Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1984/04/02 00:00

DESTINO:LA CIUDAD

SEMANA entrevistó a Luis Fayad, voluntariamente exilado en España, quien próximamente publicará su novela urbana "Los parientes de Ester"

DESTINO:LA CIUDAD

Para quienes lograron comprarla en Colombia, ya desde la presentación constituyó una sorpresa. Se trataba de una novela colombiana, publicada en España dentro de la colección "Novela contemporánea" de la editorial Alfaguara, de la cual habían llegado libros de varios novelistas europeos como Marguerite Yourcenar, y de latinoamericanos tan consagrados como Julio Cortázar y Jorge Amado, para sólo citar dos ejemplos. Y en concepto de los editores, "Los parientes de Ester" es, sin lugar a dudas, la novela latinoamericana más importante aparecida tras los éxitos de hace una década de la literatura de este continente. La calidad literaria, unida al apasionamiento de su lectura, lo convierten en un libro importante y divertido a la vez. Difícilmente se escapará a la seducción que el autor nos ofrece en sus páginas. No se trataba, pues, de cualquier publicación de rutina, a comienzos de 1979, cuando llegaron al país los pocos ejemplares que las librerías se atrevieron a pedir. Y una vez leída la novela, el entusiasmo no se hizo esperar. Pero siempre se lamentaba la poca difusión de la novela en Colombia. Ahora, gracias a las gestiones de Carmen Balcells, la editorial Oveja Negra hará una segunda edición, y los lectores colombianos podrán disfrutar de la literatura de un escritor joven, dedicado a su oficio, dueño de una prosa que seguramente deparará varias satisfacciones.
En efecto, "Los parientes de Ester" es un fenómeno singular dentro de la más reciente literatura colombiana. En primer lugar, porque se trata de una novela urbana; por sus páginas discurre Bogotá, de una manera tan sutil, tan cariñosa, tan real como sólo conocíamos en la poesía de José Asunción Silva. En segundo término, porque sus Personales encarnan diversos niveles de la sociedad colombiana, y no vacila su autor en tomar partido por algunos de ellos, mientras denuncia y condena a otros. Ahora, cuando diversos escándalos financieros han conmovido la opinión nacional, cobrarán mayor relieve algunos acontecimientos de esta importante novela.
SEMANA obtuvo la siguiente entrevista con el autor, en vísperas del lanzamiento de la edición colombiana de su novela.
SEMANA: ¿Por qué "Los parientes de Ester" es tan poco conocida en Colombia?
LUIS FAYAD: Porque la distribución de la edición española fue muy poca en el país. Hasta donde existe el comentario literario en Colombia, la obra fue, me parece, muy bien recibida. Sin embargo, aquí hay muchos impuestos y otras trabas para la difusión del libro. Por otra parte, América Latina llegó a ser en la década pasada un continente donde estaba prohibida la lectura; tantas dictaduras militares y tantos gobiernos reaccionarios censuraron por "subversivos" tantos y tantos títulos, que el libro tuvo muy poco mercado. Es triste apreciar cómo generaciones enteras de nuestras tierras han sido educadas al margen de la literatura universal, o en el mejor de los casos como lectores clandestinos.
S.:¿Cuál fue la razón de su salida de Colombia?
L.F.: Se trató de un exilio voluntario. Hay muchos escritores que salen porque encuentran mejores condiciones de trabajo fuera del país, pero en mi caso salí por deseos de viajar; quería conocer París, como suele suceder entre los jóvenes. Por entonces había terminado el primer borrador de la novela y quería dedicarme a corregirla con todo el tiempo a mi disposición. Entonces renuncié al trabajo que tenía en Bogotá como redactor técnico en un instituto, y me fui a trabajar en mi obra. Eso fue en 1975, y pasé ese año corrigiendo el manuscrito y madurando ideas para trabajos posteriores.
S.: ¿Cuándo decidió radicarse en España?
L.F.: Tan pronto como terminé la corrección de "Los parientes de Ester" me fui para Barcelona. Es que además de París, yo anhelaba conocer España. Puedo decir hoy que en algo he cumplido aquellos deseos. Más tarde viví un período en las islas Canarias, que son ya un término intermedio entre España y nuestras tierras tropicales.
S.: ¿Se puede interpretar eso como un deseo de regresar a Colombia?
L.F.: Este viaje que he realizado con mi esposa y mi hijo, ha reafirmado mi decisión de volver. No de manera inmediata, pues en España voy a trabajar todavía por algún tiempo en mis cuentos y novelas, pero sí en un término más o menos cercano. Es curioso, pero regresar se me ha convertido en un ideal, tal como me sucedió antes de irme para Europa.
S.: ¿Nostalgia del "olor de la guayaba"?
L.F.: Más o menos. He hallado nuevos aspectos del país, y también he recuperado el olor y el sabor de muchas frutas, aunque los precios de los jugos sobrepasan en mucho aquellos de mi recuerdo...
S.: Pero entiendo que las condiciones de escritor en Europa son mejores...
