Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/05/23 00:00

Desnudo con gato

El geólogo colombiano Jorge Bustamante, también traductor de poesía, hizo un curioso descubrimiento en México... No es ni un diamante ni un poema, pero sin duda entra en la categoría de joyas preciosas.

El pasado octubre, Jorge Bustamante e Irina Ostroúmova descubrieron el retrato de Ana Ajmátova realizado por Modigliani

Un día de octubre de 2008, la geóloga rusa Irina Ostroúmova y su colega el geólogo colombiano Jorge Bustamante se encontraban en ciudad de México -ambos viven en Morelia- y decidieron ir a visitar el Museo Soumaya. El lugar debe su nombre a la esposa del hombre más rico de México: Carlos Slim. Soumaya Domit murió hace ya 10 años y dejó el Museo como regalo a la ciudad, con una colección de arte deslumbrante: un recorrido por las escuelas flamenca, italiana, germana, francesa y española, con cuadros de los grandes maestros antiguos europeos. Además, una sala enorme dedicada a Rodin y a los impresionistas, y otras dos más dedicadas al arte mexicano.

En la última sala, la más pequeña, dedicada a las vanguardias del arte del siglo XX, entre esculturas de Picasso y Dalí, y cuadros de Miró y de Chagall, en una esquina discreta, Irina y Jorge se toparon con un dibujo en carboncillo y lápiz de uno de los más reconocidos artistas italianos del siglo pasado: Amadeo Modigliani.

El dibujo se llama Desnudo con gato, y es un delicado boceto de un cuerpo femenino anónimo, en cuya pureza de línea, combinada con el espíritu casi ingenuo que irradia, ya se anuncia el distintivo alargamiento de las figuras que haría famoso al pintor.Bustamante y Ostroúmova se quedaron mirando el dibujo. Y luego se miraron el uno al otro estupefactos.

Irina Ostroúmova nació en San Petersburgo y allí mismo hizo su maestría en ciencias geológicas. Trabaja en el Instituto Tecnológico de Monterrey y es, por pura pasión, una estudiosa de la literatura rusa. El caso de Jorge es similar: nació en Zipaquirá y estudió geología en Moscú, donde vivió ocho años. De ahí volvió a Bogotá, donde trabajó en Ingeominas, y vive en Morelia desde hace 28, donde trabaja para el Servicio Geológico Mexicano. Lo curioso de Bustamante es que a pesar de haber trabajado toda su vida como geólogo, tiene una profesión paralela, resultado de una pasión: es traductor de poesía rusa. Sus traducciones de poetas rusos han sido publicadas por editoriales tan prestigiosas como la de la Unam y Norma. Poemas de Anna Ajmátova y Cinco poetas rusos, son algunass de ellas.

Es más que evidente su admiración por la gran poeta Ana Ajmátova, autora de Réquiem y de Poema sin Héroe, dos de los más grandes poemas del siglo XX, que logran condensar el dolor infligido por Stalin.

Aquella tarde en el museo, Ostroúmova y Bustamante sabían exactamente lo que estaban viendo. Aquel no era un dibujo anónimo del joven Modigliani. Era uno de los 16 que el artista italiano le hizo a Ajmátova, cuando tuvieron un romance clandestino en París en 1911, y que se consideraban desaparecidos. Él apenas tenía 26 años y era casi desconocido; ella tenía escasos 22 y nadie imaginaba que ambos pasarían a la historia. Por los diarios de ella, se sabe que el recuerdo de ese encuentro la marcaría de por vida.

Ajmátova había nacido en San Petersburgo, hija de una familia de abolengo, y comenzó a escribir poesía desde muy pequeña. Su sino estuvo marcado por la tragedia: su primer marido, el poeta Gumilov, fue fusilado por Stalin, acusado de conspiración. Su hijo fue internado dos veces en campos de trabajo forzado en Siberia. Su tercer marido, el historiador Punin, murió de agotamiento físico en otro campo. Su obra poética fue prohibida, y ella censurada, acallada, humillada hasta el horror por el aparato soviético. Muchos de sus amigos murieron bajo la tiranía del estalinismo. Volvió al entonces Leningrado después del sitio -uno de los más dramáticos episodios de la Segunda Guerra Mundial-, en 1944, para encontrarse con la ciudad devastada.

Hasta entonces, se creía que sólo uno de aquellos 16 dibujos se había salvado, y ese único dibujo sobreviviente se exponía, justo en octubre de 2008, en el Museo Ana Ajmátova de San Petersburgo. Pero en ese mismo mes, en México, ocurría el descubrimiento emocionante, dadas la estatura de ídolo y la reverencia que despierta Ajmátova en Rusia.

En México la noticia ha tenido gran despliegue. Hicieron falta seis meses de correspondencias entre México y Rusia para probar que el cuadro sí pertenecía, efectivamente, a la serie.

Pero quien está celebrando de veras es Bustamante. Espera, con discreción, que su descubrimiento haga que Ajmátova sea más conocida, más leída en América Latina.Ojalá tenga razón.

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