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| 1/19/2004 12:00:00 AM

'Dirijo películas de las que yo mismo me saldría'

Llega a Colombia 'Dogville', la nueva película de Lars von Trier, quien habló con SEMANA sobre su trabajo y las investigaciones morales que le sirven de inspiración.

El mundo esta lleno de gente que ha querido salirse de alguna película de Lars von Trier. Y de personas que hablan de él, con justicia o sin ella, como si se tratara de un nuevo maestro del cine. Se dice que desde la muerte del gran Carl Theodor Dreyer, autor de La pasión de Juana de Arco, no aparecía en las carteleras del planeta un cineasta danés que consiguiera poner en duda la gramática del lenguaje cinematográfico. Y se citan los postulados del Dogma 95, el manifiesto que redactó para liberar a los realizadores de "unas normas que jamás cuestionamos", como ejemplo principal de aquella valentía artística. Su madre le regaló su primera cámara en 1970. Desde entonces ha producido un par de miniseries para la televisión y dos trilogías de largometrajes. La primera, Tríada de Europa, lo convirtió en un invitado especial en el Festival de Cannes. La segunda, Tríada del corazón de oro, se empeña en poner en escena un trágico cuento infantil que solía leer en su infancia: en esa historia, contada en Contra viento y marea, Los idiotas y Bailarina en la oscuridad, una mujer indefensa, de espíritu generoso, se convierte en una mártir después de sufrir una serie de experiencias escabrosas. Von Trier trabaja desde hace unos dos años en una nueva trilogía titulada Estados Unidos: tierra de oportunidades. Dogville es la primera entrega de la serie. Ocurre en plena crisis del 29, cuenta las desgracias de una fugitiva que se somete a los habitantes de un caserío norteamericano a cambio de un lugar en donde esconderse y se inspira en el teatro despojado de Bertolt Brecht y en las fotos tomadas por el gobierno norteamericano de la época. Pero tal vez porque sucede en un lugar sin paredes, en un escenario dibujado en el suelo, resulta inevitable preguntarse qué pretende significar esta ficción. Semana: Los personajes y los escenarios dibujados en el suelo de Dogville parecen haber sido creados sólo para encarnar ciertos conceptos. ¿Es algo consciente? Lars von Trier: No, cuando comienzo a trabajar en un guión necesito partir de alguna fascinación que tiene que ver con la esencia de la historia que quiero contar, sí, pero no creo que mi acercamiento a mis obsesiones sea filosófico. Estoy seguro de que mis personajes pueden verse como encarnaciones de ideas, es posible interpretarlos como si fueran símbolos. Pero trato de no dejarme llevar mucho por el análisis cuando cuento una historia. Semana: Dogville está lleno de las contradicciones del protestantismo. ¿La historia podría ocurrir en cualquier lugar del planeta? L.V.T.: La simplificación de la que estamos hablando, la rusticidad del diseño de Dogville en parte pretende que nos concentremos en la historia y en sus personajes, pero también nos lleva a pensar que esos hechos podrían suceder en cualquier parte. Es totalmente cierto, además, que se trata de una película inspirada en los preceptos del protestantismo: vengo de un país fuertemente protestante y esas ideas sin duda han afectado toda mi vida. Semana: El reparto de Dogville sintetiza varias décadas de películas estadounidenses: ¿está al tanto de lo que está ocurriendo con el cine norteamericano? L.V.T.: El reparto representa una serie de películas que me han gustado siempre. Entiendo perfectamente por qué la composición del elenco puede convertirse en un comentario sobre el cine en los Estados Unidos, pero no era mi intención decir algo por medio de la elección de los intérpretes. Busqué el mejor grupo que se puede encontrar. Y pienso que lo obtuve. Y, aunque tuve que ver varias películas nuevas para elegirlo, no me atrevería a sacar conclusiones sobre el nuevo cine norteamericano. Puedo decir que he disfrutado Boogie Nights y Magnolia, de Paul Thomas Anderson. Semana: Sus últimas películas han dividido a los espectadores porque exponen a los personajes a una decadencia que parece innecesaria. L.V.T.: No sé si expongo innecesariamente a mis personajes, pero por supuesto creo que no lo hago nunca. Creo que en lo posible hay que llevar las cosas al extremo. Pero no sé qué tan necesario sea. Me parece que esta pregunta nos conduciría a qué tan amplios son los límites entre el buen gusto y el mal gusto. Y yo pienso que esa es una frontera abierta. Semana: ¿Cuál fue la fase más feliz de la filmación? L.V.T.: El mejor momento, el momento de todas las producciones en el que me siento aún en forma, es el de la escritura del guión. Pero lo mejor de hacer Dogville fue sin ninguna duda llegar a la sala de montaje. En cambio, la filmación fue realmente estresante. Filmar se ha convertido para mí en el momento menos emocionante del proceso. O eso ha ocurrido al menos las últimas veces. Creo que me estoy volviendo viejo. Bueno, sí, claro que lo soy. Y por eso la etapa de la filmación se ha vuelto extremadamente dura. Quizá sea también porque me he empeñado en controlar más y más cosas en mi vida. En cualquier caso, siempre que comienzo a trabajar en un proyecto lo hago con la esperanza de que esta será una filmación menos accidentada, pero por alguna razón nunca consigo ponerlo en práctica. Semana: Sus obras suelen ser favoritas en el Festival de Cannes. ¿Le preocupa la recepción de sus trabajos? L.V.T.: Cannes ha sido bueno conmigo pero no me atrevería a decir que mis películas sean favoritas del festival. A uno lo reciben de acuerdo con los resultados de la obra que presentó la última vez y a partir de ello decepciona o entusiasma. Me interesa la audiencia porque necesito dinero para financiar el siguiente proyecto. Por lo tanto debo comunicarme con algún público. Semana: Muchos espectadores se han salido de sus películas. ¿Cuáles filmes lo han obligado a salirse del teatro? L.V.T.: Recuerdo claramente haberme salido de Brazil, de Terry Gilliam, porque representa la clase de película que no soporto en absoluto. Pero, aclaro, no tiene nada que ver con la calidad de la producción. Es sólo algo que me pasa a mí como espectador. Y en todo caso reconozco que sólo dirijo películas de las que yo mismo me saldría.
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