L.F.: Eso es cierto. Como allá existe la editorial como empresa, los editores pagan al iniciar la edición luego, cada seis meses, a medida que el libro va vendiéndose. No es que todos los escritores vivan de su oficio pero algo reciben; el trabajo resulta así, más gratificante.
S.: Entonces los editores no se aprovechan.
L.F.: Bueno... eso sí es como en todas partes. Existe la pelea entre escritores y editoriales. Pero, al menos, existen las agencias literarias, que velan celosamente por los intereses del autor. Además, hay más revistas y periódicos de interés cultural y literario, y mayores estímulos.
S.: ¿Usted tiene algún agente?
L.F.: Por fortuna, de mi novela se hizo cargo Carmen Balcells. Inicialmente, al llegar a Barcelona, yo guardé la novela, ya corregida, sin prisa por publicarla. A pesar de mis dificultades económicas, estaba tranquilo y contento porque me gustaba mi obra y tenía absoluta fe en ella. Por otra parte, los amigos me decían que las Editoriales andaban esgrimiendo las mismas disculpas de siempre: que no publicaban literatura porque no era rentable, que el mercado estaba difícil, etc. Pero cuando Alfaguara lanzó su colección de "Novela contemporánea", pensé que eso era lo que yo tenía, y envié mi manuscrito. Tuve la fortuna de dar con un buen lector; Jaime Salinas, a quien envié el texto, encomendó al criterio de Eduardo Naval la recomendación, y a él le gustó la novela. Salieron tres mil ejemplares, que se han vendido. La novela fue bien recibida, en general. Al menos, como se dice, "existió" en el ámbito literario español. De unos siete meses para acá, Carmen se encargó de "Los parientes de Ester" y ya logró que la editorial española permitiera una publicación en Colombia.
S.: ¿Cómo surgió esta novela?
L.F.: La primera idea fue un cuento, el del personaje Gregorio Camera con su tío Angel, ambos con aquella obsesión de montar un restaurante. Es ese ideal de tantos y tantos colombianos, de montar algún tipo de negocio que les solucione sus necesidades económicas; es como crear el mundo que les hace falta para poder vivir. Sin embargo, en el camino de la gente surgen muchas historias y así me pasó con Gregorio y Angel; son las historias de "Los parientes de Ester", que no son marginales porque cada personaje influye en la historia principal y, a medida que la novela transcurría, ví que el negocio de cada personaje, el verdadero negocio, era su relación con cada uno de los otros. Toda confluía en sussentimientos recíprocos. Procure que las pretensiones de cada uno fueran compensatorias: sin una historia no podría existir la obra. Y esto fue válido tanto en cuanto al tema como en cuanto a la estructura de la novela, que fue lo que más me interesó para que se sostuviera.
S.: ¿Cuánto tiempo duró escribiéndola?
L.F.: En la primera redacción, que mantuvo su estructura, empleé unos tres meses.
S.: ¿En Bogotá?
L.F.: Conté con el cariño y el respeto por mi trabajo de mi madre y mis hermanas, quienes me cubrieron hasta de las visitas familiares y consideraron siempre que mi trabajo merecía mi tiempo y mis esfuerzos.
S.: ¿Y luego?
L.F.: Duré dos años corrigiéndola y retocándola. En el proceso de remodelación, la novela se redujo en unas ochenta páginas, pero sus modificaciones tuvieron que ver más con el aspecto de la redacción, que cambió sustancialmente.
S.: Supongo que usted reconoce influencias en su estilo...
L.F.: Naturalmente. He leído mucho, con énfasis en los maestros latinoamericanos del género narrativo. Mencionemos, como ejemplos, a García Márquez, Borges, Cortázar, Fuentes, Rulfo, Vargas Llosa, Onetti, Guimaraes, Roa Bastos.... Pero no olvidemos a los poetas. Y entre ellos, a Rubén Darío, a Neruda, a Vallejo, a Lezama Lima (para mí mucho más importante por sus poemas que por su "Paradiso"), y a José Asunción Silva, por quien siento una profunda admiración. Con todo, déjeme decirle que, en materia de influencias, la clave para la madurez literaria consiste en saber cuándo uno escribió con estilo propio y, además, cuando la escritura es buena.
S.: Cuéntenos de sus antecedentes literarios.
L.F.: En 1968 publiqué "Los sonidos del fuego" y en 1974 "Olor de lluvia", dos libros de cuentos. Releyéndolos ahora, pienso que tienen textos buenos y malos. Habría que mejorarlos. Uno a veces publica cuentos que debería haber guardado, y a veces rompe cuentos que habrían merecido ser publicados. Eso lo he aprendido rompiendo y publicando.
S.: ¿Hay obras en camino?
L.F.: Sí, claro. Tengo varios cuentos, pero fundamentalmente una novela, cuya primera idea data ya de seis años y de la cual he realizado varias versiones, pero que no he podido "cerrarla", como se dice; tengo listos el principio y el final, así como buena parte de su desarrollo, pero no el título. Tres veces he mencionado a algunos amigos un posible título, y al otro día me deja de gustar. Su tema es la historia de un muchacho que pasa del colegio a la universidad en la época de Camilo Torres, y ese hecho repercute en él, en su vida y en su mundo.--
Guillermo Alberto Arévalo

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