio es Yugoslavia, por supuesto, y el país está gobernado por los stalinistas y la profesora de gimnasia no sólo se acuesta con todos los hombres que puede sino también es una comunista disciplinada y se lo cuenta al otro, al cuñado y ahí comienza el calvario.

Malik, a quien colocan una campanilla para que haga ruido cuando se levante en medio de la noche, es el narrador y protagonista de una historia que es capaz de arrancar risas y lágrimas, sonrisas y suspiros, mientras se contempla la tragedia de un hombre que comete el peor pecado que se puede cometer en una sociedad burocrática, estancada, stalinista y cancerbera, decir en voz alta lo que todos los demás piensan pero no se atreven a expresar, y llamar "manicomio" a una nación donde el Partido está adelantando la reeducación del pueblo, es imperdonable. Tiene que ser castigado, tiene que ser enviado a un campo de trabajos forzados, lo despachan a una mina en una ciudad lejana como si fuera un enfermo contagioso: tiene el peligroso virus del humor negro, la risa, la broma cotidiana y sobre todo, el virus de las ganas de vivir.

Malik, con sus seis años, su obsesión por el fútbol y su mirada detenida sobre las tragedias que está presenciando dentro y fuera de su casa, es el protagonista de una película yugoslava, "Cuando mi padre salió de viaje". El director se llama Emir Kusturica, tiene 32 años y esa era apenas su segunda película. La llevó a Cannes en 1985 y le dieron la Palma de Oro. Los jurados, los críticos y los espectadores quedaron asustados por el tono de franqueza, simplicidad, ternura y agresividad que se halla en esta historia de un pueblo manipulado por un pequeño grupo de burócratas fanáticos para quienes la palabra "manicomio" es inconcebible. Ese mismo susto se ha venido repitiendo en todos los países donde ha sido exhibida porque demuestra una vez más que las películas de corte político, con sentido crítico, con mirada demoledora, no tienen por qué ser serias, pesadas y trascendentes y en cambio, como en ese caso, se pueden convertir en historias cargadas de frescura, ingenuidad, ternura y mucha imaginación.

Kusturica logra un balance muy completo sobre la vida, sobre la condición humana, sobre las relaciones del sexo y la política, sobre la miserable condición moral de los inquisidores y mientras el cuñado que cumplió con el deber se derrumba progresivamente, mientras la familia agoniza con todas sus necesidades, el padre aprende el otro lado del comunismo en esa mina donde otros que se atrevieron a pensar también se hallan castigados. Pero el director, apoyado en sus recuerdos y un guión delirante escrito por el poeta Abdulah Sidran, nunca deja el humor.

La conclusión que le queda al espectador después de contemplar este despliegue de humor negro, ternura, violencia, agresividad, celos, infidelidad, soledad, incomprensión y fanatismo político es brutal pero conmovedora: sólo los sonámbulos o sea, los que siguen la vida normal dormidos, son capaces de resistir ese infierno de los burócratas disciplinados y maniáticos. Sólo ellos.

EL ARMA DE LA RISA
Mirando la ironía devastadora de Emir Kusturica en "Cuando mi padre salió de viaje", se puede pensar también en el humor de Milan Kundera y sus personajes atrapados por la burocracia socialista, personajes emparentados con Kafka; en las películas de otros realizadores que han utilizado el alcance corrosivo del humor y la burla para criticar situaciones específicas, como Milos Forman en "Los amores de una rubia" y "El baile de los bomberos", Dusan Makavejev con "Los misterios del organismo"
Andrej Wajda con "El hombre de hierro" y "El hombre de mármol", Jerzy Skolimowski con Moonlighting, Juan Carlos Tabio con "Se permuta", Jiri Menzel con "Trenes rigurosamente vigilados": pueden ser algunos ejemplos de un-cine socialista que apela al humor, la sátira y la ironía profunda para denunciar problemas de sus respectivos pueblos.
Dentro de esa corriente hay que destacar cómo el cine cubano de los últimos años ha adoptado cada vez más una actitud muy crítica y al mismo tiempo humorística sobre ciertos conflictos de la revolución y temas como la burocracia ("La muerte de un burocrata", de Tomás Gutiérrez Alea), la falta de vivienda adecuada el machismo, la subordinación de la mujer, los conflictos generacionales, los compromisos políticos son mirados con una sonrisa traviesa, en ocasiones cínica pero positiva al fin y al cabo. --

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