Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1988/06/06 00:00

DERRUMBE POR DECRETO

Agria polémica alrededor de una norma que permite la demolición de 350 mil viviendas bogotanas

DERRUMBE POR DECRETO

Cuando el emperador Nerón decidió incendiar una buena parte de la ciudad de Roma, con el propósito de reorganizarla, invento sin darse cuenta el sistema de renovación urbana del "borrón y cuenta nueva". La historia no registró el contenido de los versos que el pirómano gobernante compuso mientras observaba las llamas que devoraban barrios enteros de tugurios romanos.
Probablemente fueron ellos los predecesores literarios de algunos decretos de la Oficina de Planeación del Distrito Especial de Bogotá que, con menos poesía, han sistemáticamente determinado la destrucción de la ciudad.

Se trata ahora del decreto No. 67 del 25 de febrero de 1988, el que debía entrar en vigencia el pasado 1o. de mayo. Este decreto levanta las restricciones hasta ahora existentes sobre las áreas de la ciudad denominadas "de conservación ambiental", reglamentadas previamente por decretos que perdieron vigencia en 1987. Cerca de 400 barrios y alrededor de 350 mil viviendas quedan desamparadas por el nuevo decreto, que permite transformaciones sustanciales en su estructura física y que se centra en el concepto de la "rehabilitación", entendida como demolición y construcción en mayor altura, aun cuando permite en algunos barrios de viviendas de clase alta la llamada "preservación ambiental".

Hay argumentos válidos que sustentan la necesidad de densificar algunas áreas de la ciudad para frenar su excesivo crecimiento periférico. Una de las formas para lograrlo es permitir que una nueva ciudad brote a partir de la existente. Uno de los muchos interrogantes que suscita este decreto es la razón para cobijar, en una medida de gran alcance, más del 50% de la extensión actual de la ciudad, acabando prácticamente con lo que son hoy en día los "barrios residenciales" de vivienda media. Otro interrogante es el siguiente: ¿cuál es el beneficio real de esta medida demoledora si no existe control suficiente de los desarrollos periféricos de baja densidad los que, como es de conocimiento común, se extienden libremente por la Sabana? Si se entiende la ciudad como una totalidad, no se puede favorecer por un lado la extensión horizontal para justificar por otro la destrucción de lo existente en aras de una supuesta densificación.

El resultado de la aplicación del decreto 067 será aún más desastroso que el de sus predecesores. Se afianzará el caos en los perfiles urbanos de urbanizaciones que hasta ahora han logrado conservar una armonía de alturas, aislamientos, etc., como resultado de la liberación de la construcción paulatina en predios individuales, de edificaciones con mayores alturas que las actuales. Se arrasarán los árboles existentes (especie particularmente perseguida por las autoridades distritales), gracias a la admisión de índices de ocupación de la totalidad de predios y por la admisión de estacionamientos en los andenes. Se saturarán las calles con mayores flujos vehiculares y se recargarán las demandas sobre las redes existentes de servicios, las que fueron seguramente planeadas para otra densidad de población. Es la legitimación del deterioro ambiental de una ciudad de por sí deteriorada.

Gracias a los esfuerzos conservacionistas se salvaron hace unos años muchos sectores y edificaciones de valor arquitectónico. Pero según Alvaro Mejía, funcionario de Planeación Distrital... "lo esencial no son las edificaciones sino el ambiente del vecindario. Si para rescatarlo (sic) hay necesidad de tumbar casas viejas, la demolición está justificada. La memoria urbana más que los edificios son las tradiciones populares"... Esta explicacion crea más inquietudes que aclaraciones: ¿cómo puede existir un ambiente urbano sin sus edificaciones correspondientes? ¿Cómo puede "rescatarse" un ambiente urbano demoliendo aquello que lo constituye? La memoria de la ciudad la hace precisamente la conjunción de elementos que en un momento se construyeron con unas características dadas. Demoler para rescatar es una incongruencia.

Vale la pena destacar que esta es la primera vez que una medida de las autoridades distritales de planeación provoca una protesta pública considerable. Los vecinos del sector de Niza y del barrio Santa Teresita, por ejemplo, ya han reunido firmas para protestar por los efectos de la "rehabilitación". Eminentes arquitectos como Rogelio Salmona, Germán Téllez y Fernando Martínez Sanabria han dado a conocer su rechazo.

A un mes del cambio de alcalde de la ciudad, este lunar en la pulcra administración de Julio César Sánchez ha quedado desvanecido, al menos momentáneamente. Cabe esperar que el director de la (Oficina de Planeación y funcionarios como el ya mencionado, recapaciten acerca del papel que debe cumplir tal dependencia, el de ser un mediador entre los intereses individuales y los colectivos, en defensa de estos últimos. Para el doctor Alvaro Mejía, nuestra historia es demasiado pequeña para merecer conservarla. Lo malo del cuento es que todos los que han pensado asi antes que él han contribuido precisamente a empequeñecer lo que hoy en día podría ser la hermosa memoria de una ciudad orgullosa de si misma --
Alberto Saldarriaga Roa --

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