Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2008/10/18 00:00

Días de cine

Del 20 al 26 de octubre se celebra la Semana del Cine Colombiano. Cinco expertos analizan cuáles han sido sus logros y qué le falta.

Felipe Aljure, director de ‘La gente de la Universal’ y ‘El Colombian Dream’

En la Semana del cine colombiano, además de proyectarse gran cantidad de largometrajes, cortos y documentales en salas y centros culturales de todo el país (los canales de televisión también programarán cine colombiano en sus espacios de cine), se llevarán a cabo diversos eventos académicos -entre ellos el Foro SEMANA 'Sí hay cine colombiano. ¿Para dónde va?', que se llevará a cabo el martes 21 de 9 a 12 del día en el Museo El Chicó- y la Imaginatón, en la que participan miles de colombianos que grabarán una película de un minuto. Además, el jueves, en el Teatro Faenza de Bogotá, se entregarán los Premios Nacionales de Cine y los Premios del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico.

Para reflexionar acerca del estado en que se encuentra el cine colombiano, SEMANA entrevistó a cinco expertos que miran el cine desde ópticas diversas. David Melo, director Nacional de Cinematografía del Ministerio de Cultura; Felipe Aljure, director de La gente de la Universal y El Colombian Dream; Pía Barragán, gerente de películas Independientes de Cine Colombia; Mauricio Reina, economista, investigador de Fedesarrollo y crítico de cine, y Clara María Ochoa, productora de películas como Soñar no cuesta nada.

SEMANA: ¿El apoyo que han recibido directores y productores desde la Ley de Cine de 2003 se ha visto reflejado en una mayor cantidad o calidad del cine colombiano?

DAVID MELO: La ley de cine ha generado calidad y cantidad. Nuestro indicador de calidad es la participación en festivales internacionales, cuyos curadores tienen los más exigentes criterios para escoger las películas: San Sebastián, Berlín y Sundance, la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes.. En términos cuantitativos, hemos triplicado el número de estrenos de películas colombianas en salas de cine y tenemos el indicador más alto en América Latina -por encima de Brasil, Argentina y México- de participación de público local que asiste a ver películas nacionales: 12 por ciento.

FELIPE ALJURE: Yo creo que el apoyo que se ha recibido desde la Ley de Cultura en 1997 y desde la Ley de Cine se ha visto reflejado en una mayor cantidad de películas y esa mayor producción ha creado una base para que empiecen a aparecer mejores calidades en nuestras películas. 

El que oye olvida, el que ve recuerda y el que hace aprende. Hacer es lo que nos ha enseñado. Para que se cumpla la verdad de a puño de que alrededor del 10 por ciento del cine de un país vale la pena, hay que producir por lo menos 10 para que se destaque alguna. Esa es la aritmética a la que estamos llegando hasta ahora... Cien años tarde...

CLARA MARÍA OCHOA: La Ley de Cine ha estimulado ante todo el crecimiento de la industria cinematográfica y la consolidación de empresas productoras de cine. La cantidad obviamente ha subido en la medida en que hay más herramientas, recursos e incentivos. Sin embargo, eso no tiene que ver con la calidad, si se tiene en cuenta que cada película es un producto independiente.

SEMANA: Una de las críticas que se sigue haciendo al cine colombiano es que está muy pegado a los formatos de las telenovelas.

D.M.: En toda cinematografía los realizadores tienen distintas intenciones. En Colombia tenemos desde directores que defienden el lenguaje cinematográfico clásico hasta quienes reivindican que el cine colombiano es heredero de la tradición televisiva, pasando por apuestas que incorporan los nuevos lenguajes audiovisuales como el video-arte.

PÍA BARRAGÁN: Un buen actor puede ser bueno en las tablas, en la televisión o en el cine. Y hay aportes que el cine ha tomado de la televisión. Pero un lenguaje pobre, en términos cinematográficos, es pobre aquí y en cualquier lugar del mundo.

