Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/19/2016 7:44:00 PM

El diccionario de palabras colombianas

'Engallar', 'desguarambilado', 'Sirirí' y 'Zumbambico', son algunas de las 10.000 palabras coloquiales colombianas que recopila el Instituto Caro y Cuervo.

Los organizadores del Festival del Porro que se realiza cada año en San Pelayo, Córdoba, pusieron el grito en el cielo cuando buscaron la palabra ‘porro’ en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) a comienzos de este año. Solo encontraron tres significados y ninguno coincidía con el que ellos utilizaban: “Cigarrillo liado de marihuana o de hachís mezclado con tabaco”, “Puerro (una planta)” y “Dicho de una persona torpe, ruda y necia”. 

Indignados, buscaron la ayuda de expertos musicales y comenzaron una cruzada para que la academia acepte la otra definición de esa palabra, la que se usa normalmente en esa región de Colombia: “Ritmo folclórico mestizo y cadencioso, originario de la costa Caribe colombiana, cuyo canto y baile constituyen un importante símbolo de su cultura”. Hasta hoy no han tenido éxito.

Lo cierto es que esa no es la única palabra de uso diario en Colombia cuya definición local no está en el diccionario oficial de la RAE. Muchas ni siquiera aparecen mencionadas y otras difícilmente se escriben (incluso dentro del país), porque casi siempre se utilizan solo en conversaciones informales y cotidianas.

Pero eso pronto va a ser cosa del pasado. Desde hace dos años el Instituto Caro y Cuervo, en colaboración con el Ministerio de Cultura y la Academia Colombiana de la Lengua, comenzó a trabajar en un proyecto que busca recoger todas esas palabras y expresiones locales para publicarlas, con su respectivo significado, en un documento oficial. Se trata del Diccionario de Colombianismos que, si todo sale como está planeado, estaría terminado en diciembre de 2017 y saldría a la venta durante el primer semestre del 2018.  

La idea es que ese documento sea una expedición al patrimonio vivo colombiano. A través de las palabras que usamos podremos conocer nuestra gastronomía, el vestuario que utilizamos, los instrumentos con los que hacemos música y hasta nuestras características físicas o nuestra forma de ser y de pensar”, cuenta Nancy Rozo, lexicógrafa del Caro y Cuervo y una de las coordinadoras de la publicación. La idea de hacer el diccionario fue de ella y de un grupo de colegas que trabajan con el instituto y la Academia Colombiana de la Lengua.

Y aunque no es el primer intento de recopilar los términos locales del país, si es el más ambicioso de todos. La RAE, de hecho, ya tiene un Diccionario de Americanismos en el que incluye palabras de uso local de los diferentes países de habla hispana distintos a España y la academia colombiana tiene el Breve Diccionario de Colombianismos, cuya última edición fue en 2012. El más completo, hasta ahora, era el diccionario del investigador alemán Guünter Haensch que salió publicado en 1993, que ya se quedó viejo. La versión que prepara el Caro y Cuervo, por el contrario, es la más actualizada y grande, pues va a tener 10.000 palabras.

Para hacerlo realidad, un equipo de 19 personas viene trabajando sin descanso desde junio de 2015. Revisan diariamente la prensa, hacen entrevistas y encuestas, y clasifican la información. Hay dos coordinadoras, seis lexicógrafos que actúan como redactores, un ingeniero y el resto son corresponsales que están en diferentes zonas del país haciendo trabajo de campo. De hecho, para efectos del proyecto, el instituto dividió al país en 10 regiones: Amazonas, Antioquia, el Caribe, Cundinamarca y Boyacá, los Llanos Orientales, el Pacífico, Huila y Tolima, Cauca y Valle, los santanderes y Nariño. 

El equipo, además, cuenta con un software que hace más fácil armar el diccionario en el formato tradicional y que permite clasificar cada uno de los términos recopilados. En este caso, los investigadores decidieron incluir otras marcas –que son las que muestran si un término es un adjetivo o un sujeto, por ejemplo–, además de las tradicionales y, por ese motivo, las palabras tendrán incluida la región del país de la que provienen, la población que las usa (si son los jóvenes o los adultos mayores) y su intensión comunicativa (si es despectivas, irónica, amigable etcétera). “Será un diccionario con mucho detalle y con mucha información para el usuario”, cuenta Rozo. 

Hasta ahora se han recogido 6.750 vocablos y la idea es recopilar los restantes durante el próximo año. Pero para que el público conozca los avances del proyecto, se han publicado algunos documentos pequeños basados en las palabras que ya están registradas. Hace dos semanas, por ejemplo, los investigadores presentaron una cartilla infantil y una serie de postales.

Lo que han visto confirma que en Colombia se habla un español muy ingenioso. “Es una lengua viva, muy bonita, divertida y llena de metáforas”, cuenta Carmen Millán, la directora del Instituto Caro y Cuervo. Además, ratifica la riqueza en palabras que hay en el país. Los investigadores han encontrado algunas que se usan en varias regiones con significados diferentes –como ‘charro’ que en Antioquia significa algo bonito y en Bogotá algo aburrido–, y otras que tienen un término diferente en cada región, como la cerveza a la que llaman birra, pola, pochola o amarga. 

Hay quienes creen que la gramática y las palabras son temas solo para académicos o para mentes elevadas y cultivadas, pero en realidad nos han acompañado siempre. Algunas, incluso, desde que éramos unos niños”, dice Millán. Por eso, el diccionario también busca acercar a la gente a ellas a través de términos familiares. El otro objetivo es que en muchos años las futuras generaciones abran el diccionario y solo con hojearlo descubran cómo era la sociedad que los antecedió. No será difícil porque las palabras dicen más de las personas que las usan de lo que muchos creen.  

Un avance del diccionario

Amigovio, via. s./adj. inf. juv. Persona con la que se tiene una relación afectiva menos formal que el noviazgo.

Desguarambilado, da. adj. inf. Referido a una persona, descuidada en su forma de vestir, desarreglado.

Engallar. v. 1 Adornar un automóvil con distintos accesorios. 2 Tol Huil. inf. Juv. Meter en problemas. 

Foforro. m. inf. Fiesta muy animada con bebidas alcohólicas.

Hueso. s./adj. 1 inf. desp. Objeto de mala calidad. 2 inf. desp. Situación o persona aburrida y fastidiosa.

Novelero, ra. adj. 1 inf. Referido a una persona, que le gustan en exceso las telenovelas. 2 Ant. inf. Referido a una persona, que tiene la habilidad de convertir un hecho intrascendente en una historia casi novelesca.

Sirirí (tb. cirirí, sirilí). m. 1 Ave insectívora de hasta 20 cm de longitud, de color amarillo su abdomen, grisáceo el cuello y su cabeza y café y gris sus alas, que hace un gran escándalo cuando está anidando. 2 inf. Algo que se repite con tanta insistencia que molesta y fastidia.

Viringo, ga (tb. beringo, biringo, veringo). adj. Referido a una persona, desnuda.

Zumbambico, ca. s./adj. Ant., Cauc. Vall. inf. 1 Niño fastidioso o molesto. Palabra propia de los regaños de las abuelas, usada hoy por los nuevos padres y madres. m. 2 Cauc. Vall., Nar. Juego infantil que consiste en un disco giratorio con dos orificios a través de los cuales se pasan dos cuerdas, se gira hasta enrollar las cuerdas y al acercar y separar las manos se produce un zumbido.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

TEMAS RELACIONADOS

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.