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| 11/1/2013 12:00:00 AM

El diario ‘El Espacio’ no siempre fue “amarillista”

La Biblioteca Nacional dedicó su pieza de este mes a la primera edición de este diario, uno de los de mayor circulación a nivel nacional.

“Un pasquín menos”. Así fue como uno de los foristas de El Espectador comentó la nota del 27 de septiembre de 2013 en la que se anunciaba la salida de circulación del diario impreso El Espacio. Otros foristas se sumaron: “Es lo mejor que le puede pasar al país…”; “nooo, ahora la jaula de mis pájaros se quedó sin papel para el piso…”, o “No se pierde nada, siempre fue un pasquín de medio pelo”.

Sin embargo, El Espacio no siempre fue un diario “amarillo”. Su primera edición, fechada el miércoles 21 de julio de 1965, indica que se trataba de un vespertino liberal que abrió aún más el espectro de publicaciones periódicas en la Bogotá de aquel momento. Su promesa editorial fue valerosa: “El Espacio es un diario liberal para Bogotá, con inspiración nacionalista y criterio independiente, que refleja honestamente a la opinión pública, porque no sujeta las noticias a sus propias opiniones”. Y precisamente, abrió esa primera edición alertando a la opinión pública con el anticipo de una noticia candente: el presidente Guillermo León Valencia estaba decidido a prolongar indefinidamente el estado de sitio para poder gobernar por decreto, debido a la oposición mayoritaria del congreso.

El estado de sitio había sido instaurado por el propio Valencia un mes antes, para hacerle frente a las fuertes protestas estudiantiles que sucedieron en Medellín como respuesta a la invasión norteamericana en República Dominicana. Una vez instaurado el decreto 1288 que certificaba el estado de excepción, Valencia pudo decretar una serie de medidas que buscaban combatir la crisis económica vivida por el país.

El Espacio parecía dispuesto a defender dos de los pilares de la democracia: la igualdad y el libre acceso a la información, en una edición que le permitía informar a primera hora de la tarde sobre noticias de última hora que ocurrían en la mañana. Así, pudo informar a la una de la tarde en esa primera edición que el congreso no apoyaba la propuesta del gobierno de ampliar el periodo constitucional de las corporaciones públicas. 

¿En qué momento, pues, comenzó El Espacio a ocuparse de noticias que llevaron al público a decir de él que había que leerlo rápido, antes de que se coagulara?

El editorial de aquella primera edición continuaba: “(El Espacio) cree haber nacido de una necesidad y espera satisfacerla. Aspira a disipar un poco el desorden y la confusión actuales, porque mostrará un criterio firme sobre las cosas que piensa, sin ocultar por ello lo que piensan los demás, siempre que esas opiniones sean respetuosas y respetables”. Fiel a esa declaración, continuó ocupándose en primera página de las noticias políticas durante 1965: el tire y afloje entre Valencia y el congreso, alguna ocasional noticia deportiva, un ministro en la portada y eventos noticiosos internacionales.

Hacia octubre comenzaron a aparecer modelos en traje de baño en las últimas páginas y el jueves 23 de diciembre aparece en primera el titular: “Se me fue la luz, dice ganador”, sobre un hombre que ganó cinco millones en la lotería. Para ese momento ya figuraban algunos crímenes en la última página del vespertino. Cuatro días más tarde: “Otro pobre, rico. Zapatero ganó dos millones” y el viernes 31 de diciembre, en la última página, la primera fotografía, en primer plano y sin censura, de un muerto bajo los puentes de la 26: “Macabro crimen bajo los puentes de la 26. A golpes asesinado”.

La historia de la prensa sensacionalista en Colombia se remonta a finales del siglo XIX. “La crónica de sucesos –también llamada roja, judicial o de policía-, nació con el periodismo informativo a finales del siglo XIX”, explica Maryluz Vallejo en su libro A plomo herido (2006), “porque los hechos de sangre y la tragedia pasaron a ocupar un lugar destacado junto a la política y la literatura”. Inspirados por la prensa sensacionalista de Joseph Pulitzer (New York World) y W. Randolph Hearst (New York Journal) en Estados Unidos, algunos editores de diarios en Bogotá adoptaron la fórmula sensacional de “lo he visto con mis propios ojos”.

Crónica de sucesos, prensa amarilla o amarillista, crónica roja, judicial, crónica de policía, los casos de baranda, el escándalo, la crudeza y la sangre expuesta en letras de molde, han sido siempre elementos que permiten que un periódico o una revista vendan muchos ejemplares a bajo costo. El lunes 3 de enero de 1966, los editores de El Espacio desplazaron a la primera plana una noticia que unos días antes habría estado en las últimas páginas: “Voraces ratas diezman la población infantil”, y con ello cambiaron para siempre el rumbo del periódico.

En mayo de 1964 El Espectador había fundado un diario de información policial dirigido por José Salgar llamado El Vespertino, al que rápidamente le saldría al paso El Espacio. Hacia 1968, este último ya había dejado de ser un diario local para tener circulación en todo el país y se había impuesto como el primer periódico colombiano en publicar fotografías a todo color.

Los reportes que hablan sobre la desaparición de El Espacio plantean que la dura competencia impuesta por diarios gratuitos como ADN y Publimetro, además de diarios de más bajo costo como Q'hubo, Extra y Mío, y el aumento en el uso de Internet con fines informativos en la actualidad, terminaron por llevarlo a un punto de crisis. Lo cierto es que, tal y como lo expresa Eduardo Posada Carbó, “sin lectores, y sin lectores que compren, cualquier aventura periodística está sujeta a una vida pasajera”. 

La aventura de El Espacio no fue nada despreciable: 48 años de vida durante los cuales rompió récords en ventas y fue solo superado por El Tiempo, el diario de más amplia circulación en el país.

En una época en la que los recortes de personal en la prensa escrita suceden cada vez con mayor frecuencia (en octubre de 2012 El País de España anunciaba recortes de personal “para garantizar la viabilidad del diario en el futuro” y en 2010 la WAN publicó un reporte según el cual entre 2008 y 2010, 166 periódicos habían dejado de circular en los Estados Unidos), la desaparición física de El Espacio no parece sorprender a nadie.

Sin embargo, su presencia en Internet cobra sentido: con su tendencia a “fabricar” noticias y a capturar la vida del hombre común (no en vano fue durante tantos años “El diario del pueblo”), El Espacio alimenta las necesidades del público. Jean-François Fogel ha sostenido que los medios impresos están condenados a la extinción debido a que las personas no necesitan intermediarios para informarse. Con los dispositivos móviles todos estamos en condiciones de tomar fotografías y escribir mensajes de texto que, una vez en las redes sociales, se convierten en noticias. Si es cierto que la vida es amarilla, como aseguró a la revista Semana Ricardo Rondón, quien fue editor general de El Espacio y trabajó allí durante 25 años, entonces habrá espacio para rato entre nosotros.

Conozca la primera edición de El Espacio en la página de la Biblioteca Nacional
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