Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2004/10/17 00:00

Derrida: un pensamiento en el límite

A sus 74 años murió el filósofo más importante de la segunda mitad del siglo XX.

De familia judía, Jacques Derrida nació el 15 de julio de 1930 en El-Bihar (Argelia). Murió en París el pasado 8 de octubre, a los 74 años, a causa de un cáncer de páncreas.

Era elegante y enigmático, quizás un poco extravagante para el mundo de la filosofía. Le gustaba vestir prendas de diseñadores franceses, y su pelo cano y erizado le daba un aura de misterio que le gustaba cultivar. Escribió un poco más de 80 libros, y fue tal su importancia en la escena intelectual, que se tenía como uno de los posibles ganadores del premio Nobel de Literatura. Padre de la desconstrucción, una palabra tan poderosa en estos días como el existencialismo en su momento, fue tal vez el más célebre e inquietante filósofo de la segunda mitad del siglo XX.

Aunque desde niño fue un lector voraz, nunca quiso ser buen estudiante y siempre tuvo problemas con la academia. La primera vez que presentó el examen para graduarse de bachillerato, o baccalaureat, lo perdió, y en dos oportunidades le fue negado el ingreso a la Escuela Normal Superior, cuna de la élite intelectual francesa. Cuando finalmente logró entrar tuvo problemas para graduarse, pues reprobó el examen oral que era requisito para obtener el título. Pero a pesar de los tropiezos, para 1970 se había ganado su lugar entre los más respetados pensadores franceses.

Su fama creció durante las siguientes dos décadas y su presencia se volvió frecuente en las universidades más prestigiosas de Francia y Estados Unidos. Enseñó filosofía y lógica en la Sorbona y la Normal Superior, y fue muchas veces profesor invitado en Yale, Harvard y la Universidad de California, entre otras. Su celebridad se debió en buena parte a sus ideas polémicas. En efecto, en 1992 protagonizó una fuerte controversia entre los profesores de filosofía de Cambridge, ante el anuncio de esta universidad de otorgarle el título honoris causa. Muchos de sus críticos, maestros muy tradicionales, se opusieron argumentando que "sus doctrinas absurdas niegan la diferencia entre realidad y ficción". Finalmente, tras una cerrada votación, le dieron el honoris causa.

Jacques Derrida era el último sobreviviente del grupo conocido como 'los pensadores del 68', entre los cuales se cuenta a Foucault, Barthes, Deleuze, Althusser y Lacan. Un grupo que, en el espíritu rebelde que corría por los pasillos de las universidades europeas de aquel año, le dio un nuevo aire a antiguas doctrinas como el existencialismo o el estructuralismo

Su principal aporte a la filosofía se conoce como la desconstrucción, una palabra que no es fácil de entender y tiende a malinterpretarse. De hecho, muchas asociaciones feministas y defensoras de los derechos homosexuales o étnicos la creyeron un método de ataque a los valores occidentales, que veían como machistas y racistas. Pero olvidaron que Derrida no la entendía ni como un método ni como un concepto. Según él mismo decía, la desconstrucción "tiene lugar como una experiencia de lo imposible".

Ella parte de cuestionar nociones profundamente arraigadas en la cultura occidental, como 'realidad' o 'verdad', que además están cargadas de supuestos y jerarquías, e imponen la existencia de 'un' significado por fuera del lenguaje. Para Derrida no hay 'un' significado, una verdad o una realidad por fuera del lenguaje. Por eso, "todo es un texto", o "todo es escritura". Todo está sujeto a las ambigüedades del lenguaje, a sus contradicciones y paradojas. Y todos los que profesan razones únicas, verdades o realidades, están expuestos a la ambigüedad, la contradicción y la paradoja. Todos pueden ser desmantelados en sus supuestos e imposturas: pueden ser desconstruidos.

La desconstrucción no es un pensamiento fácil porque es subversivo y escurridizo. Es un pensamiento de apertura radical, que escapa por definición a cualquier definición. El mismo Derrida, cuando le pidieron en 1998 en una entrevista para The New York Times que definiera la desconstrucción, dijo: "Es imposible responder. Solamente podría decir algo que me dejaría insatisfecho". Tal vez por eso muchos sostienen que es un filósofo oscuro y escéptico y la desconstrucción, una idea destructiva.

Por el contrario, Derrida estaba obsesionado con el futuro, con lo que está por venir y no se puede determinar. Antes que un escéptico, fue un pensador de lo posible y lo incierto. O, en sus palabras, de "la posibilidad de lo imposible". Tampoco se trata de un filósofo alejado de los problemas políticos. En los 80 y 90 se involucró de lleno en varias causas políticas: fue activista en la lucha contra el apartheid, amigo personal de Nelson Mandela y le rindió homenaje a Chris Hani, un mártir del conflicto surafricano. También apoyó a los disidentes checos del 77 y defendió en sus escritos los derechos de los argelinos inmigrantes en Francia.

Quizá Derrida, detrás de toda su celebridad, nunca dejó de sentirse parte de los marginados. Judío y argelino, varias veces recordó que en 1943, a sus 12 años, fue expulsado del colegio en El-Bihar, su ciudad natal. La razón era simple: el rector, adhiriendo a las nuevas normas raciales francesas en plena Segunda Guerra Mundial, ordenó expulsar a los estudiantes judíos.

Su filosofía siempre fue un pensamiento de los márgenes, de ahí su preocupación por la alteridad, la diferencia, lo otro. Ya en su vejez, cansado de las interpretaciones vulgares y superficiales que muchos habían hecho de la desconstrucción, dio un giro teórico y se concentró en la idea de la hospitalidad, a propósito de los inmigrantes africanos, latinoamericanos y asiáticos en el Primer Mundo. Decía que la hospitalidad, al igual que la desconstrucción, es imposible, paradójica y necesaria.

Derrida no sólo abrió los horizontes de la filosofía, las ciencias sociales, los estudios literarios y culturales, e incluso la arquitectura y el arte. No sólo rompió la frontera que se había establecido entre filosofía y literatura, ubicándose en una tradición que se alimentaba tanto de Nietzsche, Heiddeger, Husserl y Levinas, como de Kafka, Joyce o Borges. Su pensamiento, arriesgado y elegante, incómodo y tal vez un poco extravagante para el mundo de la filosofía, es una invitación a la hospitalidad incondicional, a la apertura a lo otro, a todas las paradojas y aporías que el encuentro con el otro puede deparar.

Derrida en internet

Derrida en castellano, una completa página con textos de Derrida, bibliografía, fotos, cronología, links y archivos de audio.
http://personales.ciudad.com.ar/Derrida/

Derrida on line. Una página similar a la anterior, pero en inglés y con links a los principales medios escritos del mundo que hablaron sobre Derrida.
http://www.hydra.umn.edu/derrida/

Presidential lectures. Una completa página de la universidad de Stanford con entrevistas, conferencias, discusiones sobre los planteamientos de Derrida, bibliografía, etc.
http://prelectur.stanford.edu/lecturers/derrida/

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