Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/09/05 00:00

DICIENDO Y HACIENDO

Con buen enfoque y problema de imagen nace el periódico de los Pastrana.

DICIENDO Y HACIENDO

La apariencia es la del periódico El País de Madrid. La bandera es como la de la antigua revista Guión. Estas son probablemente las dos características más sobresalientes, y en cierta forma contradictorias, del nuevo periódico La Prensa aparecido el pasado 4 de agosto. Aspira a imitar a El País de España, considerado internacionalmente como uno de los mayores éxitos periodisticos contemporáneos.Moderno, ágil, independiente, el periódico dirigido por José Luis Cebrián pasó a ser el número uno en España en escasamente una década. Su principal innovación consistió en presentar la noticia en un estilo más de revista, que de prensa tradicional. Es decir,no limitándose a suministrar fríamente la información sino combinándola con el análisis. Los promotores de La Prensa admiten que este es el ejemplo a seguir, y que inclusive contaron con asesoría para el lanzamiento, del diario de Madrid.
Y no cabe duda que un enfoque periodístico como el de El País, encontraría un espacio en el anquilosado panorama colombiano, que como lo dice el propio editorial del número 1 de La Prensa refiriéndose a Bogotá: "Es una ciudad cuya gente menor de 40 años no ha visto nacer un diario matutino".
Lo que crea ciertos interrogantes sobre la posibilidad de que estos propósitos se puedan llevar a cabo son precisamente los nombres que aparecen en la bandera. Figura como ex presidente Misael Pastrana Borrero y como director, su hijo Juan Carlos Pastrana Arango. Los cargos de ambos en La Prensa, son exactamente los mismos que ocupaban en la revista Guión, publicación que en 11 años bajo su orientación, no logró consolidarse en el mercado periodístico. El binomio Pastrana padre e hijo ha tenido hasta ahora más éxito en la política que en el periodismo.
Por esta razón, varios de los accionistas, y algunos de los periodistas, trataron de darle al periódico una presentación un poco más neutral, intentando que Pastrana junior no quedara en la dirección o que su padre no quedara al frente del Consejo Editorial, llegaron incluso a hacer sonar el nombre de Belisario. Este intento fracasó y el resultado final fue un sello ultrapastranista, que puede resultar contraproducente, sobre todo si se tiene en cuenta que los propios Pastrana reconocen que "Guión no logró pegar en el mercado porque era una publicación política" y que este tipo de medios están mandados a recoger, ya que el público, hoy por hoy, exige independencia y objetividad por encima de todo.
El periódico es una sociedad anónima con más de 90 socios y con un capital suscrito y pagado de 333 millones de pesos. Cerca de la cuarta parte de esta cifra está representada en una u otra forma en aportes directos o indirectos de los grupos Ardila y Santodomingo, que han brindado su apoyo al nuevo proyecto. De tercero está Luis Carlos Sarmiento Angulo, y el resto está compuesto por un buen número de accionistas medianos y pequeños. La nómina está compuesta por 32 periodistas. Además del director, Juan Carlos Pastrana, está como subdirector el veterano periodista Augusto Calderón, recién llegado de Roma. Cuatro editores: Elisa Pastrana de Cucalón (internacional), Fernando Garavito (vivir), Gonzalo Guillén (país y D.E.) y Ana María Escallón (domingos). El diseño del matutino está a cargo de Gustavo Zalamea. En esto, tal vez por prejuicios, han despertado más interés caras nuevas como las de Ana María Escallón y Gustavo Zalamea, que las que aparecían en Guión, aun cuando en estas últimas figuraban periodistas de talento como Garavito y Guillén. Juan Carlos Pastrana, quien tenía fama en la revista de ser un director distante y pasivo, tiene ahora impresionados a sus colaboradores como un hombre brillante, de armas tomar y comprometido "hasta las cachas" en sacar adelante el proyecto periodístico. El mismo Pastrana junior afirma que "una cosa es dirigir una revista que nació y se quedó política y otra cosa es estar alfrente de un periódico independiente". Aunque se muestra consciente de las resistencias y de las limitaciones que tienen sus antecedentes periodísticos, afirma que "vamos a demostrar que el periódico no es lo que la gente piensa".
Los dos primeros números sorprendieron favorablemente. El formato es agradable y el primer día "chivió" con el tema del Tesoro del San José, y otras noticias sobre las posiciones del M-19 y las FARC. La sección internacional se ve abundante y amena. La mayor falla se observa en la página editorial, que tiene una diagramación despedidora y un exceso de nombres políticos como Ernesto Samper, Carlos Rodado Noriega, Fernando Botero y Alvaro Salazar, el de la UP. Por lo general, los escritos de los políticos no entusiasman a los lectores y de esto no se escapan ni los ex presidentes,quienes no necesariamente son taquilleros. La Prensa contará los viernes con una columna de Belisario Betancur y los domingos con una de Misael Pastrana y, previsiblemente, despierta más expectativas la primera, ya que la controvertida figura poético-izquierdista del hombre de Amagá no se ha puesto a prueba en el terreno periodístico desde hace muchos años. No sucede lo mismo con el ex presidente Pastrana, quien desde hace 11 años ha venido editorializando semanalmente desde la revista Guión con un impacto más bien discreto.
A pesar del enorme esfuerzo y del considerable apoyo político-industrial con que cuenta el nuevo periódico, los pronósticos hasta ahora son reservados. No tanto por las antipatías que pudiera despertar la imagen de periódico pastranista, sino porque todos los intentos de crear un nuevo matutino nacional que se han hecho en medio siglo, han fracasado. Desde "El Liberal" en los años cuarenta hasta el proyecto de García Márquez, que finalmente no se concretó, nadie ha podido desplazar el tradicional binomio El Tiempo-EI Espectador. Binomio que, últimamente, se está convirtiendo en monopolio de El Tiempo.
En la actualidad el diario de los Santos en Bogotá, que es donde se va a medir el de los Pastrana, duplica al periódico de los Cano con cifras del orden de 140 mil contra 70 mil. El Siglo y La República tienen circulaciones del orden de 10 mil ejemplares o un poco más.
Estas cifras son desalentadoras para la creación de un nuevo matutino en Bogotá. Si se trata de hacer periodismo de denuncia y fiscalizador, El Espectador, a pesar de sus excesos y su tono algo antipático, satisface adecuadamente este mercado. Si de lo que se trata es de izar la bandera ideológica del conservatismo doctrinario, convence más El Siglo con sus 50 años de trayectoria, su imagen de azul de metileno y el prestigio de Alvaro Gómez, que el coctel pastrano-belisarista de La Prensa. La República, por su parte, al convertirse en publicación económica especializada, encontró su nicho y tampoco se ve fácil desplazarla.
Los promotores del nuevo diario dicen que buscan otro mercado diferente a todos estos. Puede que exista, pero tomará mucho tiempo conquistarlo. Y en materia de consolidación de periódicos, el tiempo es oro, pues los problemas de costos son enormes mientras se convence a los anunciadores. Como simple ejemplo, vale la pena traer a cuento una cifra: el capital suscrito y pagado por La Prensa asciende a 333 millones de pesos. Esta cifra corresponde a los costos de un mes de papel en el periódico El Tiempo.


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