MAURICIO REINA: Eso es cierto para uno de los modelos de producción de cine que se vienen perfilando: el que simple y llanamente busca hacer televisión en cine. Sin embargo, hay por lo menos otros dos modelos que se vienen insinuando: el de hacer cine-cine, que intenta producir proyectos de cierto valor artístico con viabilidad comercial, sin recurrir a los ganchos de las telenovelas; y el cine de autor, que mal que bien saca la cara por lo menos dos veces cada año.

C.M.O.: A medida que ha aumentado la cantidad de películas realizadas por año, tanto productores como directores estamos encontrando un lenguaje propio. Pero pienso hay que comenzar a trabajar la manera de contar las historias. Tratamos los temas de una manera un poco superficial. Hasta ahora la mayoría de las películas en el país se queda en la anécdota. Es hora de tocar las fibras del espectador.

SEMANA: ¿Qué le hace falta al cine colombiano para tener una aceptación en otros mercados, como industria y como propuesta estética?

F.A.: No buscar aceptación en esos mercados y simplemente dedicarse a ser cine y no cine colombiano. Esta afirmación necesita el  nivel de radicalidad que contiene en el caso del cine lenguaje, del cine no comercial, del cine... En el caso del cine comercial, del que se interesa más en hacer películas que cine, las lógicas operan distinto y son válidas también, pues de la mano de una industria más desarrollada tiene más oportunidades el cine no comercial.

P.B.: Hay que tener en cuenta que somos un país inmaduro y con una cinematografía muy joven. Tenemos un público en formación que no está interesado en mirarse a sí mismo, al que le duele verse reflejado en el espejo. Apocalipsur, Perro come perro o Yo soy otro no han sido grandes éxitos taquilleros y han tenido un muy buen recorrido de festivales internacionales. Vamos a ver qué pasa con el próximo estreno, PVC-1, de Spiros Stathoulopoulos, que viene con 11 premios a cuestas.

M.R.: En cualquier mercado deberían funcionar películas que estén bien realizadas, que tengan historias de interés universal y que estén bien contadas, vengan de donde vengan. Si en Colombia sobreviven los tres modelos de cine que se insinúan, poco a poco deberían llegar películas con esas condiciones. Pero si triunfa sólo el modelo de televisión... 

SEMANA: ¿Cree usted que la desaceleración de la economía va a afectar el futuro inmediato del cine colombiano?

D.M.: Resulta fundamental mantener el compromiso del Estado en el financiamiento y el desarrollo de políticas de fomento al cine colombiano. Y garantizar el desarrollo de proyectos de la mayor calidad, para mantener el interés de empresas privadas que además reciben por la ley de cine importantes estímulos fiscales.

P.B.: Apretarse el cinturón siempre es bueno. A los inversionistas hay que mostrarles ganancias reales, o de lo contrario no vamos a tener promotores que decidan apoyar la industria. Las películas que mejor funcionan son las que ofrecen buenas propuestas estéticas, con calidad cinematográfica y presupuestos sensatos. Hay que volverse más creativos, explorar métodos no convencionales de comunicación, invadir la web.

M.R.: Una caída del 10 por ciento en la taquilla (por poner una cifra aproximada para la magnitud de la desaceleración que se espera) no sería de vida o muerte. Si el cine colombiano conserva su participación actual en el mercado nacional, podría llegar a cerca de dos millones de espectadores, cifra suficiente para que triunfe o fracase el mismo número de películas colombianas que triunfan o fracasan hoy día. Más complicada que la desaceleración sería una caída de la participación del cine colombiano en la taquilla total o que siga avanzando el efecto devastador de la piratería.

C.M.O.: En el cine colombiano se ha hablado de un boom y todo boom se tiene que estabilizar. Una medida es estimular las coproducciones, pues además de obtener recursos adicionales, se puede hacer cine universal sin perder nuestro sello. Debemos unirnos como gremio para ponernos de acuerdo en lo que es importante para seguir haciendo del cine colombiano una verdadera industria y para que en el futuro nuestros cineastas crezcan en un país que ya tenga una tradición y un cine que sea reconocido mundialmente.
 

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