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| 7/24/1989 12:00:00 AM

DIGALO CANTANDO

El estreno de la película "Boris Godunov" revivió la polémica sobre la ópera en cine.

Hasta comienzos de este siglo fue un espectáculo del que sólo podían gozar unos pocos afortunados. Hoy en dia, cuando el costo de una boleta para una función de primera sigue siendo bastante alto, millones y millones de amantes de la ópera pueden apreciar las mejores piezas interpretadas por elencos de gran altura, gracias a la magia del cine. Sin embargo, aunque hace más de 50 años que se realiza el denominado cine-ópera, todavia persiste una discusión imposible de saldar en la que están, por un lado, los puristas del arte escénico, quienes consideran un sacrilegio que una obra escrita y pensada para ser representada en un escenario en vivo sea llevada al celuloide.
Su contraparte la componen los puristas del cine, quienes ven con recelo que unos señores sin cualidades histriónicas, independientemente de sus habilidades para el canto, representen personajes que requieren una gran calidad actoral.

Pero el asunto no termina ahi. Al lado de las anteriores consideraciones hay otras de tipo técnico que tienen el debate en plena efervescencia en los actuales momentos. La discusión se reabrió hace pocos días, con el estreno en Europa de una versión cinematográfica de "Boris Godunov", del compositor Modesto Mussorgski. El trabajo corrió a cargo del director francés Toscan du Plantier, quien contó con la dirección musical de Mitslav Rostropovich, la orquesta de Washington, los coros de la ópera de Belgrado y cantantes de la talla de Nicolai Gedda y Paul Plishka. Y es en este último punto donde está parte de la controversia, ya que Gedda y Plishka lo único que hicieron fue prestar sus voces para el doblaje, mientras que los únicos intérpretes que cantaron y actuaron fueron Kenneth Riegel y Ruggero Raimondi.

La crítica recibió a "Boris Godunov" con alentadores comentarios, pero los problemas de doblaje de voces llevaron, tanto al director como a los cantantes, a afirmar que nunca más participarán en una empresa similar. En realidad, son pocas las óperas-cine que han sido bien recibidas por la crítica. Fuera de la versión de "La flauta mágica", de Mozart, que hizo Ingmar Bergman hace algunos años, y la "Carmen", de Rossi, las críticas han sido devastadoras.

Para los defensores a ultranza del cine resulta poco menos que inaudito que una señora obesa y poco atractiva --por muy buena voz que tenga--, con calidades actorales bastante deficientes, pretenda representar, por ejemplo, a la esbelta y arrebatadora Carmen. Según ellos, el cine es imagen y esta prima sobre el aspecto musical.

Para los puristas de la ópera, es un sacrilegio que, por cuestiones puramente cinematográficas, los directores decidan prescindir de escenas que estan contempladas en la obra original. El que en la parte correspondiente a la obertura, que en el teatro es tocada por la orquesta sin intervención de actores, se incluyan personajes y paisajes de manera arbitraria, es una bofetada para estas personas. Lo mismo ocurre con el doblaje de voces, que se considera como un fraude. Y ni hablar de la calidad del sonido, que nunca será igual al de una función en vivo .

En la mitad del debate está el grueso público, que al parecer está poco interesado en tan académica discusión y que, con tal de poder tener en el cine o en video una gran pieza de ópera con un elenco de primera línea --a un costo módico--, hace a un lado esas consideraciones.

Lo cierto es que cada día aparecen más y más obras de cine-opera. Y ahora, con la universalización del video y el advenimiento del video disco láser, de gran calidad en sonido e imágen, el matrimonio entre ópera y cine parece indisoluble y cuenta con la mejor bendición de miles y miles de compradores de todo el mundo.-
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