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| 5/21/1984 12:00:00 AM

DESHEREDAR LA OBRA

Beatriz González habló para SEMANA sobre los cambios que ha experimentado su obra en 20 años de labor artística

DESHEREDAR LA OBRA DESHEREDAR LA OBRA
Ciento sesenta obras fechadas en los últimos 20 años por Beatriz González, exhibe en sus tres pisos el Museo de Arte Moderno de Bogotá.
En entrevista con SEMANA, la artista habló sobre las motivaciones de esa actitud cambiante que ha caracterizado su obra.
SEMANA: ¿La referencia permanente de su obra a cosas dadas de antemano, no limita su trabajo?
BEATRIZ GONZALEZ: Sí, yo creo que ya no trabajaría más sobre las obras de la pintura universal.
Pienso que ya cumplieron su misión, y que el "Guernica" fue la última que hice basada en las obras maestras.
Siento que sí limita, pero nunca lo he hecho de otra manera. Hice la escuela con modelo natural, y era buena dibujante, pero en un momento descubrí que sentía mejor las cosas cuando venían de otro medio. Muchas veces trabajo con modelo natural y otras apoyada en la naturaleza, pero para mi, no para exponer, pues creo que la obra que muestro debe partir de un medio dado. Y pienso también que puede ser limitante, que sería rica quitarse esa coraza de tener que trabajar sobre medios preexistentes. Sin embargo, el otro día analizábamos ese problema con Luis Caballero, porque él cree que la imagen que parte de la fotografía puede empobrecer, a menos que uno tenga tal contacto con la naturaleza que sin querer le dé a esa imagen que viene por los medios masivos de comunicación toda la sensibilidad de esa naturaleza. Lo que yo creo es que no es la primera vez que un artista parte de cosas dadas, pues Picasso mil veces se basó en Ingres y el producto es otra cosa: Pablo Picasso. Hay datos que el artista recibe de la naturaleza, hay datos que le llegan de la cultura, y hay una terceia fuente que proviene de la cámara fotográfica, y en general los medios de comunicación. La cuestión es cómo los combina, o en dónde pone énfasis el artista, es decir, qué hace con todo esto.
S.: ¿La catalogación de pintura "nacionalista " y "colombianista " que se da a su obra le parece adecuada?
B.C.: Yo siempre he cuestionado todos los nombres que me han dado: "mamagallista", kitsch, pop. Creo que el arte es universal; lo que pasa es que accidentalmente le sale a uno en el arte su sitio de origen. Eso de decir que el arte es colombiano y que la búsqueda de uno es la colombianidad es una búsqueda ridícula y una cosa muy ingenua, porque yo lo que pienso es que estoy trabajando con unos parámetros que son universales y que pueden funcionar aquí como en el Japón. El producto es otra cosa: cuando esa pintura no busca como una cosa curiosa el arte nacional, sino una expresión provinciana, me parece más interesante, más universal porque la provincia existe en todas partes. Yo sí busco unas categorias que son de provincia: la seducción por la fotografía, los problemas del gusto de una provincia, lo que representa la provincia como comportamiento, como actitud mental. Si lo quieren catalogar como arte colombiano, allá la gente que lo hace, pero mi interés es ver cómo se expresa un provinciano, siendo yo una provinciana.
S.:¿Cómo ha sido esa relación suya con la obra de Picasso?
B.C.: Yo siento que tengo, o que tuve dos grandes influencias. Desde el colegio ya estaba hablando, no sé si por snob, de Picasso, y todo el tiempo estaba copiando sus dibujos, hasta el punto que todavía cuando hago un perfil me sale a la manera de Picasso, de tanto practicar. Ya aquí, cuando entendí que iba a ser artista, que era lo último que habría querido ser ,puesto que me parecía ridículo, lo primero que hice para definirme ante mi situación en la universidad fue dejar de hacer perfiles de Picasso. Más tarde, en Holanda, cuanto tenía que hacer un boceto ante una gente que no conocía dibujaba siempre cosas tipo Picasso. Otro aspecto que me liga a él es el cambio, esa valentía de romper con lo de atrás y volver a cambiar. Yo no tengo miedo a que no me reconozcan mañana. Por último, a mí me gustó mucho hacer el "Guernica" pensando que la gente creería, ante los colores del mío, que el de Picasso sólo lo había conocido por una reproducción en blanco y negro y en realidad debería tener los colores con que lo pinté.
Después, cuando escribí el Diario, sí se produjeron unas relaciones muy fuertes porque un día decidí que era Pablo Picasso y escribí: "Hoy comencé el Guernica", y comencé a llenarme de unas sutilezas y una intimidad con la obra de Picasso como la descripción del paladar del caballo, de los pelos en la axila de la mujer, en los que nadie se fija, y anotaba cómo me costaba trabajo la línea, porque todo se puede imitar en Picasso menos la línea.
S.: ¿ Y la otra influencia?
B.C.: Botero. Teníamos en la universidad a Marta Traba como profesora de Historia del Arte y ella nos inculcó una veneración por los artistas colombianos que ningún otro profesor ha logrado. Nos los explicaba y hacía querer y eso me fue convenciendo que era imposible superar a Botero, que uno salia de la universidad y qué iba a hacer si Botero ya lo había hecho todo. Yo trataba muchas veces de imitar el color de fondo, la pincelada, y otras intentaba pintar como Roda, pero en el fondo todo lo que quería hacer era Botero porque Roda era mi profesor, pero Botero era el Dios que teníamos encima, que nos estaba aplastando porque no podíamos hacer nada original. Ya todo estaba hecho.
S.: Esa necesidad de "romper con lo de atrás y volver a cambiar", ¿de dónde surge?
B. C.: Hay mucho de autocrítica.
Yo creo que lo que mata aquí a los artistas es el miedo y la falta de autocrítica. Yo, como crítico, todo me critico a mí misma y nunca estoy satisfecha con ninguna obra, no siento que estoy haciendo la obra maestra de la pintura universal. Esto me da elasticidad para cambiar. Hay una necesidad interior a no aceptarse uno mismo; nunca me he aceptado, ni como ser humano.
Tanto que pienso que uno debe olvidarse un día de todo lo que ha pintado y volver a comenzar como si estuviera en la academia: desheredar la obra. -
Francisco Celis -

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